¿Está Cuba lista para el desarrollo del turismo?

Por Osmel Ramírez Álvarez

Calle O’Reilly en La Habana Vieja.

HAVANA TIMES — Existe un plan maravilloso de crecimiento y desarrollo del turismo en Cuba, que prevé alcanzar las 103 mil habitaciones para el 2030. Actualmente contamos con 64 mil. De concretarse, representaría un crecimiento del 60% en apenas 13 años. Sin duda, una meta ambiciosa y posible, al menos, técnicamente hablando.

Es muy acertado rescatar la función del Turismo como el sector puntera, locomotora del desarrollo general de la economía cubana. Tenemos un potencial increíble en ese ramo, y aprovecharlo para impulsar desde su logística y desde su aporte de capitales a los restantes, es una excelente estrategia.

El plan incluye construir 224 instalaciones nuevas y ampliar otras 32, que sumarían casi 40 mil nuevas capacidades. Además de 40 proyectos extrahoteleros, 17 de ellos dirigidos a recuperar el Campismo Popular, el cual ha comenzado a incursionar también en el turismo internacional. Por suerte nuestra etapa vacacional no coincide con la alta del turismo extranjero, de lo contrario perderíamos esa opción de ocio, como el resto.

Esos planes se expusieron en la conferencia: “Desarrollo y perspectivas del turismo y su encadenamiento productivo con el resto de la economía”, como parte de la Feria de Negocios que sesionó en EXPOCUBA del 10 al 25 de mayo pasado. Ello representaría la capacidad de recibir más de 7 millones de visitantes, suponiendo un incremento igual en el número de habitaciones particulares que también crece exponencialmente.

Y en verdad es inmensa la repercusión que tendría en muchos otros sectores. Imaginen los volúmenes de materiales de construcción necesarios, pagados en divisas por las contratistas; los ingresos de las empresas constructoras nacionales; la posibilidad de crecimiento agrícola para abastecer el consumo duplicado; la posibilidad de empleo; los ingresos por servicios de transporte aéreo y terrestre; renta de autos; el impacto en la gastronomía estatal y privada, y la oportunidad para nuestra industria al tener un mercado para producciones de consumo permanente como rones, cerveza, tabaco, equipos de mueblería, climatización, etc.

Turistas por La Habana. Foto: Juan Suárez

Luego con las utilidades del turismo se podría reinvertir esos capitales, asociados a otros, en sectores estratégicos como la minería, la propia agricultura, la producción de azúcar, la industria ligera, la alimenticia, el transporte, la farmacéutica, y así por el estilo.

Un plan como este luce viable y prometedor. Y es muestra del potencial que tenemos. Además contamos con una población instruida, distribuida de forma bastante homogénea por toda la Isla y una naturaleza privilegiada.

Pero el plan puede ser bueno y el potencial alto, y aun así tenemos un punto cojo, capaz de echarlo por tierra y convertirlo en un fracaso más, como ha sucedido con muchos otros a lo largo de estos 58 años de Revolución: el modelo económico cubano es disfuncional, no tiene autonomía, es ineficaz y segrega una parte significativa de nuestro pueblo (los emigrados).

Es algo palpable y los cambios que se han hecho son tan tímidos y someros que no llegan siquiera a estimular su funcionamiento ni un tantito. No en vano Raúl, tras más de una década en el poder, no ha podido mostrar un resultado favorable. Más bien el país se ha sumergido en una nueva crisis, a pesar del pequeño empuje del turismo tras el restablecimiento de las relaciones con los EUA y la visita de Obama.

La modificación reciente del sistema empresarial cubano, supuestamente para aclimatarlo a las demandas del crecimiento deseado, son tan falsos que no salen del papel. En la práctica sigue siendo el mismo modelo centralizado, estático y lineal de siempre, lo que hace que nuestros directivos económicos no sean en verdad empresarios, sino simples marionetas del aparato político-burocrático.

Al escucharlos hablar al respecto en la conferencia se nota el montaje teatral para entusiasmar financistas externos; ninguno de ellos puede decidir aprovechar ninguna oportunidad, solo pueden si son autorizados y financiados desde sus respectivos ministerios. Como se dice, en Cuba la pirámide está invertida.

Calle Obispo de La Habana Vieja. Foto: Juan Suárez

Ese gran problema, sumado a las limitaciones de crecimiento al sector privado, a las restricciones del bloqueo estadounidense y a las demandas internas en materia política e institucional, minimiza una oportunidad que se pinta realmente extraordinaria.

Porque inevitablemente todo parte de ahí, de encaminar cualquier proyecto-país desde la base sólida de la democracia y el respeto a los derechos humanos. Aspirar a desarrollar el país con soluciones mágicas y voluntaristas, como un crecimiento dadivoso del turismo o el descubrimiento de abundante petróleo en el Golfo, es incierto y mezquino.

¿Con eso es con lo que cuenta el plan de Raúl, para así vendernos la idea falsa de que la Revolución es exitosa y viable? Si no despiertan, o los hacemos despertar, o rescatamos nuestra soberanía, jamás tendremos prosperidad. Igualmente sin el fin del bloqueo un gran crecimiento turístico es incierto.

