El embargo-bloqueo y su relación con la democracia en Cuba

Por Osmel Ramírez Álvarez

“A mi juicio la política más inteligente de Washington debería encaminarse a manifestar voluntad sincera de levantar el bloqueo por sus efectos negativos en la población cubana, a despecho de que pueda beneficiar al régimen”.

HAVANA TIMES – Nuevamente este 1ro de noviembre, en la Asamblea General de la ONU, volvió a ser aprobada una resolución contra el “bloqueo” de EUA contra Cuba. Ya por 27 ocasiones consecutivas ha ocurrido lo mismo y, esta vez, como muchas otras, con solo dos votos en contra, EUA e Israel.

Sin duda, una contundente derrota diplomática para la mayor potencia del mundo aliada de la oposición cubana, que en esta ocasión contraatacó en vano con 8 enmiendas relacionadas con las violaciones a los DDHH en la Isla.

Aunque no tiene un carácter vinculante, la resolución aprobada marca el posicionamiento de la comunidad internacional frente a la política estadounidense hacia Cuba. Washington debería reanalizar su estrategia diplomática evidentemente superada por La Habana, ya que incluso sus más estrechos socios de todo el mundo, excepto uno, lo dejan solo en la disputa. Es evidente que tiene problemas de fondo.

Particularmente, por una cuestión meramente de principios y no pragmática, me opongo al bloqueo. Me sucede lo mismo que a esos gobiernos democráticos que sabiendo que en Cuba se violan los más elementales DDHH imprescindibles para poder vivir en libertad y tener un ápice de democracia, no pueden aprobar un embargo que roza el concepto de bloqueo por sus características extraterritoriales. Es la realidad, aun creyendo que podría ser la única forma de presionar hacia un cambio democrático.

A mi juicio creo que el hecho de que todo el mundo vote contra el bloqueo y solo dos países lo apoyen, 27 años seguidos, solo beneficia al sistema cubano y aleja la posibilidad de un cambio democrático en Cuba. Porque mientras la diplomacia estadounidense y nuestra oposición han sido deficientes esgrimiendo argumentos para convencer, la diplomacia y la propaganda del Gobierno cubano es muy hábil, precisa y oportunista, saliendo victoriosa en todos los sentidos.

No solo han logrado victimizarse con el embargo, sino que minimizan sus violaciones en materia de DDHH exacerbando el tema de la solidaridad internacional en educación y salud. El propio ejemplo de la lucha contra el ébola fue un golpe diplomático maestro que sigue rindiendo frutos hasta hoy. Igualmente el programa educativo “Yo sí puedo” y la “Operación Milagro” con cirugías oftalmológicas. Muchos en el mundo no pueden creer que un gobierno que se muestra tan altruista internacionalmente pueda mermar DDHH a su pueblo.

Que el mundo se oponga al bloqueo no significa que apoye al sistema cubano ni su manejo a conveniencia de los DDHH. Sin embargo, esa es la lectura que hace el Gobierno cubano o, al menos, la que nos impone dentro de la Isla mediante el monopolio mediático. Y también la que usa su diplomacia para proporcionar legitimidad de su gobierno. Tácitamente cuando el mundo vota contra el bloqueo está aprobando al mismo tiempo al sistema cubano, porque así se interpreta y así se evidencia en la realidad.

A mi juicio la política más inteligente de Washington debería encaminarse a manifestar voluntad sincera de levantar el bloqueo por sus efectos negativos en la población cubana, a despecho de que pueda beneficiar al régimen. Y acto seguido trasladar la responsabilidad de su permanencia a los propios cubanos, como un conflicto nacional entre el Gobierno y su migración-oposición, no entre un país pequeño y una superpotencia, que es la forma en que se ha visto hasta ahora.

Inevitablemente entre un contrincante grande y uno pequeño siempre el auditorio se solidariza con el pequeño, tenga o no la razón. En todo conflicto entre EUA y la pequeña Cuba acaparará siempre la solidaridad. Pero si el conflicto fuera entre el Gobierno cubano y su migración-oposición, el pequeño e indefenso de la historia cambiaría.

El embargo-bloqueo comenzó como la reacción iracunda de una súper-potencia herida, que no aceptaba perder su hegemonía política e intereses económicos en una pequeña isla, hasta entonces dependiente de ellos casi como un protectorado. Exacerbado por el contexto de la Guerra Fría, fue a la vez una reacción burda, pues favoreció la penetración comunista de la URSS tras el intento de aislamiento. Y luego la tensión continuó como un efecto dominó hasta nuestros días.

Pero el escenario cambió y los EUA negocian con China y Viet Nam, y sin embargo con Cuba la cosa es distinta. ¿Por qué? Es sencillo, porque los EUA y Cuba distan solo 90 millas, allí vive el 15 % de la población cubana en una comunidad muy próspera e influyente tras seis décadas de exilio y el flujo migratorio permanece constante hasta hoy. Paradójicamente la mayor aspiración del pueblo cubano no es estar al lado de la Revolución que dice representar sus intereses, sino emigrar hacia los EUA, el enemigo jurado de la Revolución. Y la bloquea.

La razón principal que sostiene el embargo-bloqueo desde hace más de dos décadas es la influencia política de los cubanos en el Gobierno estadounidense, por lo que es más que nada un conflicto entre cubanos. Aunque existen otros factores secundarios de peso como el papel tutorial de Cuba en la región y en el mundo contra los intereses estadounidenses; la cuestión geopolítica frente a potencias antagónicas, o el tema no resuelto de las indemnizaciones de propiedades nacionalizadas, a mi juicio ya de segundo orden de influencia.

