Igualdad de género en Cuba: ¿Es real?

Por Sheyla Hirshon

Emilia Fernández. Foto: Jean Karotkin

HAVANA TIMES – Recientemente el Centro para la Democracia en las Américas (no gubernamental) publicó un estudio fascinante y extremadamente comprensible sobre las relaciones de género en Cuba. El título del mismo es Trabajo de Mujeres: Igualdad de género en Cuba y el papel de la mujer en la construcción del futuro cubano.

El documento, el tercer capítulo de una serie sobre el siglo XXI cubano, destaca “el progreso que han logrado las mujeres cubanas hacia la igualdad de género desde la década de 1950, y examina si ese progreso puede mantenerse en el futuro.”  Logra su objetivo en cinco capítulos concisos, desprejuiciados y bien documentados, enriquecidos por los perfiles personales de algunas mujeres cubanas extraordinariamente sensibles.

El libro elude claramente las polémicas de izquierda y de derecha, pero plantea una pregunta provocativa: cuando las oportunidades y el poder de las mujeres se expandan como una concesión de justicia por parte de los hombres en el poder, ¿cambiará realmente su situación?

Tanto  progreso, sin embargo…

El perfil inicial de la afrocubana Emilia Fernández ilustra algunas de las paradojas de las mujeres cubanas.

Emilia ha viajado al extranjero, habla tres idiomas, tiene varios títulos y trabaja en un centro de salud ocular que atiende a pacientes internacionales. Ella reconoce que la Revolución cubana le brindó posibilidades infinitamente superiores a las que le dio a su madre y a su abuela.

Sin embargo, la descripción que realiza de un día de trabajo de una mujer cubana tiene el sabor de la cruda realidad: “Te levantas y cocinas el desayuno, tomas el precario transporte público,  y llegas exhausta al trabajo. En el puesto encuentras tensión. Y entonces, recibes un salario que no resuelve tus necesidades. ¿Cómo esto no va a tener repercusión en la salud? “.

Como muchos de su generación, Emilia fue formada por los valores revolucionarios y por lo que ella llama “el sueño cubano:” [El sueño] significa que todavía puedo luchar, que este es mi lugar. He trabajado desde que era una niña para que Cuba sea mejor. El sueño forma parte de mí.” Sin embargo, al igual que muchas de las mujeres presentadas en el libro, le preocupa que las nuevas generaciones puedan haber perdido esa esperanza y ese sueño.

Ese punto de vista es el tema central del libro: las mujeres han avanzado enormemente en muchas áreas, sin embargo, su vida cotidiana se llena de dificultades, frustraciones y privaciones. Al mismo tiempo, sus relaciones personales con los hombres parecen agravar esos factores estresantes en lugar de ayudar a lidiar con ellos.

El impacto de la Revolución sigue siendo impresionante

En pocas páginas, los autores ofrecen una ráfaga de hechos y cifras, para hacernos recordar la situación de la mujer cubana en los años cincuenta: una esperanza de vida general de 59,4 años, una tasa de mortalidad infantil del 8%, 23% de analfabetismo entre las mujeres, el 71% por debajo del nivel de educación, y la gran mayoría no tenían acceso a un empleo a no ser en el servicio doméstico. En fin, escasez de derechos, oportunidades y la satisfacción de las necesidades básicas tenían un mayor peso en las mujeres, las mujeres rurales y las mujeres afrocubanas.

Entonces nos recuerdan los grandes beneficios que la Revolución cubana ha proporcionado y  ha mantenido en cuanto a los derechos y oportunidades de las mujeres. Cincuenta y cuatro años después, estos avances todavía sitúan a Cuba en la cima de la lista de países en vías de desarrollo en cuanto al bienestar de las madres y niños, y en las 20 principales naciones por su progreso relativo hacia los Objetivos de Desarrollo del Milenio. A pesar de todos los problemas, estos logros no son más que espectaculares.

Como se documenta en el libro, estos avances fueron el resultado de políticas deliberadas diseñadas por la dirección del Partido. En el primer manifiesto que Fidel Castro escribiera en México, él  comprometió  la Revolución a crear “un marco legal para el avance de las niñas y las mujeres, vinculándolas a los servicios sociales, la educación y la salud y al mundo del trabajo.”

Esto luego recayó en la Federación de Mujeres Cubanas, bajo la dirección de Vilma Espín, para hacerse realidad. La lista de los beneficios incluye la salud, la educación, el derecho al matrimonio, los derechos reproductivos, los derechos a la propiedad de la tierra, incluso un creciente reconocimiento de los derechos de gays y lesbianas, logros por los que siguen luchando muchas mujeres en muchas naciones  del mundo. Es bueno que nos recuerden esos logros,  y cómo han repercutido en la vida de los cubanos de a pie.

La “paradoja de género”  identifica la vida de las mujeres

“El poder no concede nada sin una demanda.” Frederick Douglas dijo en 1857 “Nunca lo hizo y nunca lo hará.” Como el libro continúa ilustrando, los grandes saltos de Cuba en las oportunidades y garantías legales no eran apoyados por una demanda popular de las mujeres por la igualdad de derechos en el hogar y puestos de trabajo.

