Historia de una lectora, víctima de violencia sexual

Invierno, de la serie: Tras el velo de Perséfones por Irina Echarry

HAVANA TIMES – El acoso y la violencia sexual tienen varios niveles, cada uno con sus peculiaridades; todos merecen nuestra atención, por lo complejo que resulta lidiar con ellos, llegar a comprenderlos.

Cada persona crea sus mecanismos de defensa, lo importante es repensarlo todas las veces que haga falta, para salir lo menos dañada posible.

Havana Times publica el testimonio de una lectora, sobre un evento ocurrido en su niñez; nunca es tarde para contar, para reflexionar sobre lo que sucedió, para alertar a otras personas.

 

Entre el recuerdo y la dignidad

Por fortuna, la mente humana tiene habilidades insospechadas, en algunos momentos es nuestra peor enemiga, pero en mi caso fue una gran protectora. Aparentemente, ese día regresé a la casa familiar después de recoger guanábanas con mi primo; luego permanecí encerrada en mi cuarto negada a comer. A los reclamos de mi madre, mi primo repetía, una y otra vez, que nos habíamos separado al llegar a la arboleda, y era cierto. Nada hubiera sucedido si hubiera seguido caminando a su lado.

Los eventos posteriores a ese día los recuerdo como en cámara lenta. Mi madre tocaba mi frente, y al parecer tenía fiebre: yo intentaba mover los brazos y las piernas, pero estaba rígida. Desde entonces, cuando en la familia alguien menciona la guanábana, todos aseguran que es tóxica. Mi padre aún asevera que fumigar los frutales es mortal para la salud.

Una de las tantas secuelas que conservé por más de 30 años fue el olvido del incidente. Apenas tengo recuerdos de mi niñez. A los 14 comenzaron mis problemas con los jóvenes, me gustaban, pero la proximidad física me resultaba imposible, aún en los juegos. Cada vez que alguno me tocaba o rozaba, automáticamente yo me pasaba la mano por el sexo, como en un acto de protección.

Pasé del instituto a la universidad sin tener novio. Con el tiempo fui consciente de que algo sucedía conmigo y que evidentemente estaba relacionado con sucesos de mi niñez. La etiqueta de rara me persiguió siempre. Las consultas con el psicólogo llegaron a ser familiares. Pasé por numerosas sesiones de hipnosis hasta que una especialista le dijo a mi madre que fluyera con mi trastorno, que solo necesitaba tiempo para olvidar por completo.

Nunca fui muy popular. En el pre siempre andaba con algún libro acuestas. Después la carrera me robaba todo el tiempo. En realidad, estudié Medicina con la ilusión de descubrir la génesis de mi situación. La vida en un hospital es intensa, preocuparte por otros te roba todo el tiempo. Mis pacientes pasaron a ser el centro de mi vida. Puedo asegurar que durante muchos años fui totalmente asexual.

Durante toda mi adolescencia y parte de mi niñez sufrí intensamente. Mis síntomas externos no se comparaban al sufrimiento que me ocasionaba saberme sucia, violentada, humillada. La niña que despertó al día siguiente de la recogida de guanábanas no volvió a ser la misma. No puedo imaginar la confusión de mi madre cuando se enfrentó a esa pequeña de nueve años que no soportaba que la tocaran. Nunca volvió a bañarme ni a peinarme, no se lo permití, pero jamás la escuché quejarse. Sin su constancia y fortaleza no fuera lo que soy.

Poco después de aquel día la familia se dispersó, mi madre, mi padre y yo nos fuimos a vivir a Centro Habana y nunca más volví a visitar aquella casa de Marianao, ni en recuerdos.

Un día iba con una amiga a casa de un alumno que se había ausentado del hospital-escuela tras una penosa enfermedad. Por uno de esos misterios del universo la dirección de la casa nos acercaba a una zona que me parecía conocida. Comencé a sudar y mi simpático se desbocó, llegó un momento en que no podía dejar de ventilar, para mi sorpresa estaba justo frente a la casa de uno de mis vecinos de aquella época y aunque habían pasado 30 años vi claramente su rostro.

