Estudiando Español en Santiago de Cuba

Michael Shaw (*)

HAVANA TIMES, 16 de mayo — En enero de este año comencé a estudiar español en la Universidad de Oriente en la provincia de Santiago de Cuba.

He deseado hacer esto durante mucho tiempo y en la segunda mitad del 2010 comencé a planificarlo. No fue fácil, pues nunca conseguí que los correos electrónicos que envié a esta institución fueran respondidos.

Afortunadamente tengo un buen contacto en esta ciudad, quien a su vez tiene muchos contactos en la universidad, y con su ayuda conseguí una visa de estudiante, que recogí en la embajada cubana en Londres.

Descubrir cuándo comenzaban las clases y dónde serían fue igualmente difícil. Me las ingenié para investigar junto con la ayuda de mi amiga que debía seguir tres etapas: primero, solicitar y obtener el carné de estudiante (carné de identificación, diferente a la visa que recibes en tu propio país); segundo, firmar un contrato detallando horas de estudio y costo; y finalmente realizar un examen en el departamento de idioma para determinar qué nivel de enseñanza necesitarías.

Solicitar el carné de estudiante requirió una espera de dos horas fuera de la oficina de relaciones internacionales de la universidad, antes de llenar los importantes documentos (el día anterior tuve que sacar unas fotografias y comprar algunos sellos en un banco específico).

El día siguiente tuve que esperar dos horas más en la oficina de inmigración antes de que fueran firmados, pero me dijeron que la oficina de inmigración no tenía plástico para los carnés y que si quería evitar una larga espera podría comprar el plástico en algún negocio privado. Una mujer en la cola me dio una dirección particular donde podría comprar el plástico y así lo hice, dándoselo después a la oficina de relaciones internacionales de la universidad.

Después tuve que esperar porque llegara la tarjeta de identificación. Llamaba a la oficina dos veces a la semana, y siempre me decían lo mismo: no había llegado todavía. El curso debía comenzar el 18 de enero, por lo que el día 17 llamé y pregunté cómo podía comenzar las clases al día siguiente y me dijeron que no lo hiciera porque primero necesitaba el contrato, que no lo podían completar hasta que tuvieran el número de mi carné.

Afortunadamente mis contactos en la Universidad pudieron ayudarme y después de negociar un poco en mi nombre me entregaron un papel diciéndole a los profesores que podía comenzar las clases sin los documentos requeridos porque estaba esperando que llegaran.

El martes me hicieron un examen sin tener contrato alguno y sin carné, únicamente con un pedazo de papel. Afortunadamente mis tres años de auto estudio con libros y CDs dieron algún resultado, porque me pusieron en el nivel intermedio.

Comencé las clases el día 19. Mis dos compañeros de aula estudiaban solo por cuatro horas, un día a la semana y estaban en su segundo año de estudio. Sentía que debía hacer un poco más, así que acordé tomar dos horas extras de clases, un día más, con un entrenamiento de uno por uno.

Esto duró tres semanas más o menos. Teníamos un aula con aire acondicionado y con una computadora moderna que no funcionaba. La profesora tenía un libro de texto, del cual era coautora, pero no había copias para los estudiantes. Había una pizarra blanca, pero el lápiz estilográfico a penas escribía y era casi imposible leer cualquier cosa que se escribiera allí, sin embargo la profesora era excelente.

Lo malo fue que la profesora nos informó que la siguiente semana iría a dar clases en Venezuela y tendríamos un nuevo profesor en otra sede, nos uniríamos con dos estudiantes de intercambio canadienses, que habían estado estudiando allí desde mediado de enero.

Lo bueno fue que mi carné finalmente llegó después de una espera de 27 días. Esto me dio residencia temporal hasta finales de año cuando podría renovarlo si quería quedarme por más tiempo. Si quería salir de Cuba durante ese año, tendría que pedir autorización. Solo podía estar fuera de Cuba por 180 días seguidos.