Está claro que por las condiciones favorables actuales el turismo va a crecer en cierta medida, pero no hasta los niveles que promete y ofrece nuestro gran potencial. Evidentemente Cuba no está preparada, con sus formas actuales de organización social, para semejante crecimiento, ni para aprovechar las enormes posibilidades que se nos ofrecen por su medio. Es un verdadero crimen seguir como estamos, varados y con tantas ganas de andar.


4 thoughts on “¿Está Cuba lista para el desarrollo del turismo?

  • el 11 junio, 2017 a las 4:44 am
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    Estimado Osmel Ramírez Álvarez:

    Ni he tratado en modo despectivo a “los cubanos” ni tanto menos hablo en modo superficial.

    En lo primero, ¿me va a decir que hablar de la indolencia, la doble moral, la corrupción y la falta de educación cívica del pueblo en general, significa “tratar en modo despectivo al cubano”? Es una simple constatación de la realidad de la Cuba actual. Expresada (a veces hasta en peores términos) incluso ampliamente en este sitio.

    Por otro lado, aunque ni yo ni otros podamos vivir en Cuba porque a la Dictadura no le da su real gana, soy tan cubano como usted, pero igual puedo hablar en modo crítico.

    En cuanto al embargo (no bloqueo) yo hablaba de “suministros” porque ¿de qué le sirve a usted tener las ganancias de los tres o más millones de gringos si no tiene qué comprar o en qué invertir? Justo por eso es que existen “las mulas”, para satisfacer las necesidades del cubano con dinero en Cuba, además de para hacer llegar las remesas en especies a las familias.

    Ppr último, como ya había comentado en otra ocasión, tengo muchos amigos holguineros aquí en Suiza y todos coinciden en que La Habana no es Holguín pero igual hablan de la poca gana que tiene la gente de trabajar y de todo lo que he expresado antes.

    Saludos.

  • el 9 junio, 2017 a las 3:44 pm
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    No concuerdo contigo en algunas cosas: en tu generalizacion despectiva de los cubanos, ni en la creencia superficial de que las mulas anulan el bloqueo y sustituyen las posibles ganancias de tres o más millones de gringos gastando en la isla. He podido constatar que a pesar de la falta de excelencia del producto turístico cubano si desean volver y les encanta la isla. Holguín al menos tiene gran número de visitantes que repiten. No nos ceguemos por la pasión, creo que no ayuda en nada.

  • el 7 junio, 2017 a las 12:46 pm
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    Sobran dos palabras en el título. Lo correcto -en mi poca humilde opinión- sería: ¿Está Cuba lista para el desarrollo? (Saque usted sus propias conclusiones)

  • el 6 junio, 2017 a las 9:59 am
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    Estimado Osmel Ramírez Álvarez:

    En honor a la verdad, en esos planes hay más de un “punto cojo” como le llama usted.

    No es solo que “el modelo económico cubano es disfuncional, no tiene autonomía, es ineficaz y segrega una parte significativa de nuestro pueblo”.

    También debe contar el tremendo daño antropológico causado en la manera de ser y comportarse del pueblo que provoca que el cubano se haya acostumbrado a hacer el menor esfuerzo posible en el trabajo, a ser poco respetuoso e incluso vulgar, a que el robo es legal por aquello de que “ladrón que roba a ladrón…”, etc.

    No es solo el “sistema económico” lo que no funciona. Simplemente no funciona todo el sistema, porque la corrupción lo permea todo como también la displicencia.

    Un turista, cuando se siente realmente mimado y tratado con honores, puede hacer pesar menos la falta de instalaciones. Lo que vale es la experiencia que vive el turista y será después lo que ese mismo turista contará infinidad de veces a otras personas. Es esa la mejor campaña publicitaria.

    El problema fundamental es que el turista en Cuba se encuentra con toda una serie continua de malos tratos, falta de profesionalidad, engaños, etc. y a eso le agregan la carencia de infraestructuras. Es “el todo” lo que provoca que la tasa de viajeros que repiten sea mínima. Fundamentalmente el turismo extranjero que repite pertenece mayormente a dos categorías: los progres de izquierda, generalmente de asociaciones de amistad con Cuba, y los que buscan (y encuentran) sexo.

    Una precisión: le recuerdo que el “bloqueo” no existe, lo que existe es un embargo.

    Y es un embargo que siempre ha hecho aguas por todas partes pues desde la Causa 1 de 1989 se sabe perfectamente que para los caprichos de Castro I no había ningún “embargo” ni tanto menos para las necesidades de la claque suprema.

    El problema de comerciar con Cuba, en todos estos años, ha radicado fundamentalmente en el hecho de que la Dictadura es un cliente pésimo para respetar los acuerdos y muy, pero muy, mal pagador.

    Por otro lado, ya hace años que en el sector privado las mulas han convertido el famoso embargo en un colador.

    Los problemas de Cuba, están en Cuba y en los cubanos. No tiene sentido continuar echándole la culpa (toda, buena parte o un poco) a USA por la historia del embargo.

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