Es por ello que considero que los EUA deberían subordinar el fin del bloqueo a una negociación del Gobierno cubano con su migración-oposición política, donde actuara solo como mediador. Los intereses de la oposición política interna y externa se fusionan en gran medida con los intereses de la migración porque las razones que generalmente impulsan a emigrar son las mismas que motivan la oposición pacífica.

No es nada descabellado. Con un enfoque así la responsabilidad de poner fin al bloqueo estaría 100% en manos cubanas y la decisión principal en La Habana, de manera clara. Y si el Gobierno cubano se negara a reconocer los derechos de sus emigrantes y sus opositores, si no aceptara los más mínimos preceptos democráticos para la reconciliación nacional y el respeto a los DDHH, no solo avalaría el bloqueo estadounidense, sino que perdería el apoyo de la mayoría de la comunidad internacional.

Estudiantes cubanos. Foto: Juan Suárez

Para lograr un cambio democrático en Cuba la realidad nos grita que hay que hacer algo diferente. Obama lo comprendió así, porque es un político muy inteligente y quiso buscar otro camino. Impulsó el fin de la distensión y del bloqueo casi incondicionalmente para presionar el cambio con la convivencia de valores, con el intercambio y las nuevas situaciones que se producirían como consecuencia lógica.

Una vía lenta y arriesgada, pero mejor que la actual, que es la misma vía dura y tozuda de antes retomada por Trump, probadamente infructuosa. Continuar así tan solo ayuda a perpetuar el sistema proporcionándole argumentos para reforzar su papel de víctima.

Lo ideal es que el fin del bloqueo, (ya que existe aunque sea incorrecto), sirva de presión política para obligar al Gobierno cubano a negociar, pero no con los EUA, sino con nuestro propio pueblo a través de la oposición pacífica externa e interna. Ahora cabe preguntarse si esa oposición está lista para asumir semejante reto y puede unirse en medio de sus diferencias en un gran Polo Democrático a favor de una Cuba mejor “con todos y para el bien de todos”. Ese es el enigma.

Osmel Ramirez

Soy de Mayarí, un pueblecito de Holguín. Nací el mismo día en que finalizó la guerra de Viet Nam, el 30 de abril de 1975. Un buen augurio, ya que me identifico como pacifista. Soy biólogo pero me apasionan la política, la historia y la filosofía política. Escribiendo sobre estos temas me inicié en las letras y llegué al periodismo, precisamente aquí en Havana Times. Me considero un socialista demócrata y mi única motivación comunicacional es tratar de ser útil al cambio positivo que Cuba necesita.


4 thoughts on “El embargo-bloqueo y su relación con la democracia en Cuba

  • el 12 noviembre, 2018 a las 1:26 pm
    Permalink

    Coincido contigo en mucho de lo que esta vez argumentas, no obstante el diálogo es importante, entre cubanos, no con norteamericanos que tienen origen cubano. Esos políticos tienen otros intereses en primer orden, y si ayudan, mejor, pero no son actores aquí, no pueden serlo. No pueden tampoco servir de escusa.

  • el 10 noviembre, 2018 a las 6:03 pm
    Permalink

    …un levantamiento del bloqueo y una normalizacion de relaciones con cuba seria un fuerte golpe para la economia del sur de la florida porque tendria que compartir turismo e inversiones con un muy cercano vecino…por eso la oposicion y presion de politicos y empresarios,entre ellos los americano cubanos,para obstaculizar cualquier tipo de acercamiento…a los presidentes les importa un pito lo que pasa en cuba pero como la florida es un punto importante en el sistema electoral de los usa pues se dejan guiar por lo que le piden los influyentes de aquel estado…si se hiciera una encuesta entre los cubanos del exilio y de la florida especialmente estoy seguro que la gran mayoria ,la menos prospera,estaria de acuerdo con el levantamiento del bloqueo y una normalizacion de relaciones…esta demostrado que la politica de acercamiento de obama, desmarcandose de la politiqueria de miami,logro mas cambios en cuba que mas de 50 años de politicas agresivas…trump necesitaba y necesita de los politicos de florida por eso la regresion en las politicas…dificilmente se podria negociar con la parte influyente del exilio que esta mas preocupada por su parte americana que cubana y con una parte de la oposicion a la que una normalizacion de relaciones cortaria los recursos de que viven…

  • el 9 noviembre, 2018 a las 9:19 am
    Permalink

    En la diplomacia vence el más hábil. No es la fuerza la que te da aprobación o votos, es convencer o brindarle al que vota un argumento que defender. Si se vota por un bloqueo o embargo duro, da igual, y uno grande, el más grande del mundo, apretando a otro pequeño, ya se sabe qué sucederá. Hay que ver lo obvio. COMO DIGO, yo me opongo al bloqueo de cualquier país a otro porque siempre trae consecuencias para el pueblo, pagan justos por pecadores, pero ya está ahí y suspenderlo debe ser sobre la base de una negociación. Por qué no pasar el asunto al terreno cubano. Yo EUA les paso la bola y digo> ponte de acuerdo con toda tu gente, con tu exilio y tu oposición, seré garante justo a otros países, si no aceptas el malo eres tú y ya no engañarás a más nadie.

  • el 8 noviembre, 2018 a las 7:32 am
    Permalink

    osmel cuba pide el fin del bloqueo incondicionalmente, cualquier cosa q pida estados unidos a cambio levantará la algarabía de la ingerencia extrangera y la defensa de la SOBERANÍA NACIONAL, coartada maravillosa de todos los regímenes despóticos, violan la soberania individual pero gritan cuando le tocan la nacional, claro, es q la nacion es de ellos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *