El mapa de la Cuba real

La abstención empezó a crecer en las últimas consultas, pero nunca había llegado hasta el nivel actual

Por Gerardo Arreola* (Confidencial)      

HAVANA TIMES – La crítica al Gobierno de Cuba, en la calle y en las urnas, dibuja la pluralidad de la sociedad de la isla, más cercana a su circunstancia que a los discursos.

El sitio Proyecto Inventario identificó más de cincuenta protestas populares en Cuba entre el jueves 29 de septiembre y el sábado 1 de octubre.

Tomada del sitio Proyecto Inventario

El descontento siguió al corte de energía tras el colapso de la red eléctrica nacional, al paso del huracán Ian, el martes 27 de septiembre.

Pero Inventario ya tenía un registro similar de julio y agosto de este año: reclamos a raíz de los cortes de electricidad por averías en las termoeléctricas, sumados a la falta de agua y la carestía y escasez de productos básicos.

Es decir que el verano de 2022 ha replicado con mayor extensión en el tiempo las protestas de un año antes, el 11 y el 12 de julio de 2021, cuando aún no se precipitaba la serie de apagones que azota a la isla.

El pasado fin de semana, igual que en los meses anteriores y el año anterior, había exigencias por lo inmediato pero, además, señales de una inconformidad mayor, bajo el grito de “¡Libertad!”

En un primer momento, funcionarios y oficiales policiacos intentaron aplacar a la multitud y explicar lo que podían sobre la situación, en ocasiones, incluso, con el reconocimiento explícito de que la protesta es un derecho.

Al mismo tiempo hay testimonios de arrestos y de que grupos de jóvenes transportados en vehículos militares, con palos en la mano, han arremetido contra manifestantes.

Ciertas respuestas de vecinos a los intentos de explicación de los funcionarios en la calle resumen un estado de ánimo: “¡Ya no les creemos!”

Protesta de vecinos en Línea y E, Vedado, La Habana, el sábado 1 de octubre de 2022. Tomado de la cuenta de Twitter de Periodismo de Barrio (@periodibarrio)

Casualmente las protestas de los últimos días ocurrieron justo después de un referendo, que el domingo 25 de septiembre confirmó la aprobación del Código de las Familias, una legislación de avanzada y de amplio respaldo social que, entre otras novedades, recupera derechos para sectores antes agraviados como la comunidad LGBT y las mujeres víctimas de violencia.

A diferencia de otros referendos, como el de la constitución de 2019 o de comicios regulares, esta vez había otros factores en juego, como diferencias de fondo sobre la familia, equidad de género o la autoridad parental; hubo llamados a votar “no” como rechazo al sistema y a votar “sí” por el contenido del Código, sin considerar discrepancias de otro tipo.

El resultado, aunque favorable, revela el peor saldo para el gobierno en una votación nacional.

Según los resultados finales, el número de electores era de ocho millones 447 mil 467, de los cuales ejercieron el voto seis millones 269 mil 427, una concurrencia de 74.22 por ciento. En consecuencia, la abstención llegó al 25.78 por ciento, equivalente a dos millones 178 mil 040 ciudadanos.

Durante décadas la abstención o el voto contrario a proyectos o candidaturas oficiales fue mínimo en Cuba.

La abstención empezó a crecer en las últimas consultas, pero nunca había llegado hasta el nivel actual.

El Consejo Nacional Electoral omitió desglosar los votos anulados o en blanco, pero al descontarse del total de boletas depositadas las que resultaron válidas, cinco millones 909 mil 385, resulta una diferencia de 360 mil 042, un 5.74 por ciento, muy parecido a la tendencia de las última década.

Votaron por el “sí” tres millones 950 mil 288, un 66.85 por ciento. Por el “no”, un millón 959 mil 097, un 33.15 por ciento, una proporción de dos a uno, sin precedente en la trayectoria electoral cubana.

Al parecer se fueron para siempre las cifras apabullantes de estirpe soviética y emerge el registro de la sociedad realmente existente.

*Texto original publicado en La Jornada

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