La ayuda internacional a Cuba y su impacto

entre un soporte vital para el régimen y un alivio humanitario para la población

Ayuda humanitaria llegando a Cuba

Por Germán Quintero

HAVANA TIMES – Recientemente, el régimen cubano ha manifestado en instancias internacionales y por medios de comunicación que requiere urgentemente una ayuda humanitaria debido a la escasez de insumos médicos y alimentos en la Isla.

La semana pasada, Cyril Ramaphosa, presidente de Sudáfrica, dijo que iba a donar 50 millones de Rands (un poco más de USD 3,2 millones) en alimentos y medicinas y que no iba a entregar dinero. Esta semana la Corte de Justicia de Sudáfrica, ubicada en Pretoria, bloqueó el apoyo humanitario que ofreció Ramaphosa, aduciendo a que esta ayuda no obedecía a criterios humanitarios sino políticos.

Sin querer darle la razón a la corte, el Partido Comunista sudafricano está presionando para que esta ayuda llegue a su destino. Los argumentos de la alta corte en Pretoria aducen a que la supuesta ayuda humanitaria obedece a una situación política en lugar de una justificación legal.

Mientras tanto, el 20 de abril de este año, llegó un cargamento a Cuba de cerca de 19 mil toneladas de trigo provenientes de Rusia en calidad de ayuda humanitaria. Los portavoces oficiales de Rusia indicaron que este cargamento forma parte del apoyo histórico que ofrece este país a la isla, y que la demora de este cargamento, que llevaba un mes de retraso, se debe a las dificultades a las que se enfrentan a la hora de pagarle a los transportistas. Las sanciones económicas impuestas a Rusia han hecho que las transferencias por medio de la banca internacional sean imposibles (principalmente, debido al bloqueo de los códigos Swift). Las restricciones aéreas y marítimas impuestas a Rusia a raíz de la invasión a Ucrania contribuyen a los retrasos en materia de ayuda humanitaria.

Además de Rusia y Sudáfrica, Cuba cuenta con el apoyo humanitario de Vietnam, Japón, México y Nicaragua, entre otros. Venezuela, uno de los más importantes aliados en materia de suministros y subsidios del régimen de los Castro, aun padeciendo sus propias dificultades, ha logrado hacer llegar cientos de miles de barriles de diésel a la isla. La ayuda humanitaria en Cuba ha sido histórica y prolongada, si se incluye su estratégica relación con la URSS desde los 60, reforzada después de la crisis de los misiles.

Su relación de dependencia con terceros no solo afecta a la capacidad del crecimiento económico, no se ha traducido en un bienestar para la población en general.  Actualmente la ayuda humanitaria que llega de diversas partes del mundo, proveniente de actores estatales y privados, algunos de ellos con genuino corazón humanitario y otros con una clara agenda política.

Sin embargo, siempre hay dificultades de una distribución equitativa. En todo caso, en la Cuba revolucionaria, a sus tiernos 63 años, a la ciudadanía le toca, como diría el ilustrador Juan Padrón, “a lo pobre”.

Y no todo lo explican las sanciones económicas, ni la pandemia, ni la guerra en Ucrania. Cuba cuenta, en el papel y en la realidad, con una robusta infraestructura de distribución. El aparato burocrático del Ministerio de Comercio Interior tiene a su cargo “más de 12,000 bodegas y otros miles de carnicerías, pescaderías, lecherías y panaderías”.

Asimismo, establecimientos avalados por el estado, como Tiendas Caribe y CIMEX, tienen miles de establecimientos dedicados al comercio al detalle de diferentes productos. Es evidente, tal como lo denuncia Rafaela Cruz en una columna publicada en Diario de Cuba -de la cual se extraen estos datos-, que los canales y medios de distribución están bien establecidos y coordinados dada la centralización que tiene esta cadena de distribución. La cadena de distribución y el monopolio de alimentos permiten que en Cuba el régimen mantenga el poder por medio de la limitación de acción de sus ciudadanos que gastan horas, jornadas completas a veces, al rayo del sol caribeño a la espera de poder conseguir un poco de pollo.