Como resume María Ileana Faguaga, otra de las mujeres mencionadas: “Existe un grupo de… cubanas feministas que reconoce que en estos 50 años las mujeres no han ganado espacio, sino que se nos han concedido espacios.”

Esto ha dado lugar a la llamada “paradoja de género”. “Las mujeres todavía soportan la carga de llevar a cabo la mayoría de los hogares y las responsabilidades de cuidados, además de trabajar fuera del hogar… Muchas mujeres viven en hogares urbanos y rurales junto con tres generaciones y tienen una “doble jornada”: trabajan mientras atienden también a los hijos, nietos y los suegros en casa y asumen la administración general de la casa. ”

A medida que el período especial impuso sus dificultades a todos los cubanos en general, estas dificultades recayeron con especial fuerza en las mujeres y las mujeres de color. La violencia doméstica nunca ha sido tratada como un tipo de violencia particular y por separado. Y, en el ámbito político, sólo unas pocas mujeres han sido admitidas en los círculos de poder, y esto sólo en la medida en que sus voces se hicieron eco de las decisiones de los líderes masculinos

El futuro de las féminas en el cambio de la economía

Los últimos capítulos del libro analizan las nuevas reformas económicas y sus posibles impactos en las mujeres. Por un lado, muchos de los puestos de trabajo estatales que son eliminados son de mujeres, mientras que por el otro, un gran número de las vocaciones aprobadas para el trabajo por cuenta propia son realizadas tradicionalmente por hombres.

Por lo tanto, mientras los enormes aumentos en los niveles de salud y educación han dejado a las mujeres en una buena posición para asumir un papel en la reconstrucción de la economía cubana, todavía existe una brecha preocupante en su capacidad para aprovechar ese potencial. “El gobierno y la Revolución han dado a las mujeres todas las posibilidades y las oportunidades… Sin embargo, eso no se refleja en las posiciones más altas. ¿Por qué? Pues eso se debe a que todavía pensamos que tenemos que cuidar de todo en la casa”.

Los autores del libro ven esperanza en las nuevas oportunidades de trabajo por cuenta propia, pero apoyan esto con un fuerte llamado para programas de formación y asociaciones internacionales porque la actual generación de cubanos no ha recibido ninguna preparación para este papel.

Además, se mantiene la incertidumbre referente a las nuevas generaciónes: “Si bien el marco para el progreso permanece en su lugar, la cuestión es si se puede movilizar,  lo suficientemente rápido o lo suficientemente amplio, para captar el interés de las nuevas generaciones del pueblo de Cuba.”

Como lectora de Havana Times con un fuerte interés en el tema, creo que este pequeño libro es una guía útil y enriquecedora. Los autores se las ingeniaron para lograr la difícil tarea de presentarnos una vista convincente de las realidades de la vida de las mujeres y un marco para comprender los antecedentes de esas realidades, sin juzgar o aconsejar. Las preguntas que el libro plantea son relevantes.

Más que un estudio académico, el texto está impregnado del evidente afecto de los autores y la admiración por la mujer cubana y sus luchas.

El impresionante retrato de Emilia Fernández, en la portada, muestra esto de forma elocuente, al igual que las palabras finales de Sarah Stephens en los Agradecimientos:

“Mi última palabra es para las mujeres de Cuba. Su historia resonará alta y clara con las mujeres que viven en todas partes…. Aún más, queremos que lo que nos dijeron sea escuchado y comprendido por los decisores políticos en la Casa Blanca, el Departamento de Estado y el Congreso… Sus decisiones sólo podrían mejorar con la comprensión de lo que le ha faltado a muchos de ellos durante todos estos años: su humanidad. ”

El Centro para la Democracia en las Américas es una organización no gubernamental con sede en Washington, cuyo objetivo declarado es “sustituir la actual política de sanciones económicas y el aislamiento diplomático por una política que permita a todos los estadounidenses viajar a Cuba, promover las relaciones diplomáticas, y en última instancia, normalizar las relaciones entre Estados Unidos y Cuba.”



Un comentario sobre “Igualdad de género en Cuba: ¿Es real?

  • Comparar es necesario para tener una visión justa de los diferentes tiempos históricos, pero las comparaciones en sí mismas no justifican ni explican los problemas. La situación de la mujer cubana ha ido mejorando desde el triunfo de la lucha contra la tiranía de machado en los años 30 del siglo pasado. Desde leyes de Maternidad Obrera, hasta sindicatos, pasando por jornadas de trabajo aceptables. Con los primeros años de la década del 60 mejoró aun más la situación social y política de la mujer con la plena alfabetización, participación en todos los aspectos de la vida social y política de Cuba. A partir de los 70, las condiciones de vida se han ido deteriorando continuamente y ellas han tenido la peor parte en la atención familiar y en llevar adelante la familia. La carestía absoluta de viviendas, su deterioro, las condiciones de transporte, de alimentación y la limitación en el número de hijos por la falta de parvularios y condiciones generales para mayores y menores continúan incidiendo en ellas y las familias. No basta comparar en abstracto, sino en concreto cómo vive la mujer hoy, sin justificarse con un pasado que no cuenta más que una historia. R.

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