Fidel Castro escribe “Refllexion” sobre Mandela y el Apartheid

La foto de Fidel Castro con Ignacio Ramonet publicado el lunes 16 de diciembre.

HAVANA TIMES — ​​Después de meses de silencio y luego una sesión de fotos con el periodista Ignacio Ramonet publicado el pasado lunes, Fidel Castro tiene un largo artículo hoy en la prensa cubana titulada: “Mandela ha muerto ¿Por Qué ocultar La Verdad Sobre el apartheid?”

Mientras distanciado oficialmente de gobernar desde julio de 2006, cuando cayó enfermo, Castro, 87, todavía se considera el primer consejero del gobierno de Raúl Castro, sobre todo en los asuntos de política exterior.

La siguiente es su “reflexión” completo tomada de los medios de comunicación local.

Mandela ha muerto ¿Por qué ocultar la verdad sobre el Apartheid?

Por Fidel Castro

Quizás el imperio creyó que nuestro pueblo no haría honor a su palabra cuando, en días inciertos del pasado siglo, afirmamos que si incluso la URSS desaparecía Cuba seguiría luchando.

La Segunda Guerra Mundial estalló cuando, el 1ro. de septiembre de 1939, el nazi-fascismo invadió Polonia y cayó como un rayo sobre el pueblo heroico de la URSS, que aportó 27 millones de vidas para preservar a la humanidad de aquella brutal matanza que puso fin a la vida de más de 50 millones de personas.

La guerra es, por otro lado, la única actividad a lo largo de la historia que el género humano nunca ha sido capaz de evitar; lo que llevó a Einstein a responder que no sabía cómo sería la Tercera Guerra Mundial, pero la Cuarta sería con palos y piedras.

Sumados los medios disponibles por las dos más poderosas potencias, Estados Unidos y Rusia, disponen de más de 20 000 —veinte mil— ojivas nucleares. La humanidad debiera conocer bien que, tres días después de la asunción de John F. Kennedy a la presidencia de su país, el 20 de enero de 1961, un bombardero B-52 de Estados Unidos, en vuelo de rutina, que transportaba dos bombas atómicas con una capacidad destructiva 260 veces superior a la utilizada en Hiroshima, sufrió un accidente que precipitó el aparato hacia tierra. En tales casos, equipos automáticos sofisticados aplican medidas que impiden el estallido de las bombas. La primera cayó a tierra sin riesgo alguno; la segunda, de los 4 mecanismos, tres fallaron, y el cuarto, en estado crítico, apenas funcionó; la bomba por puro azar no estalló.

Ningún acontecimiento presente o pasado que yo recuerde o haya oído mencionar, como la muerte de Mandela, impactó tanto a la opinión pública mundial; y no por sus riquezas, sino por la calidad humana y la nobleza de sus sentimientos e ideas.

A lo largo de la historia, hasta hace apenas un siglo y medio y antes de que las máquinas y robots, a un costo mínimo de energías, se ocuparan de nuestras modestas tareas, no existían ninguno de los fenómenos que hoy conmueven a la humanidad y rigen inexorablemente a cada una de las personas: hombres o mujeres, niños y ancianos, jóvenes y adultos, agricultores y obreros fabriles, manuales o intelectuales. La tendencia dominante es la de instalarse en las ciudades, donde la creación de empleos, transporte y condiciones elementales de vida, demandan enormes inversiones en detrimento de la producción alimentaria y otras formas de vida más razonables.

Tres potencias han hecho descender artefactos en la Luna de nuestro planeta. El mismo día en que Nelson Mandela, envuelto en la bandera de su patria, fue inhumado en el patio de la humilde casa donde nació hace 95 años, un módulo sofisticado de la República Popular China descendía en un espacio iluminado de nuestra Luna. La coincidencia de ambos hechos fue absolutamente casual.

Millones de científicos investigan materias y radiaciones en la Tierra y el espacio; por ellos se conoce que Titán, una de las lunas de Saturno, acumuló 40 —cuarenta— veces más petróleo que el existente en nuestro planeta cuando comenzó la explotación de este hace apenas 125 años, y al ritmo actual de consumo durará apenas un siglo más.