Cubanos en una cola de todos los días.

Ahora bien, con algo de ingenio y un poco de orden, un fenómeno como el de los coleros que buscan acaparar y los revendedores del mercado ilegal, se podría controlar si el régimen pusiera un poco de seso al asunto. Sin embargo, la reventa, la inflación, las colas y los coleros son parte de un desorden que cuenta con el beneplácito del régimen: la arbitrariedad del alimento y la incertidumbre permiten ejercer un control eficaz sobre la población, mientras que unos miembros del régimen se pueden echar unos pesos al bolsillo.

Esta distribución arbitraria e inequitativa conduce a que la gente espere: la incertidumbre de no saber si llegará tal o cual alimento, sí alcanzarán a conseguirlo después de una cola de horas. A falta de alternativas en un mercado de libre acceso a los bienes de primera necesidad, las personas se ven en la necesidad de hacer las colas, aunque ello no garantice que van a obtener lo que están buscando. Esta arbitrariedad es la manifestación del ejercicio de la dominación por medio la espera.

Esto invita a repensar el papel de la ayuda humanitaria y al diagnóstico de la situación de alimentos en Cuba. En primer lugar, los precios de los alimentos y de los insumos para la producción agrícola -a nivel internacional- aumentaron y posiblemente mantengan un alza, debido a la modificación de la demanda que se genera a raíz de la situación de conflicto en Ucrania: debido a las sanciones impuestas a Rusia y a la especulación de los futuros de los cereales, los precios se disparan. De igual manera, la inflación a nivel mundial agrava esta situación.

En segundo lugar, producto de la situación mundial, la situación de dependencia que Cuba tiene de los productos del mercado ruso limita la llegada de este importante socio comercial y de sus ayudas humanitarias. Cuba no logra recuperarse de la situación económica del 2021. Los signos de escasez aumentan en la medida en que los productos racionados se ven cada vez más limitada y que la distribución se comienza a “racionar” más.

Por último, las declaraciones políticas de ciertas ayudas humanitarias no hacen sino reforzar el estatus del régimen y su legitimidad ante la comunidad internacional. La mísera distribución de alimentos por parte del régimen no se ve como una falla administrativa, sino que se vende como un acto de “heroísmo humanista”. Las ayudas humanitarias que se dan con la genuina intención de ayudar a la población sumida en una crisis económica, alimentaria y sanitaria, se confunden con las otras que buscan mantener al régimen como un aliado estratégico.

La ayuda humanitaria, bajo esta perspectiva, funciona a la vez como un alivio para la población cubana y el soporte vital para el régimen. El primer receptor del diésel, el trigo, el arroz, los 3 millones de USD en comida y medicinas, el pollo proveniente de Estados Unidos, etc., es el régimen. Es este quien recibe toda la ayuda y, por medio de sus órganos de gobierno, destina una parte importante al turismo -hoy por hoy la gallina de los huevos de oro.

Luego de abastecer suficientemente este importante sector, el MINCIT y sus tiendas, barajan los alimentos para la Habana, Matanzas, Cienfuegos, Camagüey, Sancti Spíritus, Pinar del Río, y todas las demás provincias de manera inequitativa. Las provincias orientales, como Holguín, La Tunas, Granma y Guantánamo suelen recibir menor calidad de alimentos o sustitutos de los productos racionados, tal como pasó el mes pasado cuando recibieron chícharos en lugar de frijoles.

En fin, las ayudas humanitarias pasan a ser la despensa que el Régimen granea para generar miseria. En lugar de darle alivio a la población y mejorarle la calidad de vida, la ayuda humanitaria es una línea de vida que, tristemente, ayuda a perpetuar esta cadena de miseria.

*Director Ejecutivo, Food Monitor Program

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One thought on “La ayuda internacional a Cuba y su impacto

  • Lecherías y carnicerías?????

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