Havana vs La Habana

 Una ciudad, dos realidades

Foto: “Desigualdad en La Habana” / Crédito: Fundación Nacional Cubano Americana

Por Chris Vázquez

HAVANA TIMES – El otro día, cuando estaba navegando por Facebook, me encontré con la imagen que vieron anteriormente, y al instante se escuchó un acorde dentro de mí. Realizada y compartida por la Fundación Nacional Cubano Americana, la foto muestra uno de los hoteles de categoría cinco estrellas de La Habana con una vista del Capitolio, que contrasta con el empobrecido entorno que vive el residente promedio habanero, a solo unas cuadras de distancia.

Incapaz de seguir navegando, me sentí obligado a compartir la foto e informar sobre mis dos centavos. Pues verán, para mí, la imagen representa de manera precisa las dos realidades paralelas presentes a lo largo y ancho de la Cuba de hoy, especialmente en la ciudad capital de La Habana. Déjenme explicarles…

Vemos una creciente desigualdad de ingresos en todo el mundo, y los Estados Unidos de América ciertamente presumen de tener una de las brechas más grandes, con un uno por ciento de la población que posee más riqueza que el 90 por ciento inferior. A nivel global, actualmente el uno por ciento más rico de la población posee más de la mitad de la riqueza total del mundo. De hecho, estamos en un punto donde la separación entre ricos y pobres es la más grande de la historia, y eso ha jugado un papel importante en el auge del populismo en todo el planeta.

Pero en la Cuba que amo tanto, ¿es realmente mucho mejor para el Gobierno mantener artificialmente a todos «iguales» en lo más bajo? Como pueden imaginar, yo diría que no lo es.

En la Isla, el Gobierno demoniza al capitalismo de la misma manera que los políticos estadounidenses han demonizado históricamente al comunismo. A los ojos de Raúl Castro y del presidente cubano actual, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, «un capitalista» es alguien que no se ajusta a los ideales revolucionarios del país, y la palabra en sí es prácticamente un insulto sucio, muy parecido a como era en Estados Unidos llamar a alguien «comunista” durante el Miedo Rojo.

No estoy sugiriendo que las grandes empresas o el capitalismo no restringido sean la solución a los problemas de Cuba, pero sesenta años de historia han demostrado que un sistema comunista y las políticas socialistas no están haciendo el trabajo. Si bien ninguno de los dos extremos es la respuesta, no hay nada de malo en permitir que el mercado libre determine los precios y opere de manera eficiente para que ayude a la gente.

La imagen de arriba ilustra de manera indudable dos ciudades completamente diferentes, pero paralelas:  «La Havana» donde los turistas viajan en autos clásicos a lo largo de todo el Malecón y realizan sesiones de fotos en vestidos de colores en las afueras de las destruidas casas destruidas de color pastel … y “La Habana» donde los residentes de esas mismas casas en destrucción están trabajando para reparar sus descompuestos autos clásicos americanos ​​con piezas rusas y que, además, pescan en el malecón para obtener una comida decente.

Mientras los turistas se relajan y los pobladores locales se afanan, las diferencias son tan claras como la luz del día: ¿qué no darían los habaneros por un Toyota Camry 2002 y un apartamento sencillo con aire acondicionado y agua corriente?. Las desafortunadas realidades de la vida cotidiana para el cubano promedio están tan extendidas que se han introducido en la cultura y el idioma nacional con frases como en la lucha, no es fácil, resolviendo, que se están convirtiendo en el lema colectivo para los habitantes de  de «La Habana» que trabajan en el sector público, lo cual abarca la mayoría de los sectores económicos, aparte del turismo.

La historia de dos ciudades se ha propagado, en parte, por el sistema de la doble moneda en Cuba, que esencialmente ha creado dos economías: una para los turistas y otra para los locales. Trabaje en el turismo y que se te pague en CUC y ya estás hecho. Trabaje como veterinario calificado después de varios años de estudio y reciba un pago en CUP y pasará hambre si no roba o si no tiene una actividad adicional en el mercado negro.

