Estafas y estafados

Historias de turistas

Por VICENTE MORÍN AGUADO

HAVANA TIMES — Algunas estafas en el único país del mundo con doble moneda.

De los muchos recuerdos y anécdotas recopiladas, no puedo olvidar aquel hombre sentado en el parque, por dónde día a día pasaba yo, cortando camino para llegar temprano a las primeras obligaciones de la jornada.

Era evidente que tenía urgencia de hablar con alguien. Lo decían sus ojos y la ansiedad de los gestos al interrumpir mi paso rápido y preguntarme, balbuceante: Do you speak english, a lo cual respondí con un rotundo Yes I do!

Pasamos rápido la rutina de su país y ciudad, la apartada Vancouver, bien alejada de La Habana, para rápidamente caer en el asunto de su premura: era un billete cubano de la modalidad conocida como Pesos Convertibles, cuya unidad, en aquel momento, equivalía a un dólar de los Estados Unidos.

Como yo también he sufrido al ser estafado, viví en su rostro esa inseguridad de cuándo uno siente que algo no anda bien, que tal vez acabó por hacer lo indebido. De sólo ver el billete, para un cubano era indudable el fraude, pues muy bien claro escribieron CIEN, donde antes decía UN.

Si observaran el billete por su cara principal, llama la atención una evidente falta de concordancia gramatical: tratándose de un peso, no debe agregarse la frase pesos convertibles. Es el singular primero y el plural después. Este detalle refuerza a ojos vista la falsificación.

El canadiense me miraba esperando respuesta y yo, con la contesta de antemano, no hallaba la forma de enfrentarme al hecho consumado. Finalmente encontré el valor para decirle que, lamentablemente, lo habían estafado.

En mi mejor inglés traté de explicarle el asunto, ya sin solución posible. Únicamente podíamos conocer el cómo de lo sucedido y sacar conclusiones. Esto último es igual a rasgar dentro de la propia herida, pero el hombre hizo honor a la idiosincrasia de sus compatriotas y aceptó el reto.

Resulta que una de esas personas de muy poco honor y tal vez aceptable apariencia, le ofreció “la ventaja” de cambiar a “uno por uno”, entre Dólares canadienses y Convertibles cubanos.

De haber ido a una Casa de cambio, identificadas en Cuba con el acrónimo “CADECA”, el canje hubiera sido un treinta por ciento menor.

Hablando como los policías, el modus operandi se conoce como el clásico “anzuelo” previo a la estafa. Se precisa que la víctima crea en la posibilidad real de obtener una sustancial ventaja, como resultado de la operación en ciernes.

Nos despedimos. El turista rumbo al hotel con sólo un Peso Convertible contra los cien que esperaba obtener, además del día echado a perder. Yo con la esperanza de restaurar un tanto la mala imagen que otro conciudadano le dejó de nuestro hermoso país.

A la mañana siguiente, contestó mi llamada telefónica desde su habitación, con una excusa ocasional y la afirmación de irse a Varadero, paraíso de arenas blancas junto al océano, alejado de cubanos y dobles monedas. Esta vez no funcionó la persuasión. El canadiense estaba muy molesto.

“Pasó el tiempo y pasó, un águila por el mar”…como dicen unos versos del Apóstol de nuestra independencia, José Martí, cuyo rostro honra la moneda nacional.

Esta vez fue un matrimonio portugués, gente joven, a primera vista de no muy altos ingresos. Los rostros eran dos poemas, pero de naturaleza diferente: el de la mujer épico, el del hombre trágico. La mujer, agrego, estaba casi convencida del error de su marido, mientras él todavía dudaba.

Yo salía de la iglesia cuando me abordaron y la portuguesa me conminó a sacar a su esposo de la duda, por lo visto, obviando lo sucedido como algo sin solución. Una vez más tomo un billete en las manos y de nuevo está claro el engaño, pero ahora es técnicamente distinto, como diríamos en lenguaje policial.

Eran dos billetes de a cincuenta pesos, pero de la denominación Moneda nacional, equivalente cada veinticinco a UNO del Peso Convertible Cubano, del cual tienen referencia en la historia anterior.

Otra vez es curioso el uso del idioma, propiciando con su ambigüedad y falta de precisión, la consiguiente estafa:

Resulta que aún hoy, cuando esto escribo, años después de lo sucedido, circulan billetes con una curiosa inscripción, totalmente fuera de uso, creo yo copiada de los dólares estadounidenses.

Tomo en mis manos un billete del año noventa y uno, serie CA 80, número 411344 y les copio textualmente los recuadros en la parte baja, anterior y posterior del signo monetario:

“Garantizado íntegramente con el oro, cambio extranjero convertible en oro y todos los demás activos del Banco Nacional de Cuba. Este billete constituye una obligación del Estado Cubano.”

“Este billete tiene curso legal y fuerza liberatoria ilimitada, de acuerdo con la ley, para el pago de toda obligación contraída o a cumplir en el territorio nacional.”

El estafador, lee con énfasis los textos anteriores a su víctima, asegurándole que se trata de Moneda Convertible, consumando así el Timo.

De cualquier forma, los turistas debieron cambiar en un banco, que abundan en toda La Habana y el resto de Cuba, o especialmente en las Casas de Cambio, reitero, CADECAS.

Sin embargo, con los ibéricos la historia tuvo un final feliz. Los exiguos CIEN PESOS, moneda nacional, bastaron para al menos llegar a su hotel. El matrimonio se reconcilió y a la mañana del nuevo día nos vimos andando las calles habaneras.

De mi parte fue aliviar el trastorno por el pecado que otro cometió, explicándoles todo lo bello de mi país, mientras escuchaba embelezado de sus excelentes ahumados, allá en Braganza, cercana de la Galicia de mis abuelos.

Puedo decir los nombres de las personas involucradas en ambas historias, pero como los estafadores generalmente desaparecen sin dejar rastro, es mejor guardar la experiencia.

Además de la imprescindible alerta para cualquier visitante, aprendí que aún en las peores circunstancias se pueden hacer amigos.

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