La música y cuando Chile se hace mundo

Tanto “Gracias a la vida” como “El pueblo unido” vienen del siglo pasado, de una historia grabada en la memoria de los chilenos para siempre y que repercutió en todo el mundo. “El violador eres tú” da cuenta de un grito contenido por décadas (o siglos) que ya reclamaba su tiempo. Son música de tres momentos.

Por Fernando Reyes Matta (El Mostrador)

HAVANA TIMES – No hay por qué negarlo: oír a esas muchachas de la Escuela de Música de Teherán cantando sus verdades y luchas con la música de “El pueblo unido” me llenó los ojos de lágrimas. Sí, la letra era otra, más propia, más determinada por ese despertar de una juventud que frente a los ayatolas y sus persecuciones de extremismo religioso dicen ¡basta!

Pero rescatan allí la música de Sergio Ortega, ya tan universal, para decir lo suyo. Es una transfiguración que, en cierta forma, enorgullece. Para nosotros aquella frase esencial sigue tan vigente como en esos tiempos donde nació, bajo inspiración de los Quilapayún: sin unidad no es posible lograr transformaciones profundas que cambien la vida de las grandes mayorías. Y no es posible crear barreras suficientes frente a poderes autoritarios extremos.

Pero cabe una pregunta: ¿por qué y cómo aquellas muchachas y sus compañeros eligieron esos compases nacidos en Chile hace cincuenta años? Tal vez porque cuando se necesita dar el grito de lo propio, de la lucha en tu espacio esencial, llega oportuna aquella música que ya se hizo parte de tu emocionalidad y tus valores. La humanidad ha sabido globalizar simbologías para avanzar por cauces de justicia. Y ahí está el ejemplo de esta canción-himno. Como dicen diversas fuentes, la frase “El pueblo unido jamás será vencido” se usa textualmente, o con variantes, en manifestaciones y protestas masivas en distintos países del mundo.

En Grecia, cuando emerge la Coalición de Izquierda, SYRIZA, esa música, con vibrante texto en griego, se convirtió en referencia de su propuesta​ por años, hasta hoy. Desde otra mirada política, pero siempre luchando contra la opresión, es el himno que cantaron en la Revolución Naranja en Ucrania (2004), en la Revolución tunecina (2011) y la Revolución egipcia (2011). Y hay versiones en sueco, en finlandés, en inglés y francés, por cierto, y en tantas otras que ni se sabe.

Pero desde esta circunstancia, motivada por lo registrado en Irán con “El pueblo unido”, la mirada más amplia nos trae al escenario otros dos ejemplos tan presentes en el mundo como ese: “Gracias a la vida” y “El violador eres tú”. Distintas instancias, distintos contenidos, distintos momentos. Pero iguales en la dimensión de la trascendencia. Van más allá, interpretan a muchos, sintetizan lo aún no anudado como un todo. En los tres casos, una creatividad desde Chile capaz de convertirse en global, a partir de ser “conciencia de época”.

Es Violeta Parra, pocos meses antes de una depresión que la lleva a la muerte, la que dimensiona el sentido profundo de la vida y la determinante del amor en ello, para culminar diciendo: “Gracias a la vida que me ha dado tanto. Me ha dado la risa y me ha dado el llanto. Así yo distingo dicha de quebranto, los dos materiales que forman mi canto. Y el canto de ustedes que es el mismo canto, y el canto de todos que es mi propio canto”.

Es esa última frase, en especial, la que marca el devenir de esa canción: canto de todos que se hace uno. Y así la cantan Joan Báez y la jazzista Cécile McLorin Salvant en Estados Unidos, Ana Belén en España, o la finlandesa Arja Saijonmaa, que la grabó en su idioma y en sueco junto con Inti-Illimani, por señalar las múltiples versiones donde también entran estilos tan distintos como los de Chavela Vargas o Plácido Domingo. Y recientemente hemos conocido la versión en chino, en una versión conmovedora de un grupo universitario.

