Individualismo morboso

Haroldo Dilla Alfonso*

Motores "ladrones de agua". Foto: Carlos Garcia Pleyan

HAVANA TIMES — Con un lenguaje muy directo, como para ser entendido por mujiks y cosacos, Lenin decía que una situación revolucionaria ocurría cuando los de arriba no pueden y los de abajo no quieren.

Imagen que siempre me recordó a una violación fallida, pero que en esencia apunta a describir un momento de vuelco histórico en que cambia la correlación de fuerzas políticas en una sociedad concreta.

Evidentemente en Cuba no hay nada parecido a esto. Pues si bien es cierto que los de arriba no pueden hacer las cosas como siempre las hicieron, aún tienen energías para mantenerse arriba. Y los de abajo al parecer no quieren, pero no están seguros de qué quieren.

Cuando esto sucede, decía Antonio Gramsci, las sociedades afrontan crisis orgánicas caracterizadas por la emergencia de los “más diversos fenómenos morbosos”.

La nuestra lo está viviendo. Un ejemplo de ello es la emergencia de un individualismo insano, irresponsable de lo que ocurre más allá del corral familiar, y que se complementa con un discurso tecnocrático no menos irresponsable que habla de perdedores y ganadores.

Una situación paradójica en un sistema que se ha esmerado en presentar lo colectivo por encima y aplastando a lo individual. En el que los individuos han terminado escapando del colectivismo forzado, pero incapaces de ensayar voluntariamente un asociacionismo siquiera elemental.

Y no es un resultado aleatorio o inesperado: como parte de su estrategia de dominación social, la élite postrevolucionaria se ha encargado de educar a los cubanos en la mala idea de que las colectividades solo sirven para comunicarse con un nivel superior y que solo existen en la medida en que eran parte de una estructura vertical de ordeno y mando.

Fuera de este verticalismo nada existía que valiera la pena. Y nada podía existir que no estuviera expuesto a la represión.

Las posibilidades de interactuar horizontalmente, de tener iniciativas fuera del medio oficial —aunque fuese una consigna obrerista para el primero de mayo— y de asociarse libremente eran (y son) consideradas disruptivas y punibles.

Los espacios públicos habaneros más genuinos —por ejemplo, aquellos en que la gente interactúa libremente, socializan y constituyen comunidades para ciertos fines— funcionan como guetos tolerados y controlados a lo largo del malecón, en las grandes avenidas del Vedado o en los parques públicos.

Y por consiguiente como antros anómalos a los que concurren “gente rara” —gays, freakies, góticos, lesbianas, emos, disidentes, críticos, artistas y librepensadores— separados de la “gente normal” por una frontera siempre custodiada por un policía “amigo”.

Atardecer en La Habana.

Los otros, los espacios públicos oficiales, son en realidad “no-lugares” a donde la gente va para algo específico y se marchan cuanto antes. Como lo harían en una terminal de ómnibus. Es el caso de la inhóspita Plaza de la Revolución. O del Protestódromo, un lugar francamente macabro construido sobre las ruinas de un exquisito conjunto diseñado por Forestier hace casi un siglo.

Es un problema que no solo atañe a la posibilidad de hacer política, sino también a cuestiones de la vida cotidiana.
Hace unos días recibí una información de una amiga —una casi “ganadora” que se inserta en la clase media emergente— acerca de la calamitosa situación del agua en su edificio de apartamentos en los linderos de Miramar.

Una situación que parte del pobre suministro, pero que se agudiza por el hecho de que los vecinos, incapaces de reunirse y ponerse de acuerdo, han ido colocando “ladrones de agua” en cada apartamento, lo que origina una situación de total privación para la mitad de los vecinos que ahora no reciben el líquido.

Y esta misma amiga, con una niña en edad escolar temprana, ya prepara su presupuesto para pagar un repasador como única manera de compensar el empobrecimiento del sistema educacional cubano.

Luego reviso Havana Times  y encuentro un artículo del agudo Erasmo Calzadilla, sobre una joven discapacitada —Mercedes— que debe vivir y criar a su hijo con el equivalente de diez dólares que el Estado le da como asistencia, con un técnico medio pero que no encuentra trabajo por su estado físico, que vive en una casucha con otras 16 personas y cuyas botas ortopédicas imprescindibles para moverse cuestan 40 dólares o cuatro años de espera.