Los fraternales sentimientos de hermandad profunda entre el pueblo cubano y la patria de Nelson Mandela nacieron de un hecho que ni siquiera ha sido mencionado, y de lo cual no habíamos dicho una palabra a lo largo de muchos años; Mandela, porque era un apóstol de la paz y no deseaba lastimar a nadie. Cuba, porque jamás realizó acción alguna en busca de gloria o prestigio.

Cuando la Revolución triunfó en Cuba fuimos solidarios con las colonias portuguesas en África, desde los primeros años; los Movimientos de Liberación en ese continente ponían en jaque al colonialismo y el imperialismo, luego de la Segunda Guerra Mundial y la liberación de la República Popular China —el país más poblado del mundo—, tras el triunfo glorioso de la Revolución Socialista Rusa.

timthumb.phpLas revoluciones sociales conmovían los cimientos del viejo orden. Los pobladores del planeta, en 1960, alcanzaban ya los 3 mil millones de habitantes. Parejamente creció el poder de las grandes empresas transnacionales, casi todas en manos de Estados Unidos, cuya moneda, apoyada en el monopolio del oro y la industria intacta por la lejanía de los frentes de batalla, se hizo dueña de la economía mundial. Richard Nixon derogó unilateralmente el respaldo de su moneda en oro, y las empresas de su país se apoderaron de los principales recursos y materias primas del planeta, que adquirieron con papeles.

Hasta aquí no hay nada que no se conozca.

Pero, ¿por qué se pretende ocultar que el régimen del Apartheid, que tanto hizo sufrir al África e indignó a la inmensa mayoría de las naciones del mundo, era fruto de la Europa colonial y fue convertido en potencia nuclear por Estados Unidos e Israel, lo cual Cuba, un país que apoyaba las colonias portuguesas en África que luchaban por su independencia, condenó abiertamente?

Nuestro pueblo, que había sido cedido por España a Estados Unidos tras la heroica lucha durante más de 30 años, nunca se resignó al régimen esclavista que le impusieron durante casi 500 años.

De Namibia, ocupada por Sudáfrica, partieron en 1975 las tropas racistas apoyadas por tanques ligeros con cañones de 90 milímetros que penetraron más de mil kilómetros hasta las proximidades de Luanda, donde un Batallón de Tropas Especiales cubanas —enviadas por aire— y varias tripulaciones también cubanas de tanques soviéticos que estaban allí sin personal, las pudo contener. Eso ocurrió en noviembre de 1975, 13 años antes de la Batalla de Cuito Cuanavale.

Ya dije que nada hacíamos en busca de prestigio o beneficio alguno. Pero constituye un hecho muy real que Mandela fue un hombre íntegro, revolucionario profundo y radicalmente socialista, que con gran estoicismo soportó 27 años de encarcelamiento solitario. Yo no dejaba de admirar su honradez, su modestia y su enorme mérito.

Cuba cumplía sus deberes internacionalistas rigurosamente. Defendía puntos claves y entrenaba cada año a miles de combatientes angolanos en el manejo de las armas. La URSS suministraba el armamento. Sin embargo, en aquella época la idea del asesor principal por parte de los suministradores del equipo militar no la compartíamos. Miles de angolanos jóvenes y saludables ingresaban constantemente en las unidades de su incipiente ejército. El asesor principal no era, sin embargo, un Zhúkov, Rokossovski, Malinovsky u otros muchos que llenaron de gloria la estrategia militar soviética. Su idea obsesiva era enviar brigadas angolanas con las mejores armas al territorio donde supuestamente residía el gobierno tribal de Savimbi, un mercenario al servicio de Estados Unidos y Sudáfrica, que era como enviar las fuerzas que combatían en Stalingrado a la frontera de la España falangista que había enviado más de cien mil soldados a luchar contra la URSS. Ese año se estaba produciendo una operación de ese tipo.