Con “El violador eres tú” el fenómeno es distinto, pero tiene la fuerza de captar el sentir de los tiempos, de hacer concreto y explícito lo que estaba en el aire. Es cierto que ya Alyssa Milano había dicho: “Si todas las mujeres que alguna vez fueron acosadas o agredidas sexualmente escribieran ‘Yo también’ (Me too), como un gran estado, entonces daríamos a las personas una idea de la magnitud del problema”. Y otras, como ella, venían marcando la senda. Era un movimiento que como un estallido había cruzado fronteras desde las redes sociales. Surgió en octubre de 2017 para denunciar la agresión sexual y el acoso sexual, luego de las acusaciones de abuso sexual contra el productor de cine norteamericano Harvey Weinstein. Cuando se crea el hashtag con las dos palabras pronto se extendió a más de 85 países, como Francia, Pakistán, Reino Unido, Filipinas, España y muchos otros.

El impacto fue grande, pero faltaba algo. Y ese algo vino desde Valparaíso, de un grupo de cuatro jóvenes feministas, y ya sabemos cómo se extendió.

La BBC de Londres lo dijo así en noviembre de 2019: “En Plaza Italia, el epicentro de las protestas que sacuden a Santiago de Chile, y en varios puntos de la ciudad sudamericana, cientos de mujeres con los ojos vendados coreaban a gritos un himno que está dando la vuelta al mundo. ‘El patriarcado es un juez que nos juzga por nacer y nuestro castigo es la violencia que no ves´, dice su primera estrofa, compuesta por el colectivo LasTesis, de Valparaíso, a 120 kilómetros de la capital chilena. Del otro lado del Atlántico, a más de 10.000 kilómetros de distancia, otro grupo de mujeres representaba la misma coreografía frente a la Torre Eiffel de París, esta vez en francés”.

Esa creación, donde la actuación, la música y una letra denunciante hacen un todo, impulsó a mujeres de todo el mundo a realizar videos alusivos al presentado por las jóvenes chilenas, generando una ola mundial de reflexión. Fue interpretada por primera vez en Valparaíso, específicamente en la plaza Aníbal Pinto, en la plaza Victoria y frente a la Segunda Comisaría de Carabineros de Chile, el 20 de noviembre de 2019.  Pocos días después fueron 2000 mujeres las que realizaron la performance en Santiago como parte del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Esta vez la presentación fue grabada en video y se viralizó por todas las redes sociales.

En Internet hay múltiples ejemplos de lo ocurrido con la creación de LasTesis, pero dos ilustran el alcance de su impacto. En Turquía, solo dos semanas después de la presentación en Chile, siete activistas fueron detenidas en Estambul tras hacer su propio registro en un sitio público. Fueron acusadas por la fiscalía turca de “ofensa al Estado” por cantar “el violador eres tú, el asesino eres tú, son los pacos, los jueces, el Estado, el Presidente”. Ante lo ocurrido, un grupo de diputadas entonó la canción en la Asamblea Nacional de Turquía, mientras otro grupo mostraba fotografías de mujeres asesinadas por sus parejas. Con valentía, cientos de mujeres volvieron a intentarlo en la Plaza Bósforo de Estambul: la policía prefirió no intervenir.

En la India había ejemplos concretos de violaciones recientes. Una joven veterinaria había sido violada en grupo y después asesinada, mientras en otro caso una muchacha era asesinada cuando iba a hacer la denuncia y tras su muerte quemada con gasolina. Allí la letra tomó fuerza propia en hindi: “En el nombre de la casta, en el nombre de la religión, desaparecemos, somos explotadas, llevamos la peor parte de la violación y la violencia en nuestros cuerpos”.

Tanto “Gracias a la vida” como “El pueblo unido” vienen del siglo pasado, de una historia grabada en la memoria de los chilenos para siempre y que repercutió en todo el mundo. “El violador eres tú” da cuenta de un grito contenido por décadas (o siglos) que ya reclamaba su tiempo. Son música de tres momentos. Y, sin embargo, configuran una hoja de ruta del quehacer sociopolítico que nos resulta de toda claridad, si lo leemos en sentido inverso.

Primero, tomar conciencia del todo, de aquello que gracias a la vida tenemos, para imaginar futuro. Segundo, saber que solo con la unidad, con la unidad de consensos y amplitudes, la historia avanza en favor de los postergados. Tercero, hacerlo sin miedo, con texto contundente, iluminado por verdades indesmentibles que reclaman justicia y un Estado nuevo, solidario y humano. La fórmula está ahí, en esas tres canciones de alcance mundial.

Por algo será que están donde están. Ayer, naciendo en Chile décadas atrás o en años recientes. Hoy, siendo parte de la lucha valiente de unas muchachas en Irán.

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