Como tal, el CUP (Peso Cubano) es la moneda nacional del país, con la que se paga a todos los nacionales que trabajan para el Estado. El CUC (Peso Convertible Cubano) es una moneda que se creó para resolver los problemas de liquidez que enfrentó el país después de la caída de la antigua Unión Soviética. El CUC estaba (y está) vinculado de manera arbitraria al dólar y tiene un valor aproximado de 24 a 25 CUP, aunque ambas son monedas cerradas que no se negocian en el mercado abierto, lo que las hace inútiles fuera de la Isla.

El problema al que se enfrentan muchos pobladores no es la incapacidad de convertir una moneda a otra, sino a la disparidad del poder de compra entre estas dos. Como resultado, el bienestar económico de una persona está determinado en gran medida por la moneda en la que se le paga y a la cual tiene acceso.

El inconveniente, por lo tanto, es que la mayoría de la población cubana es empleada por el Estado y sus salarios están designados en la moneda nacional. Sin embargo, la mayoría de los bienes de consumo, tienen un precio en la moneda convertible. El resultado de todo eso es que el habitante promedio gana menos del equivalente a $25 dólares al mes, pero tiene que pagar al menos $5 c/u solo para llevar a su esposa/o a cenar a uno de los paladares  de La Habana, ¡eso es más de una cuarta parte de su salario mensual!

Estos restaurantes son pagados y atendidos para los turistas, por lo que sus comidas cuestan en CUC. El costo equivalente de una comida de $5 dólares, es de aproximadamente 125 pesos cubanos. ¿Se imaginan perder más de cien dólares cada vez que salgan a comer una hamburguesa?

Yo diría que esa forma de desigualdad es peor que la que se está experimentando en los Estados Unidos y en otros lugares, y deseo que los cubanos y los turistas puedan pasar el tiempo juntos en los mismos hoteles, comer en los mismos restaurantes y disfrutar de la Isla de la misma manera.

El hotel, cuya piscina en la azotea se muestra en la foto, es el Gran Hotel Manzana, el primer resort de 5 estrellas de Cuba. Se terminó en 2017 y la planta baja cuenta con elegantes tiendas de marcas internacionales que están reservadas a los turistas. Mi sueño más profundo es que los cubanos que caminan todos los días por la calle debajo del Gran Manzana, algún día puedan comprar en esas mismas tiendas junto a los huéspedes internacionales del lugar; por el momento, están completamente fuera de su alcance.

“Colas de racionamiento en la capital cubana” | Crédito: Pittsburgh Post-Gazette

Para resolver las desigualdades que he descrito en los párrafos anteriores, creo que en Cuba debería ser implementado el capitalismo liberal con un estado de bienestar, como se ha hecho en las democracias sociales de los países escandinavos. Eso es completamente diferente al actual socialismo demócrata por una serie de razones, pero ese es un artículo para otro momento.

De vuelta al capitalismo liberal: ¿qué significa esto? En un nivel alto, de la forma en que lo veo, es que el mercado libre es esencialmente un juego, y en cada juego hay ganadores y perdedores. Los participantes del mercado, o los cuentapropistas cubanos, compiten para aumentar las ganancias y crecer en tamaño.

En una economía de mercado, los negociantes que ganan son aquellos que pueden brindar el mayor valor a sus consumidores, ya sea en forma de precios más bajos, un producto de mejor calidad o un mejor servicio.

El genio detrás de este método de estructurar una economía es que los empresarios y las empresas están incentivados para proporcionar el mayor valor posible a sus consumidores como medio de servir a sus propios intereses. Este proceso de esfuerzo constante para generar valor estimula la innovación y da como resultado un escenario de «ganar-ganar-ganar», en el que los consumidores, las empresas y la sociedad en general se benefician todos juntos. Ese es el juego, de una manera muy simplificada, por supuesto.

