En Nicaragua necesitamos un diagnóstico masivo sobre la epidemia de covid-19

Foto: EFE / Confidencial

Aunque a la fecha el Gobierno reconozca únicamente cinco casos positivos, se desconoce el número real de casos de COVID-19 en Nicaragua

Por Jorge A. Huete-Pérez*  (Confidencial)

HAVANA TIMES – Las pruebas para el diagnóstico de covid-19 son consideradas una herramienta esencial en la lucha contra la pandemia que al 31 de marzo del 2020 había infectado a más de 900.000 personas y causado la muerte de más de 47 mil en todo el mundo.

Las pruebas, junto al aislamiento y el rastreo de contactos, han sido la piedra angular de la estrategia para enfrentar la pandemia.  Por ello, a tan sólo cinco días de declararse el estado de pandemia global, el Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), hiciera un llamado urgente para que todos los países consideraran las pruebas de diagnóstico del coronavirus como un asunto de la mayor prioridad.

La importancia de detectar en tiempo cualquier brote del virus ha sido reconocida por la comunidad científica internacional, resaltando la experiencia de los países que han logrado manejar exitosamente la epidemia (Singapur y Corea del Sur, entre otros) porque realizaron centenares de miles de pruebas desde el primer momento. Por el contrario, los países que han manejado la epidemia deficientemente, como EE.UU. y España, son aquellos que no muestrearon o rastrearon los brotes en tiempo, conllevando a que se atascaran de enfermos los hospitales y clínicas, causando también una sobrecarga intolerable para el personal médico.

En el diagnóstico de covid-19, el uso de la técnica llamada reacción en cadena de la polimerasa (PCR) ha resultado decisivo. Esta técnica de biología molecular permite detectar la presencia del virus (SARS-CoV-2) a partir de mínimas cantidades de material genético viral (ARN) que se obtiene de un hisopado de nariz y garganta de la persona afectada. Dado que es una técnica muy versátil inventada hace varias décadas, incluso los países más pobres cuentan ya con ciertas capacidades para este tipo de diagnóstico.

Foto: Cortesía | Manuel Esquivel

En Nicaragua, desde los años 90 el MINSA disponía ya de algunos técnicos que habían ido empleando la técnica de PCR en la detección de varios patógenos, contando con financiamiento internacional y con décadas de colaboración con prestigiosos laboratorios norteamericanos.

Por ello ha sido desatinado que a pesar de contar con capacidades técnicas para la detección del coronavirus, el Gobierno haya optado por no implementar la prueba de diagnóstico de manera sistemática, generalizada y en su debido momento, como se debió hacer desde febrero pasado a la llegada del virus a la región.  Esa situación se vio agravada porque Nicaragua había quedado totalmente expuesta al no establecer las medidas de contención del virus como el cierre de fronteras, restricción de la entrada de turistas provenientes de países afectados o la imposición de cuarentenas, como lo hicieron todos los gobiernos centroamericanos.

Aunque a la fecha el gobierno reconozca únicamente cinco casos positivos, se desconoce el número real de casos de COVID-19 en Nicaragua.  Esa escasez de casos solamente puede explicarse porque no se han realizado las pruebas suficientes.  Resulta deplorable que los funcionarios del MINSA admitieran hace tres días haber realizado únicamente alrededor de 200 pruebas, cuando a estas alturas deberían haber culminado al menos 3 mil o 5 mil, considerando las capacidades de un modesto laboratorio.

Tómese en cuenta que lo que el Gobierno llama “casos positivos” son los casos que han logrado identificar o, quizás, cuanto les parece conveniente consentir. Después de todo, ocultar información y desinformar ha sido la regla perenne.  Peor aún, considerando que por decisión gubernamental se programan actividades multitudinarias, contradiciendo las recomendaciones de la OMS.

Ese tipo de decisiones basadas en meros cálculos políticos y en menoscabo de los criterios científico-técnicos que sí deberían de prevalecer, ha causado inmensos daños sociales y económicos al país en ocasiones anteriores – mencionemos el fallido proyecto del canal interoceánico, la destrucción de las reservas naturales y la ruina del sistema de seguridad social – todo lo que ha conllevado a la debacle institucional en la que se encuentra el país.

