El tiempo se está comiendo a Pinar del Río (2nda Parte)

Vicente Morín Aguado

El reloj que marca el tiempo en Pinar del Río.
El reloj que marca el tiempo en Pinar del Río.

HAVANA TIMES — El Globo resultó ser un refugio seguro, aunque como hotel está en ruinas. No hay agua en las habitaciones, muchos cuartos cerrados y escasos servicios gastronómicos. Los trabajadores te ofrecen una inmensa amabilidad, pero muy poco pueden dar en realidad.

El edificio era bonito, con sus dos primeras plantas construidas según el eclecticismo típico en Cuba a comienzos del pasado siglo. Un tercer piso impuesto posteriormente, de líneas geométricas llamadas “modernas”, modernidad reforzada con ventanas de acrílico, está evidentemente en bronca con la edificación anterior, echándolo todo a perder.

Leer la primera parte

Tal parece que el Globo se nos cae, pero aún resiste. Mostrando su orgullo de antaño, un reloj da la hora puntualmente desde una torre, marcando la esquina con la calle Martí, arteria principal de la ciudad, realmente un pueblo grande en medio de la campiña.

Mi última noche pinareña fue difícil, luego de dos días lloviendo. Antes dormía con la frescura de las aguas recién caídas, pero al dejar de llover, ni siquiera un soplo de viento animaba la noche.

Tenía un aparato de aire acondicionado. Solicité el servicio, recibiendo la negativa porque, “solamente el administrador autoriza” y siendo tarde en la noche, tan poderoso señor no estaba presente.

Abrí la puerta del balcón con la esperanza de refrescar pero nada, el aire, profuso días atrás, no apareció en toda la madrugada. Entonces vino la filosofía, entre sudores, el acuéstate y levántate, junto a la expectativa de un pasaje de regreso a La Habana.

Escuchaba claritas las voces de los jóvenes, caminando por la calle principal de la ciudad, justo debajo de mi balcón. Primero muchos chicos, gritando con la voz alta de sus rones, las demandas de la noche. Muchachas alegres y algunos defraudados porfiando deudas de diferentes tipos.

Después, al avanzar la noche, los tonos de voz cambiaron hasta predominar voces masculinas afeminadas, nuevas porfías, ahora con fraseología diferida, entre tanto se marchaban a casa los bebedores empedernidos. Únicamente el sonido de una campana rompía mis ensueños, anunciando el paso inexorable del tiempo.

Aburrido, con la imposibilidad de conciliar el sueño, consultaba mi reloj: Dos de la mañana, dos golpes de badajo; dos y treinta, un campanazo adicional; y así sucesivamente hasta la salida del sol.

Amaneció. Dejé la habitación de El Globo y antes de caminar hacia la estación de ómnibus, observé detalladamente al acompañante de mi vigilia: las manecillas eran precisas, una campana sobre el techo de la torre, mostraba el singular mecanismo, capaz de entretenerme durante una noche interminable en una habitación de hotel sin ventilación alguna, disfrutando de un verano tropical adelantado.

Sobre la parte puntiaguda de la campana, en posición perpendicular, funcionaba una rueda dentada que controlaba los golpes del badajo, pegando al carillón sobre su cara exterior.

Según me dijo el administrador al entregarle la llave del cuarto, un viejito, maestro relojero, mantenía el artefacto en forma, orgullo del pueblo, digo, la ciudad.

No le hice comentarios al administrador, tal vez Gerente o Cacique de El Globo, sobre la mala noche pasada, de hacerlo podía enredar al vigilante nocturno. De cualquier manera yo me iba con la posibilidad de un necesario regreso. Les dije y lo reitero, recordando al gran Federico de Andalucía: “La luz del entendimiento me hace ser muy comedido.”

La vuelta en la terminal resultó copia de la partida desde la Capital días atrás. Volvieron a cargarme, montándome en la Yutong, sin boletín, pero con dinero previamente abonado. No hubo tiempo ni para hacer pipi antes de marcharme.

Volveré a Pinar del Río. El Gong de El Globo me llama. En el restaurante La Marina cuatro ventiladores chinos, marca Wahson, me esperan.

Vicente Morín Aguado.  morfamily@correodecuba.cu

3 thoughts on “El tiempo se está comiendo a Pinar del Río (2nda Parte)

  • Repito, me ha gustado tu mirada de fotografia social de mi Pinar del Rio. Es cierto es asi, es una pena, es una pena. Pero se te paso por alto que una esquina hacia arriba en la misma acera del Hotel Globo, queda la estructura de otro hotel que esta esperando desde hace anhos una mano. Hace mas de 5 anhos que no voy a Pinar del Rio, pero si el Globo esta asi, apaga y vamos…!. Le espera el mismo destino que su hermano de esquina el Hotel Comercio. Es una pena como se ha quedado la ciudad de Pinar del Rio. Otra cosa, ese viejecito relojero es toda una institucion en Cuba, en Pinar. Ese reloj no falla en su hora. No se si habran preparado algun relevo de este maestro hijo de Cronos. Zacarias Monterrey

  • Tal parece que si algo no esta en el internet no existe! :-)

    aquí el site de la marca wahson

    http://www.wahson.com/TABLE%20FAN.htm

    los ventiladores que producen ahora lucen un poco mas modernos y mas plásticos. En mi casa recuerdo que teníamos un ventilador americano que tenia creo mas de 100 años marca Vornado! y todavia funcionaba!
    Acá vi la misma marca y compre 3 en un ataque de nostalgia! :-)

    http://www.vornado.com/choose-a-vornado-site.aspx

    Lo mismo con otros equipos. Antes construían las cosas mejor. Hoy día todo parece estar programado a durar 5 anos o menos.
    Obsolescencia programada.

  • Vicente:

    Acá has puesto nostálgica a una colega china, a la que mostré la foto del Wahson de tu hotel. Te cuento que esa fábrica está produciendo desde 1914 en Shanghai, y que hoy sigue sacando ventiladores de todo tipo (con precios que van de unos 12 a 30 dólares), incluidas muy buenas cafeteras eléctricas desde hace un tiempo. Y de que son duraderos los dichosos aparatos, no lo dudes, para los que acusan a los productos chinos de ser pacotilla. Mira si es así que la colega de marras compró uno en 1972, en plena Revolución Cultural, y aún lo conserva. Me cuenta que para adquirirlo, ella y su marido, por aquel entonces muy jóvenes y recién casados, obtuvieron el Wahson sumando los salarios de un mes de ambos (por aquella época percibían unos 20 dólares al cambio actual en conjunto), tras sacarse un cupón en una rifa del centro de trabajo (entonces todo en China se compraba por cupones, equivalente a nuestra libreta). ¡Cómo cambian los tiempos, Venancio!

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