El enemigo avanzaba tras las fuerzas de varias brigadas angolanas, golpeadas en las proximidades del objetivo adonde eran enviadas, a 1 500 kilómetros aproximadamente de Luanda. De allí venían perseguidas por las fuerzas sudafricanas en dirección a Cuito Cuanavale, antigua base militar de la OTAN, a unos 100 kilómetros de la primera Brigada de Tanques cubana.

En ese instante crítico el Presidente de Angola solicitó el apoyo de las tropas cubanas. El Jefe de nuestras fuerzas en el Sur, General Leopoldo Cintra Frías, nos comunicó la solicitud, algo que solía ser habitual. Nuestra respuesta firme fue que prestaríamos ese apoyo si todas las fuerzas y equipos angolanos de ese frente se subordinaban al mando cubano en el Sur de Angola. Todo el mundo comprendía que nuestra solicitud era un requisito para convertir la antigua base en el campo ideal para golpear a las fuerzas racistas de Sudáfrica.

En menos de 24 horas llegó de Angola la respuesta positiva.

Se decidió el envío inmediato de una Brigada de Tanques cubana hacia ese punto. Varias más estaban en la misma línea hacia el Oeste. El obstáculo principal era el fango y la humedad de la tierra en época de lluvia, que había que revisar metro a metro contra minas antipersonales. A Cuito, fue enviado igualmente el personal para operar los tanques sin tripulación y los cañones que carecían de ellas.

La base estaba separada del territorio que se ubica al Este por el caudaloso y rápido río Cuito, sobre el que se sostenía un sólido puente. El ejército racista lo atacaba desesperadamente; un avión teleguiado repleto de explosivos lograron impactarlo sobre el puente e inutilizarlo. A los tanques angolanos en retirada que podían moverse se les cruzó por un punto más al Norte. Los que no estaban en condiciones adecuadas fueron enterrados, con sus armas apuntando hacia el Este; una densa faja de minas antipersonales y antitanques convirtieron la línea en una mortal trampa al otro lado del río. Cuando las fuerzas racistas reiniciaron el avance y chocaron contra aquella muralla, todas las piezas de artillería y los tanques de las brigadas revolucionarias disparaban desde sus puntos de ubicación en la zona de Cuito.

Un papel especial se reservó para los cazas Mig-23 que, a velocidad cercana a mil kilómetros por hora y a 100 —cien— metros de altura, eran capaces de distinguir si el personal artillero era negro o blanco, y disparaban incesantemente contra ellos.

Cuando el enemigo desgastado e inmovilizado inició la retirada, las fuerzas revolucionarias se prepararon para los combates finales.

Numerosas brigadas angolanas y cubanas se movieron a ritmo rápido y a distancia adecuada hacia el Oeste, donde estaban las únicas vías amplias por donde siempre los sudafricanos iniciaban sus acciones contra Angola. El aeropuerto sin embargo estaba aproximadamente a 300 —trescientos— kilómetros de la frontera con Namibia, ocupada totalmente por el ejército del Apartheid.

Mientras las tropas se reorganizaban y reequipaban se decidió con toda urgencia construir una pista de aterrizaje para los Mig-23. Nuestros pilotos estaban utilizando los equipos aéreos entregados por la URSS a Angola, cuyos pilotos no habían dispuesto del tiempo necesario para su adecuada instrucción. Varios equipos aéreos estaban descontados por bajas que a veces eran ocasionadas por nuestros propios artilleros u operadores de medios antiaéreos. Los sudafricanos ocupaban todavía una parte de la carretera principal que conduce desde el borde de la meseta angolana a Namibia. En los puentes sobre el caudaloso río Cunene, entre el Sur de Angola y el Norte de Namibia, comenzaron en ese lapso con el jueguito de sus disparos con cañones de 140 milímetros que le daba a sus proyectiles un alcance cercano a los 40 kilómetros. El problema principal radicaba en el hecho de que los racistas sudafricanos poseían, según nuestros cálculos, entre 10 y 12 armas nucleares. Habían realizado pruebas incluso en los mares o en las áreas congeladas del Sur. El presidente Ronald Reagan lo había autorizado, y entre los equipos entregados por Israel estaba el dispositivo necesario para hacer estallar la carga nuclear. Nuestra respuesta fue organizar el personal en grupos de combate de no más de 1 000 —mil— hombres, que debían marchar de noche en una amplia extensión de terreno y dotados de carros de combate antiaéreos.

