La papa “NO” se puede escoger

Por Rogelio Manuel Díaz Moreno

Orientaciones sobre la distribución de papas.

HAVANA TIMES — Muchas personas se devanan los sesos actualmente con la realidad cubana de una manera, digamos, pintoresca. Teorizan en base a categorías espirituales profundas, con palabras altisonantes e idealismos semejantes a los religiosos.

Mientras tanto, los problemas filosóficos más directos de la sociedad se revelan a flor de piel, con tanta contundencia y claridad como la venta de papas en un mercado. Claro, que estos últimos  no son tan elegantes ni su tratamiento ofrece tanto prestigio.

La popular vianda y su disponibilidad en Cuba han generado pasiones verdaderas. Su cadena de producción-comercialización-consumo está preñada de agudas contradicciones. En mi ignorancia, estoy convencido de que allí hay más chances de reconocer y aprender del marxismo que en las parrafadas de muchos parlanchines sobre las ideas y otros fenómenos etéreos. Aprendizaje que podría, debería, conducir a facilitar la ingeniería de las soluciones, digo yo.

Año tras año, la comercialización de ese alimento en los mercados cubanos despierta ansiedades varias. Aquí no se trata de las disquisiciones sobre la cultura del ser y la del tener; nadie se enturbia en el debate teórico de cómo ser rebelde obedientemente. Aquí se trata de si se podrá llevar a la mesa o no, para la próxima comida, un plato de papas. El tema es mucho más urgente, más profano. Y, aparentemente, mucho más sencillo.

La imagen que acompaña este material refleja las modas administrativas más recientes para “resolver” este problema. Las “soluciones” propuestas merecen un puesto destacado en un museo del costumbrismo kafkiano-cubano.

Para los no enterados, hace algunos años la papa era parte de los alimentos normados, la cartilla de racionamiento cubana o “libreta”. La libra costaba unos pocos centavos de la moneda cubana, lo que solo cubría una parte minoritaria del costo de producción. En un esfuerzo por eliminar el subsidio, el gobierno decidió subirle el precio a un peso (aproximadamente 5 centavos de dólar) y liberar su venta en el mercado.

Se haya cubierto o no el costo de producción, el caso es que la demanda superó inmediatamente  la oferta, con las subsiguientes consecuencias de desabastecimiento, acaparamiento y reventas. Aunque no retornó al viejo precio, ahora el tubérculo ha vuelto a venderse racionalmente, y con innovaciones como las vistas aquí.

Valoremos las novedades y sus consecuencias. Que la cantidad que le corresponde al núcleo familiar no pueda dividirse, significa que hay que llevarse toda la que le toque, de una vez. En un hogar de este país no es extraño que convivan 3 generaciones y 6, 7 o más personas.

También con frecuencia, la persona disponible para los mandados –en los horarios de funcionamiento de esos mercados de moneda nacional– es de la tercera edad. Mejor que sea un viejito o viejita bien resistente, entonces, para que pueda acarrear las varias decenas de libras que le corresponde hasta su casa.

Una cola para comprar papas.  Foto: Juan Suárez

Y la guinda del pastel es que ese producto –y el cartel lo enfatiza de una manera magnífica– “NO” se puede escoger. Llévese… la que le den. La que quiera el vendedor ponerle en su jaba. Sea grande, mediana o chiquita, esté verde o podrida. ¿Qué se ha creído, compañero/a consumidor/a? ¿Acaso usted puede escoger el tipo de escuela al que irá su descendencia? ¿O la compañía que le provee servicios de telecomunicaciones? ¿Acaso queda alguien que recuerde haber escogido al alcalde de su pueblo, su jefatura en el trabajo, la presidencia de la República? Como tampoco se puede escoger el combustible para cocinar ni qué tipo de ceremonia religiosa se ve por el televisor.

Camarada, ¡usted tampoco escoge al Papa y nunca le hemos visto protestar! Entonces, no sea incongruente, no quiera elegir la papa. Y agradezca la que tenga, por ser residente legal de la capital del país, que, según me juran y perjuran mis colegas del trabajo originarios de las provincias orientales, allá no ha llegado en los últimos tiempos ninguna, más que las del mercado negro.

Esa manera de “distribuir” ofrece a cualquiera, oportunidades gratis para enfatizar los absurdos que se viven aquí. A estas alturas de la contienda ideológica, el bando de “allá” no tiene ni que esforzarse para que en las mentes de las personas afectadas se refuerce la creencia de que, en el “otro” sistema, no se pasa tanto trabajo.

Estos problemas tan profanos de la papa, influyen los corazones y las mentes más que cualquier campaña. Pero no ocupan a ningún filósofo oficialista, de esos que se explayan sobre las banderas en los bicitaxis y la influencia de las redes sociales en una población escasa de Internet.

A lo más que puede aspirarse, es a que se reflejen en algún espacio como los del tipo Cuba dice. Ese tipo de espacios tratan –previa autorización de autoridades superiores–  algunas preocupaciones populares. Aquí pueden encontrarse, de hecho, opiniones, demandas y acaloramiento, pero producen pocas nueces.

La discusión sobre este asunto continuará, centrada en si se distribuye liberada o racionada, subvencionada o no. En cómo se despacha en un mercado u otro y cuánto le roba el comerciante de la tarima al cliente. Cada año que pase, medidas administrativas añadirán salsas surrealistas nuevas a la papa que llevamos al plato. Porque los intentos de enfrentar los problemas a partir de premisas equivocadas, conducen a resultados pobres. Y las peores equivocaciones se cometen una y otra vez, por ignorancia del marxismo básico, indolencia u oportunismo, vaya usted a saber.

El quid, la base principal de un proyecto socialista, que determina su diferencia respecto al capitalista, no se basa en la distribución, como es a la vez sabido e ignorado. Se encuentra en la producción. No existe el cuestionamiento del tipo de propiedad de las empresas agropecuarias cubanas que producen la papa. La clase campesina y los obreros agropecuarios son requeridos, solamente, para sostener a las jerarquías burocráticas del Gobierno que campean en el ministerio correspondiente. No se hurga en las limitaciones del empleo del trabajo asalariado ni para cosechar un alimento particular ni para el modelo social en general.

De este modo, será muy difícil arreglar –como tantos otros– el problema cubano con la papa.

21 thoughts on “La papa “NO” se puede escoger

  • Jajaja…es solo una frase hecha..Dejémoslo entonces en puro llanto, sólo con lágrimas…

  • se le pego lo del moco ?? O es iniciativa suya ??

  • Pues entonces, llora, José Darío, llora a moco tendido…(Con un bolero de Orlando Contreras como acompañamiento musical)…

  • Isidro : yo se lo que es la cultura de alcohol de 90,del sexo loco, de tirar a mierda, de mentir, etc, etc…por eso no me gusta tu adorado Sistema !!Hay cosas para reir y cosas que no…Solo eso !!

  • Que los venezolanos vean que es lo que esta copiando Maduro y el chavismo.

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