Mercedes —una típica perdedora de nuestros adorados tecnócratas— no ve salida a su situación, más aún cuando afirma que la corrupción en la dirección de la vivienda es tal que aunque están obligados a suministrar dos casas anuales para discapacitados, nunca lo han hecho porque las venden. Y la ACLIFIM que debe reclamar, no hace nada.

Yo vivo en un país liberal (Republica Dominicana) entre cuyas muchas virtudes no está un alto nivel de civilidad democrática ni de sociabilidad. Pero en el edificio en que habito existe un consejo de vecinos para tomar decisiones que afectan a todos sus habitantes, lo cual funciona efectivamente.

Y la sociedad ha tomado en sus manos una lucha incesante por la mejoría en la educación, y cuando existen problemas en alguna escuela es normal que los padres y los alumnos se movilicen con relación al tema.

Formen coaliciones de padres, alumnos, maestros y activistas que exigen una mejor educación en la calle, y piquetean frente al parlamento. Pero mi amiga, y otros muchos padres defraudados nunca podrían hacerlo en Cuba.

Hace muy poco tiempo leí cómo centenares de discapacitados motores tomaron una plaza pública céntrica en una capital sudamericana y obligaron al Gobierno a revisar sus políticas de pensiones.
Sencillamente convirtieron sus fragilidades físicas en fortalezas en un escenario público.

Pero Mercedes —y las cientos de personas que se hallan en su condición— no pueden hacerlo, porque la ACLIFIM es una organización controlada verticalmente y asistencialista, cuya dirección jamás pensaría en tomar una plaza pública. Y si lo piensa dejaría ipso facto de ser dirección.

Vendedor de periódicos.

Por eso cuando —en el mayor gesto de cinismo— los dirigentes cubanos y sus blogueros mal pagados comenzaron a denunciar el paternalismo y a los pichones-con-el-pico-abierto, los cubanos y cubanas no han tenido otra opción que comenzar a resolver individualmente, por pura cuenta propia, todos los problemas.

Incluso aquellos problemas elementales que requieren un mínimo de concertación. Es como una sociedad en desbandada en que el recuerdo de lo colectivo huele a imposición y obligación. En que los que pueden se apuran a tomar el tren —como mi amiga que ya instaló su ladrón de agua— y los que no pueden, mueren en vida en una casucha con otras 16 personas como Mercedes.

Creo sinceramente que entre las responsabilidades históricas por las que tendrá que responder la élite política postrevolucionaria está haber disuelto el sentido de asociación como principio constitutivo de la ciudadanía.

Haber destruido la riqueza de una sociedad civil que agrupó asociaciones de todas las naturalezas. Y haber retrotraído a este drama de atomización y banalidad toda la riqueza histórica de la sociedad nacional.

Reconstruir ese tejido debe ser, por la misma razón, una prioridad democrática para la República del futuro.
—–
(*) Publicado originalmente en Cubaencuentro.com.


8 thoughts on “Individualismo morboso

  • el 14 junio, 2012 a las 10:26 am
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    Julio:
    Te comento más o menos lo mismo que ya le dije a Jezfran. Y agrego que no creo que haya justificación para volver el rostro cuando tenemos delante casos como estos. A mi entender, dar ese paso en apoyo a Mercedes (o a quien sea que se presente) es la mejor forma de contrarrestar ese egoísmo que mencionas.

  • el 14 junio, 2012 a las 10:20 am
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    Desde luego que lo sé, Jezfran, tengo familia en Cuba, y en buena medida dependen de lo que puedo enviarles. También estoy consciente de que hay varias Mercedes en la isla. Pero, desde mi punto de vista, de lo que se trata aquí es no sólo de dar apoyo material a un caso específico, sino de partir de él para fomentar una práctica que alguna vez fue común entre nuestra población, cuando estaba el pobre en las cuatro esquinas. No creo que hoy la cosa esté tan grave como en aquel entonces. No aún, pues al menos no te mueres a la puerta de un hospital. Pero si la situación se deteriora más de lo que está, ¿dónde quedará nuestra compasión por el más débil? ¿Por qué no retomar ya el hábito de antaño si las circunstancias lo demandan nuevamente? ¿Debemos esperar a que el Gobierno o la Iglesia en exclusiva sean los que tiendan la mano al desposeído? ¿Qué civilidad podrá labrarse en Cuba sin tener entre sus sustratos la solidaridad entre cubanos, sobre todo hacía los de menos fortuna? ¿Sucumbiremos al egoísmo ciego? ¿Al pragmatismo trasmutado en indolencia hacia el que sufre sin esperanza? Preguntas como éstas son las me han desvelado muchas veces, y tratando de responderlas coloqué mi aporte en la bolsa vacía de esta cubana.

