Estadios, pelota y afición: ¿es posible en Cuba?

Partido de béisbol Cuba-Venezuela en West Palm Beach, Florida en mayo de 2021. Foto: Captura de Video / TVC

Siento como si en cualquier momento en vez de corear ¡Se va!, se escuche el ¡Patria y Vida!

Por Ronal Quiñones

HAVANA TIMES – La pelota cubana regresó hace alrededor de un mes con el inicio de la Serie Nacional 61, pero lo más importante es que regresaron los aficionados a las tribunas, luego de más de un año sin poder darle al equipo de sus amores el calor que merece.

A pesar de que la pandemia de Covid-19 todavía no termina, en todo el mundo se levantaron las restricciones más severas y la vida ha vuelto casi a la normalidad, incluyendo el deporte.

Cuba no es la excepción, y ya se permite la entrada de público a los estadios, en teoría cumpliendo medidas de distanciamiento social, pero en la práctica con bastante libertad. Si bien se regula la entrada de aficionados a un por ciento determinado de cada instalación, una vez dentro solamente se vela porque cada persona porte adecuadamente la mascarilla, y no tanto porque exista la separación adecuada entre uno y otro.

Esto último es aquí también muy difícil de controlar, porque la mayoría de las gradas en nuestros estadios son de cemento, sin asientos individuales.

Pero más allá de la pelota, la aglomeración de personas en las tribunas me remite inevitablemente al 11 de julio, y siento como si en cualquier momento en vez de corear ¡Se va!, se escuche el ¡Patria y Vida!

Evidentemente sería un contexto ideal para iniciar una protesta masiva, pero complicado por la militarización de los estadios, donde existe por lo general un efectivo policial por cada tres metros. Ojo, no es que estén temiendo un estallido, siempre ha sido así, porque la pasión de los fanáticos cubanos a veces desborda las reglas de buen comportamiento.

Recordemos que, en mayo del pasado año, cuando se celebraba el torneo preolímpico de béisbol en la Florida una muchacha entró al estadio portando un cartel en el que se leía Free Cuba! y enseguida la Federación Cubana emitió una protesta oficial para que no se repitieran estos hechos, aunque no pudo evitar que desde las tribunas se siguiera sintiendo la nueva consigna.

En 1999, cuando la selección nacional fue a devolver la visita a los Orioles de Baltimore, o en los Juegos Panamericanos de Indianápolis en 1987, también se lanzaron personas al terreno para exigir el respeto a los derechos civiles en la mayor de las Antillas, pero aquí nunca ha ocurrido nada similar en los últimos 60 años.

Hubo dos antecedentes en Cuba antes de 1959, cuando en noviembre de 1952 y diciembre de 1955 un grupo de jóvenes se lanzó a la grama del estadio Latinoamericano con una pancarta gigante para protestar contra la dictadura de Fulgencio Batista.

De aquel último incidente se recuerda también la actuación digna del árbitro del encuentro, Amado Maestri, quien no permitió que la policía golpeara a los manifestantes, un gesto que dudo mucho haga ninguno de los que hoy imparte justicia en nuestras Series Nacionales de béisbol.

Igual de impensable es que se repita la amnistía con los cientos de procesados y encarcelados por las protestas del 11 de julio, y pudieran recuperar su libertad en menos de dos años, a pesar de que no mataron a nadie, como sí lo hicieron los asaltantes al Cuartel Moncada de Santiago de Cuba y el Carlos Manuel de Céspedes en Bayamo.

Son parte de las paradojas de este sistema supuestamente más humano, pero implacable con cualquiera que intente ponerlo en duda.

Volviendo al estadio, una manifestación espontánea salida de las tribunas, que pudiera ocurrir incluso en medio de una transmisión televisiva que actualmente sale en directo por Internet para todo el mundo sería de enorme impacto.

Me imagino que las cámaras se apagarán de repente, nos pondrán a los narradores o directamente nos vayamos a promociones para que nadie vea lo que sucede en el lugar.

Quizás los policías uniformados repitan su actitud del año pasado de poco enfrentamiento (más bien de retirada al sentirse en minoría), hasta esperar los “refuerzos” de las tropas especiales y las brigadas de respuesta rápida.

Todo esto es especulación, y creo que ningún grupo de oposición ha pensado en esta fórmula, pero podría ocurrir.

Claro, la represión en los últimos meses y los juicios ejemplarizantes tiene atemorizada a la mayoría de la población, pero siempre quedan personas que no tiene miedo a arriesgar su pellejo, o su nivel de aguante ya no da para más.

Como habíamos comentado anteriormente, también buena parte del sector más descontento de la población cubana huye por la vía Nicaragua, y la masa opositora sigue perdiendo elementos por esta vía, amén de que muchos de sus líderes están encarcelados.

El clima de pánico que existe en la isla hace pensar que no hay opositores suficientes como para lograr un cambio desde adentro, y el mundo sigue mirando hacia otra parte, ahora con más razón por la tensa actualidad en Ucrania.

Por eso siguen campeando por su respeto la desesperanza, la impotencia de las masas para intentar el cambio, el conformismo y el miedo a empeorar las cosas por expresar descontento.

El escenario para levantar al pueblo es el ideal, hasta con cámaras si se diera el caso, pero no sé si llegará a ocurrir en algún momento. Ahí lo dejo.

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