Las armas nucleares de Sudáfrica, según informes fidedignos, no podían ser cargadas por aviones Mirage, necesitaban bombarderos pesados tipo Can-berra. Pero en cualquier caso la defensa antiaérea de nuestras fuerzas disponía de numerosos tipos de cohetes que podían golpear y destruir objetivos aéreos hasta decenas de kilómetros de nuestras tropas. Adicionalmente, una presa de 80 millones de metros cúbicos de agua situada en territorio angolano había sido ocupada y minada por combatientes cubanos y angolanos. El estallido de aquella presa hubiese sido equivalente a varias armas nucleares.

No obstante, una hidroeléctrica que usaba las fuertes corrientes del río Cu-nene, antes de llegar a la frontera con Namibia, estaba siendo utilizada por un destacamento del ejército sudafricano.

Cuando en el nuevo teatro de operaciones los racistas comenzaron a disparar los cañones de 140 milímetros, los Mig-23 golpearon fuertemente aquel destacamento de soldados blancos, y los sobrevivientes abandonaron el lugar dejando incluso algunos carteles críticos contra su propio mando. Tal era la situación cuando las fuerzas cubanas y angolanas avanzaban hacia las líneas enemigas.

Supe que Katiuska Blanco, autora de varios relatos históricos, junto a otros periodistas y reporteros gráficos, estaban allí. La situación era tensa pero nadie perdió la calma.

Fue entonces que llegaron noticias de que el enemigo estaba dispuesto a negociar. Se había logrado poner fin a la aventura imperialista y racista; en un continente que en 30 años tendrá una población superior a la de China e India juntas.

El papel de la delegación de Cuba, con motivo del fallecimiento de nuestro hermano y amigo Nelson Mandela, será inolvidable.

Felicito al compañero Raúl por su brillante desempeño y, en especial, por la firmeza y dignidad cuando con gesto amable pero firme saludó al jefe del gobierno de Estados Unidos y le dijo en inglés: “Señor presidente, yo soy Castro”.

Cuando mi propia salud puso límite a mi capacidad física, no vacilé un minuto en expresar mi criterio sobre quien a mi juicio podía asumir la responsabilidad. Una vida es un minuto en la historia de los pueblos, y pienso que quien asuma hoy tal responsabilidad requiere la experiencia y autoridad necesaria para optar ante un número creciente, casi infinito, de variantes.

El imperialismo siempre reservará varias cartas para doblegar a nuestra isla aunque tenga que despoblarla, privándola de hombres y mujeres jóvenes, ofreciéndole migajas de los bienes y recursos naturales que saquea al mundo.

Que hablen ahora los voceros del imperio sobre cómo y por qué surgió el Apartheid.


16 thoughts on “Fidel Castro escribe “Refllexion” sobre Mandela y el Apartheid

  • el 13 enero, 2014 a las 9:17 pm
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    Viva Bolivar.

  • el 23 diciembre, 2013 a las 12:14 am
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    Miranda:

    Yo no me vanaglorio. Te expongo los hechos como fueron. O al menos como yo los conocí. Y sí, digas lo que digas, hay gente empeñada en negarle méritos a Mandela porque reconoció lo que debía reconocerle a Cuba. Aquí te dejo a uno empeñado en desacreditar a Madiba:

    http://www.diariodecuba.com/internacional/1386694773_6285.html

    Por otro lado, no sé por qué me tildas de injusto (dos veces además). Quizás deberías darte una vuelta por la Isla, y preguntar a los que sufrieron desmandes o tuvieron parientes muertos a manos de los alzados en aquellos años, qué piensan del asunto. Cada cual pintará el panorama segín el cristal de su lente.

