La Revolución tiene derecho a defenderse, pero yo no

Foto con dos realidades por Juan Suárez

Esa por la que murieron miles de personas no es lo que tenemos hoy en día en Cuba, esa que defendieron nuestros padres y abuelos dista mucho de la realidad actual

Por Francisco Acevedo

HAVANA TIMES – Hace unos días, la Mesa Redonda, espacio televisivo oficialista que ocupa un espacio estelar de la parrilla (para quienes no estén al tanto), dedicó el programa a los estallidos sociales ocurridos en Cuba como consecuencia de los reiterados apagones y las estrecheces habituales el país.

Tranquilo, no era para darle a conocer al público lo que pasaba a su alrededor, sino, como era de esperarse, para amedrentar a las personas.

Allí compareció Ana María Hernández, Segunda Jefa de la Dirección de Comunicación Institucional de la Fiscalía General de la República, para decir que la Revolución tiene derecho a defenderse cuando es atacada.

Lo primero es utilizar el concepto de revolución, con todo lo que de telúrico tiene, para referirse a un proceso que está enquistado hace décadas y tiene menos movimiento que una tortuga, en lugar de referirse al Gobierno, que es lo que realmente representa la vilipendiada Revolución.

Esa por la que murieron miles de personas no es lo que tenemos hoy en día en Cuba, esa que defendieron nuestros padres y abuelos dista mucho de la realidad actual, en la que la elite de poder solamente pretende mantenerse por los siglos de los siglos.

De hecho, llegó allí por Decreto Divino, pues nadie votó por Miguel Díaz-Canel para que fuera presidente. Me atrevería a decir que si se hubiera postulado Raúl Castro hubiera tenido muchísimos votos a pesar de la sombra macabra que lo persigue, pero nadie conocía a Díaz-Canel, lo cual de alguna manera hasta le ayudaba.

Hoy no, ya todos sabemos perfectamente quien es, y esa persona capaz de mandar a enfrentarse a su propio pueblo mientras él huye con su caravana de blindados cada vez que lo increpan no obtendría más apoyo que el de las alimañas que se alimentan con sus sobras.

En la Mesa Redonda, su conductor, a quien no voy a evaluar con calificativos, dijo que las protestas buscan crear un estallido social para provocar un cambio del régimen social que “nosotros” hemos decidido tener, respaldado por la Constitución.

El nosotros y la Constitución es de por sí el argumento estrella, y millones de cubanos que votaron por el SÍ en aquella ocasión deben estarse lamentando todavía de haber cometido tamaño error. Habría que ver si ahora, solamente tres años después de aquello, y sin la envoltura de otros artículos que a este o aquel le pudieran favorecer, tiene verdadero respaldo.

Haría falta un Referendo para saber si realmente es eso lo que quiere la mayoría del pueblo cubano, pero no adornado con nada; no, solito. ¿Quieres seguir con el régimen vigente? Nada más. Entonces veríamos si en verdad tienen el apoyo que creen tener.

Ya el Código de las Familias les puso a temblar, porque fue aprobado por los pelos, precisamente porque mucha gente entendió que todo lo que vaya a las urnas es una patente de corso para que la dictadura siga en el poder.

Fue ratificado, es verdad, pero fue el ejercicio más claro de la polarización actual de la sociedad cubana, y de la toma de conciencia de millones de personas que ya no están dispuestas a repetir aquello de “pa lo que sea”.

Pero volviendo a la fiscal, hizo énfasis evidentemente en atentados contra servicios públicos y ya eso le parece suficiente, como ocurrió con hechos vandálicos ocurridos en julio del pasado año, para desacreditar completamente el justo reclamo de libertad de la inmensa mayoría de los protestantes.

“Cuba tiene todo el derecho del mundo a defenderse, como hacen todos los Estados”, así dijo, como si se tratara de una guerra y no de manifestaciones pacíficas (no incluyo los atentados, por supuesto), como ocurre en todos los países.

La propia Constitución, lo dijo precisamente el presidente del Tribunal Supremo Popular, Rubén Remigio Ferro, incluye el derecho a la manifestación, pero visto lo ocurrido ya deben estarse arrepintiendo de haber colocado esa línea en la Carta Magna, y como no la pueden cambiar, la ignoran olímpicamente.

Según ella, la Fiscalía lo que investiga son exclusivamente “actos típicos delictivos”, pero no explica que todo lo que vaya en contra de la dictadura clasifica en ese apartado, aunque sea una directa en tu canal de youtube.

También hizo hincapié en que los principales instigadores no están en Cuba, argumento llevado y traído constantemente para tildar de mercenarios a los que salen a reclamar sus derechos, según el discurso oficial confundidos por los mensajes de odio trasmitidos desde Miami fundamentalmente.

Nadie se para a pensar que el principal mensaje de odio fue aquel de Díaz-Canel el 11 de julio, del 2021, o que nadie tiene que pincharte cuando te has pasado la madrugada sin electricidad y tienes que ir al trabajo a la mañana siguiente y mandar a tus hijos a la escuela, o cuando la poca comida que conseguiste con una cola de horas o pagando precios exorbitantes ya sea de tu bolsillo o con remesas familiares se te echa a perder.

Es normal y tradicional que la dictadura utilice los sabotajes para brindar al mundo la imagen de víctima, y por eso personalmente estoy en contra de este tipo de actos, porque a la larga lo que hacen es darle elementos no solo para desacreditar a quienes los hacen, sino para dar escarmiento y amedrentar al resto, poniendo a todo el mundo en el mismo saco.

Obstaculizar las vías e impedir el tránsito vehicular y de las personas por las calles también es ilegal, según Hernández, aunque no cuando esto lo hace la policía para rodear a un grupo de manifestantes o impedir que disidentes lleguen a una reunión o evento (recordar el 15 de noviembre cuando Yunior García quiso salir con una temible rosa blanca en sus manos).

La abogada no se detuvo ahí, y solapadamente mencionó la participación de menores en este tipo de manifestaciones, para insistir en la responsabilidad de los padres respecto a ellos, pues, según ratificó el ya mencionado Código, su deber es proteger a sus hijos y no ponerlos en una situación de riesgo.

“En nuestro país los niños están colocados en una situación de privilegio”, dijo la señora y ya ahí mismo tuve que apagar el televisor, porque es el colmo decir eso cuando mis hijos tienen que ir a la escuela sin haber descansado lo suficiente por culpa de un apagón y sin la alimentación adecuada. Sin hablar de su recreación, prácticamente imposible para la mayoría de los padres por los deprimidos salarios y el alto costo de la vida.

También se olvida que la propia Revolución cita a niños y mujeres a actos de repudio, la mayoría de las veces incluso sin el consentimiento de los padres porque en ese momento supuestamente están en las escuelas.

Tampoco recuerda que miles de esos mismos niños se han infectado con el dengue por las pésimas condiciones de higiene en su entorno, con basureros en casi todas las esquinas, sin mosquitero para protegerse de los agentes trasmisores, y luego sin medicamentos para ser atendidos.

Tampoco la inseguridad que prolifera por los asaltos para arrebatar motos, cadenas, celulares, sin importar mucho edad, hora y lugar.

Entonces me pregunto, ¿por qué yo no tengo derecho a defenderme?

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