Hoy en Cuba, solo la política nos hará amanecer

Capitolio de La Habana el 11 de julio de 2021. Foto: Marcos Evora.

Por Julio Cesar Guanche (El Toque)

HAVANA TIMES – Lo que ocurre ahora mismo en Cuba es una situación tan grave como inédita.

El presidente Díaz-Canel llamó al combate, pues “las calles son de los revolucionarios”.

Es cierto que la pandemia agrava varias crisis previas y sucesivas. Es cierto que hay quienes pretenden lucrar infamemente con ella con llamados a la “intervención humanitaria” tras el agravamiento de la pandemia. Es cierto que ahora mismo se llama a la intervención militar desde Miami. Es cierto que la corriente trumpista cubana celebró la asfixia de la nación, con la extensión hasta el infinito del bloqueo, a la vez que lanzó consignas a la vida y a la libertad.

Pero también es cierto que en Cuba solo tiene armas el ejército y la policía. Un pueblo convocado por el Estado, y apoyado por todas sus instituciones, incluidas las militares, no es “el pueblo” combatiendo la contrarrevolución.

Es una parte del pueblo apoyado por el estado combatiendo juntos una protesta social que tiene larga incubación, causas conocidas, demandas perentorias, urgencias muy claras y necesidades profundas.

La distinción entre “contrarrevolucionarios” y “revolucionarios confundidos” fue un esbozo de reconocer razones legítimas en la protesta, pero el llamado a combatir la protesta como primera solución, en lugar de recabar el valor y la imaginación para proponer salidas políticas al conflicto, y de comprometerse luego con recorrer ese camino, fue la elección contraria a la imprescindible, pues pretendió apagar un fuego añadiendo gasolina.

Nadie puede pensar que el gobierno cubano, ni los cubanos que son conscientemente revolucionarios —se equivoca por entero quien piense que son cuatro gatos con puestos y prebendas en el gobierno— van a deponer su derecho a defender todo lo que creen, y a lo que le han dedicado sus vidas, en medio de este escenario.

Sin embargo, no hay nada más revolucionario que intervenir con política el curso que parece indefectible de los hechos. No hay nada más revolucionario que buscar vías de procesamiento de los conflictos. No hay nada más revolucionario que recurrir a la política cuando solo parece posible la guerra civil.

Es muy difícil responder a lo grave e inédito, pero no hay nada más revolucionario que responder a lo inédito con respuestas también inéditas. Que sea inédita, no significa que lo ignoremos todo sobre ella. Sabemos, desde Tucídides, que la guerra es maestra severa y que solo la política posibilita y da la vida en común.

La situación cubana viene dando señales hace mucho de que un escenario como el que vemos ahora mismo llegaría. La enorme mayoría de las advertencias fueron desoídas y un buen número de sus autores, incluso aquellos con propuestas patrióticas reflexivas de diálogo y tratamiento del conflicto, fueron silenciados, o peor, represaliados.

Ahora solo cabe preguntarnos cómo amaneceremos mañana. Sí sabemos que hay certezas y deberes de la “defensa de la revolución”: el pueblo es una construcción plural y nunca es el enemigo, y la promesa de 1959 fue “Libertad con pan, y pan sin terror.”

De los estallidos sociales se conocen sus causas, y son conocidas las consecuencias de una “orden de combate”, pero nadie puede calcular las consecuencias de un estallido ni de las formas policiales y paraestatales de contenerla.

Esta noche parece que será la más larga en Cuba desde hace décadas. Solo la política nos hará amanecer mañana con algo que nos dé orgullo llamar patria entre las manos.

* Este artículo se publicó originalmente en la página de Facebook del autor y se reproduce con su autorización.

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