  • el 23 diciembre, 2013 a las 12:05 am
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    Ejem..suave…suave… que yo no he dicho que “no crea que alguien se atreva a negar la colaboración entre el gobierno cubano y el argentino de aquellos años”. Colaboración para mí entraña otro significado. Lo que sí dejo en claro es que TODOS los bandos de la Guerra Fría, y de hecho, casi todos los gobiernos que en el mundo han sido, han debido pasar en algún, o algunos momentos, por la experiencia de cargar con algún que otro “amigo” o “huésped” indeseable o molesto. Al bando occidental le pasó con los artífices del apartheid, con el Shah de Irán, con Ferdinando Marcos, con Pinochet y casi todos los gorilas crecidos a la sombra de la Operación Cóndor y así ad infinitum. Al otro lado, con el propio Mengistu (que luego se alió con Israel), con Saddam Hussein (apoyado además por Bush padre contra Irán), Muammar el Gadafi (con el que también coquetearon a conveniencia los occidentales), Pol Pot en sus inicios, el díscolo Alberto Fujimori, Noriega cara de Piña (que jugó en los dos bandos). En fin, la lista sería interminable…La realpolitik obliga a tareas ingratas, no hay duda. Y de ese avatar nadie se salva.

    Pero no pierdas de vista algo: Hay quien no quiere hablar de esos temas. Ese no soy yo…

  • el 22 diciembre, 2013 a las 2:49 pm
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    Se puede asegurar porque,, si le hubiese parecido que era el sistema correcto lo hubiese impuesto durante su mandato. Pero es que vuelves con el culipandeo de que si admitio, reconocio, y que si encomio el aporte guerrero que el tirano de Cuba le dio fue decisivo para el fin del apartheid?, por favor cita aqui quien lo ha negado, y deja de estarte vanagloreando de esta guerra donde a miles de mis compatriotas los obligaron a perder la vida en una guerra para eliminar la injusticia que ellos mismos sufririan cuando llegaran a Cuba.

    Increible en cuanto a la excusa de no poder especular sobre alguien por no conocer su biografia!, eres simplemente inconsecuentemente e injusto.

  • el 22 diciembre, 2013 a las 1:24 pm
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    Isidro:

    Dices que no crees que alguien se atreva a negar la colaboración entre el gobierno cubano y el argentino de aquellos años, u otras cosas similares. Si quieres le preguntamos a Elio, a ver qué nos dice. Por mi parte, después de Martin Guevara haber publicado su artículo (que hemos discutido por encima), o de algún guerrillero argentino hablar sobre el tema de lo que ellos consideran una traición, se lo comenté a un periodista revolucionario, y su respuesta fue que le parecía imposible que un revolucionario dijera esas cosas, que de eso era mejor no hablar. Reconocerás tal vez el argumento de Sartre: los revolucionarios no deben hablar de los crímenes de Stalin, porque qué van a pensar los obreros, y los contrarrevolucionarios no tienen derecho a hablar de los crímenes de Stalin, porque en realidad no les importa. De esta forma, nadie debería hablar de los crímenes de Stalin. Pon ahí el asesino que prefieras, por supuesto. Desde aquí, si me permites, invito a Elio, conocido de este sitio, a que nos diga qué le parece el apoyo de la dictadura castrista a la argentina: apuesto que la va a negar.

    Sobre Mengistu y su Terror Rojo, y la existencia de un Terror Blanco que la justificaría o compensaría: has visto alguna vez que se hable de ellos en los medios cubanos? Digamos, algo así: “Es verdad, así era la Guerra Fría, paciencia.” Yo no. No lo he visto y no cuento con ello. Aunque fuera apenas una cosa simbólica, por lo menos podrían retirarle la Orden José Martí. No va a suceder, por supuesto.

