Ernesto Pérez Chang

Edificio de viviendas en la Calle Aguiar de La Habana Vieja. Foto: Juan Suárez

HAVANA TIMES — Aunque el abandono de tantos años le ha borrado el antiguo esplendor, el edificio fue alguna vez un lujoso palacete colonial. Ahora solo es una de las tantas ciudadelas de la calle Aguiar, en el centro de la Habana Vieja, una cuartería donde más de veinte familias se han acomodado como han podido.

Aprovechan al máximo los escasos metros cuadrados donde viven hacinados. Cuando se puede, alguien construye un cuartico más con los materiales que van apareciendo, casi siempre rapiñados en algún lugar próximo donde se ha derrumbado una construcción similar.

Una habitación conquistada a la casualidad será provechosa: los chicos se convertirán en adultos y necesitarán un espacio propio pero, más que esa razón, en la Habana Vieja, una de las zonas más populosas de la ciudad, el asunto de los alquileres por horas se ha convertido en un negocio que no requiere de mucha inversión.

Los clientes no pueden ser demasiado exigentes: turistas en busca de sexo bien barato, aventureros de amoríos circunstanciales, pasiones infieles o proscritas, prostitutas que no clasifican en los estándares de admisión de los hoteles de lujo, parejas de jóvenes o gente humilde que no cuentan con un lugar propio donde pasar un par de horas juntos.

Una noche en una habitación del motel más humilde de Cuba pudiera costar más de dos meses de salario de un obrero. En cambio, una cama desvencijada, cubierta con sábanas sucias, una toalla vieja y un ventilador, son las comodidades que ofrecen esos cuchitriles que abundan en toda la ciudad, hasta en las barriadas y los repartos más alejados del centro.

Una hora de intimidad por 1 cuc, tres horas por 2, toda una noche por solo 5 o 7, esas son las tarifas más bajas. Mejor, imposible. A veces —lo que supondría un verdadero milagro más que un valor añadido— hay agua corriente y baño privado o colectivo. El calor es sofocante, las habitaciones son oscuras y los olores a humedad, sudor y rancio lo envuelven todo, se impregnan en los cuerpos.

Foto: Juan Suárez

Hay cuarterías, como esa de la calle Aguiar, donde casi todos los inquilinos viven de ese tipo de renta. Con frecuencia es el único modo de vida de familias completas que, cuando llega una pareja, deben abandonar los cuartos y esperar en la calle a que transcurra el tiempo demandado por los clientes.

Después, sin esmerarse en la higiene, a toda prisa, alistan la cama para otros extraños, la misma cama donde quizás los dueños o sus hijos deben dormir todos los días.

El negocio rinde para comer y vestir pero no lo suficiente como para hacer grandes cambios, adornar con lujos, mejorar la oferta. Hay jornadas en que los alquileres permanecen ocupados hasta la madrugada y los infantes deben ir a jugar a la calle hasta bien tarde, hasta que los mayores les avisen que ya pueden regresar a dormir.

En los tugurios algo más amplios, a veces la familia permanece en un espacio contiguo mientras la habitación está ocupada. Si hubiera niños, entonces algunos padres los obligan a sentarse frente a la televisión y alzan el volumen para ensordecer los quejidos de goce, las palabrotas, los ruidos de todo tipo.

Saben que puede haber realidades más temibles que los sonidos del placer si no se gana el dinero y, visto así, “solo son gajes del oficio”, dicen algunos.

“Así es el negocio; así es la vida”, y tal vez les alivie pensar que, con el tiempo, al igual que el palacete colonial de la calle Aguiar se fue transformando en una ciudadela gris, esa gente desconocida que entra y sale a toda hora se irá tornando incolora, invisible, inmemorial, quizás de un modo similar a como ven desaparecer las expresiones de asombro y alegría del rostro de sus hijos mientras crecen.

31 thoughts on “El negocio de las horas en la calle Aguiar

  • Eduardo, ¿se te olvido que el gobierno cubano cerro las posadas en La Habana para convertirlas en albergues de familias sin viviendas? con el asinamiento que hay en las viviendas en Cuba ¿donde creer que la gente en La Habana hacen el amor cuando se calientan? De tus comentarios solo puedo deducir que: o eres de la mas alta aristocracia de Miramar o eres un guajiro de la USI.

  • Que triste negocio,hijo de la miseria más espantosa, …ya lo conocía, a alguien conocí, comía y tenía aire acondicionado gracias a estas horas, o a veces días y el se iba a dormir a la sala…y de eso que hablo , fue mucho antes , de que estuvieran las cosas peor que ahorita…pero más triste, es que haya algunos que nieguen esto, …que piensen que , los que refuercen con su opinión o testimonio, estas crónicas de la vida real, en la cubita atroz, están, beneficiándose en alguna nómina, ja ja ja…a veces hay que reír para no llorar, si todo no fuera tan lastimoso y patético, en fin…que aquello, no lo arregla, ni el médico chino, no por ahora.

  • No necesariamente el alquiler esta ligado a la prostitucion, en la zona de Rio Cristal, el 90 % de las casas son de alquiler por horas y resuelven el problema de la falta de privacidad en muchas familias por hacinamiento, por tarros y otras cuestiones en la que puede estar tambien incluida la prostitucion, pero serian los menos. Trabajo cerca y nunca he visto salir parejas de hombres o de mujeres de las casas, casas estas ampias o ampliadas. La higiene es aceptable y el servicio en muchos casos de hotel. Confort garantizado, pero caro. Y han resistido el tiempo, quien no ha oido hablar de Rio Cristal, y no por la piscina. La habana Vieja siempre sera otra historia, otra historia.

  • Eduardo esta historia no tiene que ser contada por Dios para que sea creible, yo que nunca he estado en Cuba desde que sali hacen 42anos, se que se hace eso, la madre de una companera de trabajo mia , que vive en el Vedado tiene un cuarto reservado para ese negocio, y lo hace porque con tres titulos universitarios tu gobierno no le paga lo suficiente para poder vivir. Que tu crees que todo lo insolito que pasa en Cuba no se conoce en el mundo entero?

  • Tienes mucha razón…eso de las “posadas privadas” de hecho nunca dejó de existir, ni siquiera en los ya lejanos tiempo de la bonanza CAME, que las recueredo muy bien. Solo que en aquella época no eran soporte de la prostitución, sino en esencia una contribución de emergencia al deporte nacional del sexo infiel…

  • Pero Pedro, lo del alquiler por horas no está amarrado con la prostitución. Como ya sacó la cuenta el baracoeso, es un servicio que demanda la mayoría de la población sexualmente activa. Y es lógico, nadie va a pagar 100 CUC en un hotel para un ratico.

  • Jajaja, tienes razón María. Casi me olvidaba.

    Pero, a ver, siendo sinceros, aquí todos somos adultos, ese negocio del alquiler por horas debe venir desde la época en que se hacía cola para las Posadas, o sea, desde la época de las Posadas del INIT.

    Claro, cuando las Posadas, finalmente, desaparecieron de la oferta el negocio se habrá de tapado y vuelto más lucrativo. Pero en cada barrio había uno, como los comités.

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