Continuando con la analogía, el papel del Gobierno en ese juego debe ser el de un árbitro y no el de un jugador, como parece ser el caso de Cuba. El Gobierno debe existir para proteger los derechos de los jugadores y para crear y hacer cumplir las reglas del juego, garantizando la igualdad de condiciones, así como evitando las trampas o el juego sucio.

Sin embargo, como con cualquier juego, para que haya ganadores también debe haber perdedores. Por lo tanto, además de garantizar el juego limpio, el Gobierno también debe utilizar sus recursos para crear una verdadera red de seguridad social para proteger a los perdedores, de ahí el estado de bienestar.

Competencia desleal

En Cuba, sin embargo, el Estado compite directamente con el sector privado y manipula las reglas a su favor, restringiendo el acceso de las empresas a los mercados mayoristas, controlando las importaciones y exportaciones, así como implementando regulaciones injustas diseñadas para evitar la acumulación de riqueza y para obstaculizar el crecimiento del sector privado dentro del país.

Además, el Gobierno cubano también tiene control total sobre la inversión extranjera, canalizando el flujo de capital extranjero a sus propias empresas estatales. Esta falta de acceso al capital (tanto extranjero como nacional) pone a los cuentapropistas cubanos en una desventaja con respecto a las empresas gubernamentales y otras empresas independientes que están mejor conectadas con la familia y los recursos fuera de la Isla. El resultado es un campo de juego desequilibrado que favorece en gran medida al Estado y a unos pocos negocios independientes seleccionados.

Por esa razón, la apertura del sector privado en Cuba debe ser universal e inclusiva. Entre otros cambios, esa nivelación del campo de juego implicaría que el Gobierno reasigne sus recursos de las empresas ineficientes (como los restaurantes estatales y las tiendas de comestibles) para dedicarse a los asuntos que realmente debe manejar, como son la creación y el mantenimiento de servicios sociales.

Si bien el Gobierno cubano proporciona una red de seguridad social de salud y educación gratuitas, esa misma red está plagada de agujeros, ya que la calidad de ambos servicios ha disminuido drásticamente con el tiempo, y ninguno se traduce en una mejor calidad de vida en Cuba.

Los frutos de la Revolución están podridos y, como resultado de ello, el pueblo cubano está pasando hambre. El estado actual de la distopía cubana es tal, que el Gobierno comprende que necesita los ingresos fiscales del sector privado para financiar el sector público ineficiente e inflado. Paradójicamente, necesitan del capitalismo para perpetuar su economía socialista.

Por lo que, el sistema prevaleciente pone énfasis en castigar a los ganadores del juego más que cualquier otra cosa. Eso desincentiva la innovación y el progreso, y da la vuelta al juego al imponer un techo muy bajo que aplasta el deseo humano de crecer.

El resultado es “La Habana», una ciudad donde los cubanos viven sus vidas buscando en el mercado negro y donde los ingenieros conducen taxis para alimentar a sus familias. Esta ciudad subterránea a menudo pasa desapercibida para los visitantes de «La Habana», que pasan su tiempo bebiendo mojitos y tomando los taxis conducidos por médicos e ingenieros en los recorridos por el Malecón durante el atardecer.
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*Otros articulos por Chris Vazquez:

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4 comentarios sobre “Havana vs La Habana

  • Acabo de llegar de Cuba y dos amigos de la isla pusieron el grito en el cielo cuando pagué 37CUC por una cena para tres, con vino de California incluido. Para ellos ese dinero ( $925.00 CUP) era muchísimo más que su salario mensual. Así cualquiera habla maravillas del país

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    • Magistral clase de economia. Felicidades.

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  • Genial escrito…análisis y propuestas al alcance de la mano…lástima que esas dos realidades no se visualicen por parte del estado cubano

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  • Actualmente se construyen enormes hoteles en La Habana Vieja, Miramar, etc, etc. Para que??? Se debían construir con ese capital más viviendas para el pueblo, más obras sociales.
    La soga se rompe por la parte más fina.

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