  • el 22 diciembre, 2013 a las 3:06 am
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    ¿Ves? Una y otra vez resbalamos tobogán abajo hasta caer en el arenal de la realpolitik. Cuba, como tantos otros países, ha tenido que deslizarse de vez en cuando por esa misma canal, incluso a regañadientes. No creo que haya alguien que se atreva a negarlo. Ahora, observa que con demasiada frecuencia las argucias políticas de La Habana buscaban en lo esencial evitar sucumbir al cerco que le tendía Washington. Dado a escoger entre este último y Moscú y su acólitos, todo apuntaba a que en la guerra fría los segundos resultarían siempre menos peligrosos para la Cuba revolucionaria. Y de cierta forma la vida demostró lo válido de este estimado. En 1991 los rusos – y todo el Bloque Oriental- comenzarón a liar bártulos y a marcharse a la carrera de la Isla. Dejaron una considerable deuda que la heredera Rusia ha ido perdonando poco a poco y a discreción – quizás porque no le queda más salida -, pero hasta hoy no hay amenaza para la independencia del país por aquellos lazos de ocasión. Otra, sin embargo, sigue siendo la historia con el coloso del Norte, que cuando agarra, cuesta Dios y ayuda que suelte. Vaya, ni el macao.

    Sobre Mengistu, te cuento que si feroz fue su “Campaña del Terror Rojo”, no menos avasalladora fue antes la “Campaña del Terror Blanco” con la que sus enemigos políticos, sobre todo los integrantes del EPRP (Partido Revolucionario del Pueblo Etíope) iniciaron lo que sería una sangrienta guerra civil. O sea, hubo de parte y parte. Pero el apoyo cubano se centró en desalojar (y mantener a raya) a los invasores somalos del territoio ilegalmente ocupado por estos en el Ogaden, no en inmiscuirse en las batallas intestinas, si bien quedaba claro donde recaían las simpatías de La Habana. Algo simlar a lo ocurrido en Angola. El principal legado de la participación militar cubana en ambos países africanos no estriba en si al final ambos países se han decantado por el socialismo o el capitalismo, sino que, por obra en buena medida de los cubanos que pasaron (o quedaron), por allí, ambos países lograron preservar su soberanía. Lo demás es todo accesorio.

  • el 21 diciembre, 2013 a las 3:47 pm
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    Isidro, por lo que sé, cuando se hacía alguna votación en la ONU para condenar a la dictadura militar argentina por violaciones de los derechos humanos, el régimen de Castro organizaba (o hacía “lobby”, como prefieras) a los otros No-Alineados para que votaran a favor de la dictadura. Eso es, para mí, apoyar activamente a la dictadura. Y eso es, repito, sólo lo que sé.

    Dices que Videla era un mal agradecido porque ordenó o permitió el asesinato de unos diplomáticos cubanos. ¿Y? Esto no disminuye el apoyo comercial, quién sabe si financiero también, que recibió aquel régimen. En cualquier caso, me parece, como ya te dije, excelente tu propuesta de entrevistar a los parientes de los diplomáticos asesinados para preguntarles cómo valoran, cómo se sienten ante estos hechos.

    Hablé de Videla y de lo interesante que hubiera resultado una “reflexión” al respecto. Hay otras por ahí que también sería interesantes en mi opinión: una sobre Mengistu Haile Mariam (un genocida, que recibió la Orden José Martí), otra sobre lo mal-agradecido que fue el propio Castro cuando criticó la invasión de Checoslovaquia (esta temperada por su posterior genuflexión ante los soviéticos), etc.

  • el 21 diciembre, 2013 a las 1:55 am
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    Los detalles “más o menos” Miranda, son precisamente esos que tú esgrimes. Puede que Mandela no estuviera para nada de acuerdo con el sistema político cubano (o sí, ¿quién lo asegura?), pero lo que nunca dejó de admitir, reconocer y encomiar fue el decisivo aporte de la presencia militar cubana en Africa al fin del aparttheid, ese mismo sistema que lo mantuvo 27 años tras la rejas.

    En cuanto a los enfrentamientos entre cubanos de diversa ideología o actitud politica en el pasado más de medio siglo, hay mucha tela que cortar. Cada cual hará la historia según el bando donde le haya tocado estar por imperativos de la Historia. Peñalver estuvo finalmente en el de los vencidos. No me atrevo a especular sobre su persona, pues apenas conozco someramente su biografía. Ahora, repara en un detalle: para alzarse contra el nuevo Gobierno, tuvo que “hacer las paces” con algunos de sus ex enemigos batistianos, que se subieron a las lomas junto con él, armados y animados por los recién estrenados amigos estadounidenses. Al final nuestra “bronca” siempre termina pasando por Washington.

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