El carné me permitía viajar en las guaguas Astro, pagando la misma cantidad de dinero (en moneda nacional) que pagaban los cubanos; visitar los museos pagando el mismo precio que los visitantes nacionales; y también me permitía ir a la Casa de la Música en La Habana o a la Tropicana de Santiago, pagando, también, en moneda nacional.

Las clases con los canadienses fueron en universidades diferentes. En lugar de cuatro horas semanales, eran solo dos, de lunes a jueves. La profesora trabajó con un libro de texto diferente, del cual, igual que el anterior, había solo uno. Después de dos semanas de los nuevos arreglos, nuestra profesora nos advirtió que ella solo nos daría clases los lunes y miércoles. Esta nueva profesora también era muy buena, pero trabajó por un nuevo libro (del cual, también, había un solo ejemplar).

¿Aprendí mucho durante mis tres meses? Debido a que el curso en realidad comenzó el 18 de enero, solo estudié durante 11 semanas, aproximadamente. Sería imposible permanecer durante ese tiempo en un país de habla hispana, recibir tantas lecciones y no mejorar mis habilidades de la lengua española. Sin embrago, después de todas esas clases yo realmente esperaba aprender un poco más

Creo que algo tan sencillo como tener mi propio texto me hubiera ayudado mucho y me hubiera permitido aprender mucho más. Para aprender un idioma necesito verlo, escucharlo, decirlo, pero sin un libro y usualmente sin la posibilidad de leer en la pizarra, uno de los tres sentidos no lo había utilizado. Con gusto hubiera pagado el costo de un libro, también hubiera sido muy bueno no haber cambiado de profesor y mantenerme en el mismo curso.

A pesar de todas las inconveniencias mi intención es regresar en octubre y acabar mis estudios. Estudiar en una universidad cubana, con su falta de recursos y pobre organización, es un gran reto. La ventaja es que los trabajadores son muy entusiastas y muy dispuestos a ayudarte a aprender. Es una gran oportunidad para conocer cómo la vida en una ciudad cubana. Santiago de Cuba es una gran ciudad y no puedo dejar de regresar a ella.

Un amigo mío está estudiando español en la Universidad de La Habana. Su curso parece muy diferente –adecuadamente estructurado, los estudiantes tienen libros y se espera que vayan a clases. Así que si tu principal objetivo es aprender el idioma, La Habana será, probablemente, lo mejor. Yo, me quedo con la forma caótica pero relajada del Oriente.

 

(*) Lee más de  Michael Shaw en su blog en inglés: Tales of the Heroic City

2 thoughts on “Estudiando Español en Santiago de Cuba

  • Hola niño,
    que esperabas ! Estudiar en un pais que ha sufrido un bloqueo, restrictiones desde màs de 57 años ! Cuba es un pais pobre que lucha mucho como sus habitantes.
    Leyendo tu texto, puedo ver que tu español es super bueno, entonces no hagas el llorón jijiji !!!!
    Yo pienso estudiar psicologia en Cuba y no voy a perder mi tiempo estudiando la idioma ! En situación de sobreviviencia, economica o intelectual, las cosas se asimilan mas rápido ! Y antes de irme, no sé si te das cuenta que experimentaste la verdadera vida cubana, las cosas que se hacen “a la Cubana” (he visitado ese pais más de 40 veces y te puedo decir que me encontré en situaciónes desagrables (arrestado y molestado por la imigración pero seran cuentos para mi viejos dias …. )
    No te vayas a estudiar francès en Africa …. jajajaja !!!! Un abrazo ! Olivier y muchas gracias por el cuento !

  • bueno, espero que el caos sea solo suficiente para que no tengas mas problemas que los que has tenido hasta ahora… aunque como extranjero, sin ser chovinista, con seguridad las puertas a las que toques no seran las mismas que las que visiten los cubanos. de todas formas, te deseo suerte, quedate en oriente y ve a la habana de vez en cuando, eso te proveera de un punto de vista bien profundo sobre cuba.

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