Aún con tanto retraso, conviene empezar a realizar pruebas de manera masiva a lo inmediato. Por lo menos podría hacerse aleatoriamente en los aeropuertos y puestos fronterizos, en los barrios más poblados del país, así como priorizar a pacientes con neumonía, cuyo cuadro clínico se superpone con el de COVID-19.  Aunque lo lógico, desde el punto de vista epidemiológico, era realizar pruebas de manera generalizada al menos desde las primeras semanas del brote en Centroamérica, aún conviene descubrir los focos principales de la epidemia. Esto no solamente importa porque sin un diagnóstico correcto no se conocería el número de afectados sino porque tampoco se podrían tomar las medidas correspondientes. Sin un muestreo adecuado nunca podrá conocerse la magnitud verdadera de la epidemia en Nicaragua.

Foto: Carlos Herrera / Confidencial

Afortunadamente, ya otros países cuentan con pruebas serológicas más rápidas y baratas para la de detección del covid-19 y fácilmente se podrían importar kits de diagnóstico. Mientras la técnica de PCR, cuyos resultados se obtienen en 3 o 4 horas, exige un laboratorio equipado y personal altamente calificado, las pruebas serológicas, en cambio, sólo requieren entre 5 y 15 minutos, son baratas y no se necesita personal especializado.  Estas pruebas rápidas ya en uso en Europa podrían ser incorporadas a la detección general, auxiliando al laboratorio central cuando estuviera sobrecargado.

Además, estas pruebas rápidas (PCR o inmunocromatográficas) que pueden detectar el virus o la presencia de anticuerpos contra el virus, demostrarían la propagación del covid-19, proporcionando información vital para el personal de salud pública.

A pesar de la difícil situación en la que se encuentra el país, abrumado, además, por casi 24 meses de crisis sociopolítica desde la Rebelión de Abril, la ciudadanía misma con mucha sabiduría y coraje ha emprendido sus propias medidas de prevención. Así mismo, la Academia de Ciencias, el Comité Científico Multidisciplinario, varias organizaciones médicas y de la sociedad civil han orientado a la población respecto a la pandemia.

También conviene sumar en este esfuerzo a toda la capacidad científica nacional que, formada durante cuatro décadas de investigación continua, representa un recurso incuestionable de las universidades. Estos investigadores e investigadoras pueden aportar conocimientos e investigar la realidad, desde una epidemióloga independiente monitoreando la presencia del COVID-19 y el estado de multi-morbilidad en los hospitales o centros de salud, hasta un biotecnólogo identificando las mutaciones del virus que a la fecha presenta al menos ocho variantes. Biólogos moleculares pueden determinar la secuenciación genómica y las mutaciones del virus en Nicaragua, explicando, por ejemplo, cómo entran las diferentes cepas del virus en las células lo que ayudaría a seleccionar los medicamentos apropiados.

Equipos médicos podrían realizar estudios clínicos uniéndose a Solidarity, un consorcio internacional que busca comprobar la efectividad de varios fármacos contra el virus. Equipos interdisciplinarios de estudiantes de ingeniera, biología y medicina podrían reconstruir o innovar ventiladores artesanales de bajo costo y otras soluciones prácticas. Activar el sistema de investigación nacional en torno a la epidemia serviría para mejorar la atención primaria y la supervivencia del paciente.

Una necesidad apremiante es fabricar equipos especiales de protección para que los profesionales de la salud puedan con seguridad enfrentar el escalamiento acelerado de la infección que podría ocurrir en pocas semanas.  Ha sido escandaloso e imperdonable que hayan lanzado a médicos, personal de salud y brigadistas, al frente de batalla indefensos, sin mascarillas, guantes y otros suministros imprescindibles.

Por otra parte, ojalá las medidas tomadas por otros países vecinos, como el cierre de fronteras, la disminución de vuelos internacionales y la baja del número de turistas, hayan disminuido la cadena de propagación del virus hacia Nicaragua lo que habría repercutido en retrasar el impacto del COVID-19. A medida que las pruebas se generalicen y aumente el número de casos confirmados, comenzará a surgir una imagen más clara del ritmo de propagación del virus en Nicaragua.

*PhD. Biólogo molecular

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