Las imágenes se desencadenaron y me vi con mi primo entrando a la arboleda: él rumbo a la avenida 35 y yo rumbo a la parada de la ruta 91. El recuerdo fue tan intenso que pude sentir el olor a semen de la mano que tapó mi boca y el olor a tabaco y sudor ácido de su cuerpo, y en mi pecho el peso de su brazo, pero lo más terrible fue el rostro, el rostro de nuestro vecino que para entonces era el mejor amigo de mi padre.

Durante mucho tiempo los recuerdos de aquel día vinieron a mí una y otra vez. Después llegó la aceptación y la comprensión. Tras muchos años regresé a la consulta de Psiquiatría y todo fue más fácil. Apenas sin darme cuenta mi fobia fue desapareciendo.

Me tomó tiempo acomodar mi vida sexual, tuve la suerte de encontrar un compañero muy paciente y amoroso, que me condujo por todos los caminos que desconocía. Hoy tengo una vida afectiva plena, pero sé que otras mujeres víctimas de la violencia sexual no han corrido la misma suerte.

Mantener en secreto una violación en la niñez es difícil, pero mucho más difícil es saber que un posible violador puede ser un familiar o algún amigo cercano.

Entablar relaciones de amistad que permitan un acercamiento a un hogar habitado por niños es un acto de responsabilidad, la niñez es una época dorada que requiere toda la atención y el cuidado de los padres. Madre, padres e hijos necesitan un nexo de confianza e intimidad que permita que fluya la comunicación aún en situaciones extremas.

Aconsejo a todas las mujeres víctimas de abuso sexual que acudan a las autoridades competentes y a los servicios de Urgencia para ser atendidas por los especialistas. Y, sobre todo, que no tengan miedo de hablar con su familia; ese evento traumático no debe sufrirse a solas. Un violador es un depredador que debe ser detenido y procesado, nadie tiene el derecho de violentar a otra persona y apoderarse de su dignidad.



5 comentarios sobre “Historia de una lectora, víctima de violencia sexual

  • Un relato verdaderamente estremecedor. La pérdida de la inocencia entre las manos de un criminal. Qué pasó con el vecino? Es importante denunciar. Pero comprendo también que a estas alturas, es difícil revivirlo todo. Pero me deja un mal sabor que ande suelto por ahí, haciendo de las suyas.

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  • Tremenda historia. Lamentablemente más común de lo que quisiéramos. No permitas que ese aberrado tenga buena reputación porque seguramente lo ha hecho con otras niñas inocentes y lo seguirá haciendo si continúa el secreto. Eres muy valiente. Tengo dos hijas pequeñas y me aterra que exista ese riesgo. Procuro estar bien atento.

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  • Un articulo muy bien escrito, sobre todo porque la descripción nos lleva a imaginarnos todos los acontecimientos sin perdernos ni un detalle, a la vez me llena de odio y de rabia que personas como él esten en la calle, quizás maltratando a otras niñas o niños y algunos quizas de su misma familia. Testimonios como estos deben darse a conocer, y en este caso para los mismos padres por ser confiados. No todo el mundo tiene buenas intensiones y no todo es bueno. La confianza y la comunicación con los padres es primordial. Gracias por publicar un testimonio tan conmovedor.

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  • El hecho es aberrante, mas para una niña. A mi me pasó pero nunca he contado la historia. La hinopsis funcionó porque recuerdas muchos detalles

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    • mi solidaridad contigo amiga. a una familiar muy cercana le sucedió de adolescente, todavía 30 a;os después no lo ha superado. solo conozco una ex novia, que fue violada y no le afectó, ni ella misma entiende cómo porque se volvió sicóloga y ha visto muchos casos igual con secuelas. creo que buscó por suerte un refugio mental donde acomodar el hecho para que no se volviera un problema. es un caso raro, normalmente deja mucho sufrimiento, frustración, traumas.

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