La Habana para todos los cubanos

Ernesto Pérez Chang

Guantanamo
Guantanamo. Foto: Caridad

HAVANA TIMES — El camión se detiene en una esquina del parque. Por la matrícula, todos saben que ha llegado de La Habana. Porque lo han visto otras veces, rompen el letargo de las tardes provincianas y se aproximan con rapidez. Son cerca de las cuatro de la tarde en Guantánamo, en el extremo oriental de Cuba.

El parque está lleno de gente que conversa y de niños que juegan. Algunos hombres solo esperan. Llevan horas aguardando la llegada de ese camión que desde hace tiempo cumple con la rutina de aparecer los mismos días del mes y a la misma hora.

El vehículo pertenece a una empresa constructora de La Habana que regularmente necesita de mano de obra no especializada, de obreros que realicen el trabajo duro y mal remunerado que ya los habaneros no aceptan hacer porque saben que el mercado negro en la capital, tal vez la única forma de comercio efectiva y asequible para la mayoría de los ciudadanos, rinde mejores ganancias que más de diez horas de trabajo a pleno sol.

Las leyes que regulan las migraciones internas en Cuba, prohíben que una persona que vive en el Oriente cubano se establezca de modo permanente en La Habana. Aquí, la estancia de un oriental o “palestino” —como les llaman debido a las restricciones y a lo azaroso de sus vidas— no puede sobrepasar las 72 horas, si no se arriesga a ser deportado a su lugar de origen y bajo las peores condiciones.

A los llamados “palestinos” se les segrega y humilla con tales medidas de control. No es difícil presenciar en cualquier esquina la escena aborrecible de un policía que detiene a uno de esos ciudadanos de segunda. Suelen ser reconocibles por el modo de hablar tan peculiar o por sus rasgos físicos, sobre todo por el color de la piel, mucho más oscura.

Se les solicita el carnet, también el boleto de viaje para comprobar el tiempo de permanencia y, cuando existe, el documento “transitorio”, una especie de tarjeta concedida por las oficinas de registro de identidad del Ministerio del Interior.

Trabajando en La Habana
Trabajando en La Habana

En ellas se autoriza un periodo de residencia de solo seis meses para aquellos a quienes alguien —tal vez mediante pago o acuerdo misterioso y pocas veces por generosidad— les ofrezca un espacio donde vivir siempre que los funcionarios de vivienda lo certifiquen mediante inspecciones.

Estos procedimientos suelen propiciar abusos, extorsiones, chantajes de todo tipo. De no contar con los papeles en regla, la persona es detenida, esposada y conducida a centros de retención donde permanecen en condiciones pésimas por varios días hasta que son embarcados por ferrocarril, en vagones controlados por las autoridades.

Para evitar ese círculo de ignominia, por una parte, y de corrupción burocrática que ronda y penetra los trámites legales, por la otra, los orientales prefieren ser contratados por una empresa habanera.

Hasta un año pudiera prorrogarse el permiso si la persona ha sido aceptada en algún grupo de trabajo con capacidad para ofrecerlo a gente de otro lugar.

Solo los habitantes de Santiago, Holguín, Guantánamo, Granma, Las Tunas y demás provincias, excepto Pinar del Rio y Matanzas, pueden sentir la burla de ese eslogan que, a la entrada de la capital, les anuncia que “La Habana es de todos los cubanos”.

Las oportunidades de trabajo en sus territorios no abundan y, de haberlas, el salario, rayano en el absurdo, no resuelve las penurias de sus vidas. Trabajar y vivir en La Habana por un tiempo será un alivio bajo la forma de una apuesta por la más elemental sobrevida.

Habrán triunfado si la suerte los conduce a un empleo mejor, o a encontrar una pareja con residencia fija o a insertarse en ese comercio paralelo e ilegal imposible de controlar por las autoridades, debido a los niveles de corrupción de los funcionarios  y a la profundidad y extensión del fenómeno.

Escena común en La Habana.
Escena común en La Habana.

La Habana es una ciudad conformada por decenas de capas de ilegitimidades no superpuestas sino intrincadas, donde solo un par de ellas se hace visible en el discurso oficial. Son demasiado irreales los barnices para que la gente crea en ellos.

Las otras capas, a veces expuestas, a veces duramente profundas y hasta con leyes propias que las controlan, son el terreno donde transcurre la vida de más del noventa por ciento de la sociedad.

En esos intersticios no oficiales es donde el ciudadano común puede encontrar una posibilidad de subsistir acorde con lo que gana y con lo que se permite soñar, aunque siempre con los pies bien hundidos en la tierra.

Así, todos, palestinos o no, comprendemos la importancia de establecerse en La Habana y no alejarse de su centro jamás, de modo que arriesgarse a venir o quedarse, es el dilema central en la vida de muchos cubanos.

Cuando el camión de la empresa constructora se detiene en el parque de Guantánamo o en cualquier otro, son muchos los hombres que extienden la mano para hacerse de un contrato, el que sea.

No importan las horas de trabajo, ni pasar jornadas alejados de sus familias, ni dormir en albergues oscuros entre hombres sudorosos y entregados al alcohol que les alivia quién sabe cuáles melancolías o pesadumbres.

Al subir a ese camión con matrícula de La Habana, ellos, cansados de hundirse en el letargo provinciano, tal vez comenzarán el viaje de la sobrevida.


15 thoughts on “La Habana para todos los cubanos

  • el 3 febrero, 2014 a las 5:17 pm
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    sangre de carnero Ana

  • el 2 febrero, 2014 a las 11:12 am
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    que espanto!! que no puedas transitar libremente por tu país, es lógico que si en tu provincia no hay trabajo vayas a otra a buscarlo,,,,,,,que te deporten?? dios mío,,,,,siempre me pregunto lo mismo, si la represión es tan fuerte que no hacen nada los cubanos para terminar con esto o es la comodidad??

  • el 30 enero, 2014 a las 6:20 pm
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    Exactamente, a los palestinos castro que los manden pa Biran! , no faltaba mas..

  • el 30 enero, 2014 a las 7:38 am
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    Excelente artículo, Ernesto.
    Felicidades.

  • el 30 enero, 2014 a las 7:17 am
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    Tienes razon la Habana es de todos los cubanos como los cubanos tienen el derecho de vivir en cualquiera provincia de Cuba, pedir el carnet solo para poder darle una pata en el culo a uno de Guantanamo es una humillacion y una falta de respeto, lo unico que falta es que los orientales cuando estan en la Habana se pongan una estrella amarilla en la camisa y pueden caminar solamente en los ghetos, recuerdo a los politicos cubanos que la mayoria de ellos no nacieron en la Habana los habaneros doc pueden empezar a pedirles el carnet y mandarles con una buena pata en las nalgas al lugar donde nacieron

  • el 30 enero, 2014 a las 4:16 am
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    Eduardo la foto para mi esta clara el policia tambien es oriental o sea quien los reprime en la Habana, quien les pide los “documentos” pudiera ser algun amigo de la infancia, eso es lo mismo que los nazis hacian en los campos de concentracion donde, tenian judios que jodian a los otros judios.

  • el 30 enero, 2014 a las 3:18 am
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    Si entiendo bien, ¿tu preocupación es por el gasto absurdo de ir a buscar gente tan lejos?

    ¡Una preocupación ambientalista!

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