El poder real de la Iglesia católica cubana

Vicente Morín Aguado

HAVANA TIMES — Sucede que de sólo mencionar las palabras Iglesia Católica, suele aceptarse que se trata de una institución poderosa, con inmensa influencia política en todas partes. Abordando el tema aterrizo en Cuba.

La iglesia en cuestión debe verse con un doble rasero: estado Vaticano y congregación religiosa.

En el primer caso goza del poder propio de un estado reconocido internacionalmente, con relaciones diplomáticas que protegen y a la par obligan, peculiar en sí misma, dada su extensión por casi todo el planeta, contando con una población selectiva, integrada por el personal religioso, conscientemente disciplinado y organizado en numerosas instituciones bajo una administración vertical.

Indudablemente que es poderosa la Iglesia vista de la primera forma. Ahora bien, tal poder no expresa de por sí un nivel determinado de influencia política en cada país donde existe el cuerpo eclesial.

La historia de Cuba es un buen ejemplo, atacada continuamente por un estado de partido único, proclamado ateísta científico, la referida estructura peculiar le sirvió al catolicismo como medio de supervivencia.

Sin embargo, aunque resistió el fuerte embate de la revolución, no por ello la congregación religiosa ganó en influencia sobre la población cubana. El estado laico, formalmente permitió todo tipo de cultos dentro del respeto a la ley. Eran los años de un casi absoluto apoyo popular al liderazgo revolucionario.

Del seminario católica de La Habana

Finalizando la década del ochenta se viene abajo el socialismo euroasiático, entrando Cuba en su llamado Período Especial. El advenimiento de la crisis condujo al Partido Comunista de Cuba al antes impensable paso de aceptar a los creyentes dentro de su membrecía. Nuestro país comenzó a vivir una auténtica efervescencia de cultos. Las religiones se pusieron de moda, pero no en especial la católica.

El pueblo cubano, abrumado en lo material, espiritualmente desilusionado, acudió al refugio que siempre ofrecen las devociones, tornándose cristiano protestante o santero. La primera variante latía minimizada, disgregada por toda la nación, viviendo en cada barrio, ágil, cercana a la gente, lista para asumir la evangelización que los potenciales fieles esperaban.

Los santeros eran parte de la vida popular, ahora renacían con la fuerza de sentirse permitidos, un tanto protegidos además por su vínculo cultural, folklórico, bien aprovechado como atracción turística, dado el auge de este renglón emergente de la economía nacional.

No fue un momento especialmente propicio para los católicos cubanos, aunque me atrevo a decir que se quedaron por debajo de las expectativas en cuanto a su capacidad de reacción evangelizadora. Acostumbrados a la estructura “Estado dentro de otro estado”, que bien les sirviera para sobrevivir, siguieron utilizándola como prioridad, sin ganar apoyo popular.

De ahí que hoy, al paso de dos décadas, cuando nadie habla ya de período especial, los católicos están a la zaga en cuanto a su captación de feligreses si se les compara con las otras religiones de amplia práctica en Cuba, por tanto, su capacidad de convocatoria es muy limitada.

Del seminario católica en las afueras de la capital.

Hay una importante contradicción en el proceso que venimos describiendo: mientras los cultos de la santería, junto a los cristianos protestantes, acapararon la mayoría de los nuevos devotos, estos grupos carecen de la fuerte estructura de gobierno inherente a la Iglesia Católica. Tal dilema reduce en ambos casos sus potencialidades políticas.

Los santeros, mayormente de la conocida Regla de Ocha Ifá, se agrupan oficialmente en la Sociedad Cultural Yorubá de Cuba, en tanto los protestantes crearon el Consejo Ecuménico de Iglesias.

Ambas instituciones apoyan abiertamente el proyecto revolucionario, en tanto el catolicismo se ha permitido un distanciamiento, una neutralidad, dada su referida condición de estado dentro de otro estado.

Recuerdo que en abril del 2011 el PCC convocó a un encuentro de asociaciones religiosas en pos de una alianza con el futuro de la nación, contando con la entusiasta participación de los yorubás, los pastores cristianos y hasta los masones, estos últimos no exactamente una religión.

En esos momentos el Cardenal Jaime Ortega Alamino declaró: “Ni vertical ni horizontalmente la acción de la Iglesia se funda en alianza alguna, sino que brota del derecho que tiene el cuerpo eclesial de hacer presente el amor de Jesucristo en el mundo según su propia misión. El estado cubano no tiene en la Iglesia ni un aliado ni un enemigo.”

Se reconoce igualmente que la limitada capacidad de difusión mediática del catolicismo en el interior de la nación, ofrece espacios al debate abierto, culto, respetuoso agrego, en torno al presente y el futuro de Cuba, con una actitud crítica ante la actividad gubernamental. No es lógico pedirles aquello que es ajeno a su filosofía y papel dentro de la sociedad. Como bien ha reiterado el Cardenal cubano, “la iglesia no puede ser el partido político de la oposición inexistente hoy en Cuba.”

Havana Sacred Heart Church
Havana’s Sacred Heart of Jesus Church

Creo firmemente, con la sabiduría milenaria que si caracteriza al cuerpo eclesial, que la Iglesia Católica cubana está consciente de sus limitaciones, particularmente en cuanto a una influencia real sobre los feligreses que acuden a sus templos, muchas veces impresionados por el decorado interior o la magnificencia del espectáculo propio de un bautizo, que por la fe personal en las prédicas del Cura oficiante.

¿Qué pueden hacer los católicos para cambiar la realidad? La respuesta toca a ellos mismos. Hasta hoy, considerándolos una fuerza política real, lo son, dentro del contexto nacional, no recomiendo exagerar su lugar a la hora de pensar el futuro de Cuba.

De chico visitaba con frecuencia el templo gótico del Sagrado Corazón de Jesús y San Ignacio de Loyola, popularmente conocido como Iglesia de Reina. Miraba hacia lo alto, confundiéndose con el cielo azul la aguja de su campanario, reconocida como el puntal superior de las construcciones cristianas en mi país. Ahora en mi adultez empino los ojos hacia los altos pináculos, sin olvidar que mis pies están a ras del suelo.
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Vicente Morín Aguado: morfamily@correodecuba.cu

One thought on “El poder real de la Iglesia católica cubana

  • “Indudablemente que es poderosa la Iglesia vista de la primera forma. Ahora bien, tal poder no expresa de por sí un nivel determinado de influencia política en cada país donde existe el cuerpo eclesial. ” (https://havanatimesenespanol.org/?p=90692#sthash.NLLOuGdG.dpuf)

    Bla, bla, bla, a que no nos hablas de todo lo que explotaron a los indios y de todos a los que quemaron y de todo el apoyo a regímenes violentos, militares dictaduras, a los nazis, a la dictadura de Pinochet. ¿Qué no tienen poder? Y la historia con Polonia y el Solidarność… ¿Qué se puede juzgar desde dos raseros? Y los casos de corrupción, enriquecimiento ilícito, violaciones a menores, ocultamiento de culpables, negaciones….
    Mientras tanto sigamos creyendo en la Iglesia Católica y en los Papas y que esta institución nos va a traer la ansiada solución a los cubanos. Así va el mundo en pleno siglo XXI.

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