  • el 13 junio, 2012 a las 4:50 pm
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    Una imagen a veces vale mas de mil palabras y es el caso de la foto de los ladrones de agua arriba.

    Cada individuo buscando resolver su problema en lugar de el problema colectivo que el estado deberia resolver para todos y que obviamente no resuelve. En ese caso particular el caso del agua es algo que el gobierno nunca a resuelto. Llevan anos y anos y anos con el mismo problema. Ahora se han generado otros problemas.
    Cuanto gasto en equipos, en electricidad etc etc para resolver un problema simple que se pudiera resolver de forma colectiva mejor?
    Pero no hay manera de asociase no hay manera de criticar sin ser senalado como enemigo o de proponer soluciones diferentes.
    Evidentemente al gobierno no le interesa por que los de la elite no tienen estos problemas. Ellos quizas no saben que es un ladron de agua y para que se usa. Cuantas reflexiones del reflexologo en jefe se han dedicado a los problemas no resueltos? A los problemas que ellos mismos crearon?

    Ninguna.

    Como se puede ser tan indolente con los trabajos que pasa su propio pueblo?

    El caso de Mercedes no es unico. Senalaba aca con anterioridad de otros casos.

    Lo que ocurre es que cada cual esta en modo de supervivencia tratando de salvarse a si mismo y a su familia mas cercana y son muy pocos en cuba que pueden ayudar a los demas creo que esa es la causa del egoismo que se persive. De ahi que una sociedad que supone promover la socialization se convierta en egoista.

  • el 13 junio, 2012 a las 9:41 am
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    Tienes idea de cuantas Mercedes hay en Cuba? y de cuantas ayudas mandamos los emigrados?

  • el 13 junio, 2012 a las 3:04 am
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    Es que Mercedes no es el unico caso bajo esa situacion en el pais, segun el articulo. La mayoria de los que ahora pueden comerse una hamburguesa ayudan a muchas personas en la isla y no me cabe la menor duda de que si existiese una via para hacerle llegar esa ayuda a Mercedes muchos responderian. Habria que ver si el recibir esa ayuda del exterior no le traeria mas problemas de los que tiene con el gobierno. pero la solucion no viene de afuera. La solucion tienen que buscarselas alla adentro, demostrar que la solidaridad empieza por la casa.

  • el 12 junio, 2012 a las 6:39 pm
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    Tu articulo esta muy interesante y toca varias aristas. Una de las mas interesantes es el hecho que en Cuba la sociedad civil esta encadenada a organizaciones que responden al gobierno y a no a los ciuddanos. Los ciudadanos como Mercedes no pueden agruparse y reclamar sus derechos en un espacio publico, so pena de ser sancionados y condenados al ostracismo. Saldria un “funcionario” pidiendoles que vayan por los “canales establecidos”, los cuales, como todos sabemos, no funcionan. Hasta el mismisimo Granma publica cartas de personas que usando estas vias son objeto de escarnio e indiferencia, cuando menos. Es por eso que muchos nos cansamos y buscamos la solucion por nuestros propios medios y pienso que es por eso que muchos cubanos nos hemos vuelto individualistas y hemos tomado la emigracion como via, ademas e legar al convencimiento de que “aquello no hay quien lo arregle”…

  • el 12 junio, 2012 a las 9:39 am
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    Para hablar clarito: Ahora mismo Mercedes va perdiendo por partida doble: porque parece esquinada por la tecnoburocracia de la Isla y porque los cubanos de todas partes, al menos los que leen HT y tienen más recursos que ella, no parecen condolerse de su situación. O quizás consideran que no vale la pena el esfuerzo. Piensen un poco: con lo que les cuesta comerse una hamburguesa (suponiendo que al menos 10 respondan a la convocatoria que hemos lanzado en favor de esta sufrida mujer), ella podría hacer menos amarga su existencia.

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