El dinero falso y el carné de identidad

Vicente Morín Aguado

Foto: IPS/Cuba

HAVANA TIMES — El bodeguero de mi cuadra, hombre querido por todos, ha puesto un aviso: “Se advierte que si vienen a comprar con billetes de a cincuenta o a cien, deben presentarme el carné de identidad. No hago excepciones.”

Averiguando, supe que al hombre lo estafaron con uno “de a cien”, parte de una auténtica invasión de moneda falsa que está atacando La Habana. Una vecina comenta: Todavía no han dado con la fábrica, pero son maestros, papel contra papel, bueno o malo, casi es imposible detectar uno del otro.

Me alarmo, creyendo que se trata de una orientación del Ministerio de Comercio Interior, pero otros dependientes me aclaran: Nada profesor, no existe tal orden, eso es una payasada de tu bodeguero.

Dejo a la compañera en la plaza de Cuatro Caminos y voy hasta la muy popular cafetería La Segunda Estrella, donde mi amigo Mario, con largos años tras un mostrador, me aclara: “Los billetes son igualitos, con la raya de seguridad”.

Pregunté, ¿se ve la figura del mártir a trasluz? “Se nota Vicente, solamente cuando te mojas los dedos, al tocar el papel, este se destiñe y sabes que es falso. ¡Figúrate, tu bodeguero necesitará un recipiente con agua y paciencia para comprobarlos uno a uno!”

Bueno, no es para tanto, digo yo en mi pensamiento, porque no son muchos los compradores en una bodega y menos con esas denominaciones de cincuenta y cien. Claro, a mi bodeguero le duele la estafa, por su propio bolsillo y por los años sirviendo a sus vecinos en el barrio. Mi reflexión camina hacia el asunto del carné de identidad, pues nadie, digo las autoridades competentes, dictaron orden alguna al respecto.

Carnet cubano. Photo: rcm.cu

En Cuba es común, además de obligatorio, portar un documento de identificación personal, creado por el estado, como medio de control sobre cada ciudadano. La policía puede solicitártelo, y lo hace a discreción, cada vez que le parezca oportuno.

De no llevarlo encima está permitido conducirte hasta una unidad policial, multarte y dejarte detenido hasta la determinación final de tu identidad y, por supuesto, la presentación del carné.

Décadas atrás los cubanos aceptamos esta ley como buena, sin preveer futuras consecuencias. Éramos muy confiados hacia la dirección de nuestro gobierno. Confiados éramos en esto y muchas otras cosas más. Al paso de los años vienen las consecuencias.

Ahora el susodicho documento personal es solicitado por cualquier pequeño cacique de una entidad cuyos servicios suelen ser bien apreciados, lo cual obliga a presentarlo so pena de no recibir la atención que merecemos.

Por ejemplo, vas al Palacio de la Computación para adquirir la última actualización de un antivirus y, si no presentas el carné, nada obtendrás. Lo mismo sucede al guardar el bolso antes de entrar en una tienda o si vienes por la calle conversando con un extranjero.

El enredo entre dinero y carné viene de los años noventa, cuando se dolarizó el país al concurrir la moneda americana con la nuestra en el mercado nacional. Si pagabas con un billete verde de cincuenta o cien, era obligatorio tomar la numeración del papel moneda estadounidense junto a los datos personales del poseedor del eventual comprador.

El colmo es que los administradores de muy diversas unidades de los servicios, establecen la máxima a voluntad propia: A este paso, tendré que cambiar el carné dentro de poco, pues de tanta manipulación, el plasticado se deteriora y ahorita si me lo piden en el banco o en la policía, donde en verdad es necesario, me negarán el servicio o me multarán con razón, por falta de confiabilidad.

Ahora el susodicho documento personal es solicitado por cualquier pequeño cacique de una entidad cuyos servicios suelen ser bien apreciados, lo cual obliga a presentarlo so pena de no recibir la atención que merecemos.

Esta última opinión de otro vecino preocupado me conduce al final de este reportaje, que es como el comienzo de nuestra historia, porque según publicó la prensa, durante el presente año será renovado el Documento de Identidad Personal de todos los cubanos, conocido como CI, por un nuevo carné de alta seguridad en su impresión y fácil manejo en cuanto a la comprobación de los datos.

Entre tanto, la calle sigue en llamas, esperando por un orden que no acaba de llegar. Ayer bajé por Monte, desde el Parque de la Fraternidad, agobiado por el calor de un verano adelantado. Veo una cervecera, de esas llamadas aquí dispensadas y pido un vaso, la sorpresa fue cuando el dependiente, un joven de esos llamados “indios” entre nosotros, me dice: Tío, necesito su carné de identidad, ¿Por qué?-le pregunto asombrado- pues porque el local está lleno, la gente se pierde y se llevan los vasos, comprados con mi dinero. ¡Si se pierden los vasos mañana no puedo trabajar!

Es decir, el muchacho, sin mal trato en lo personal, reclamaba sus copas, compradas por él, con el CI como garantía de devolución. Lo miré dos veces y continué mi camino contrariado. A decir verdad, me llamó, tal vez considerando mi edad, para ofrecerme alguna variante aceptable a mis 56 años. Agradecí el gesto, reí, pagué la cerveza y le ofrecí una USB Flash como prenda de mi buena conducta.

Cuando bebía el primer sorbo, alguien cercano me dijo: Puro, ¡UD está escapao! En Cuba es un sinónimo de inusual y efectiva respuesta a una situación fuera de lo común.

Nada, que aquí, entre la identidad y la falsedad, seguimos enredados.
—–

Vicente Morín Aguado: [email protected]

 



2 comentarios sobre “El dinero falso y el carné de identidad

  • En Cuba para cada solución tenemos un problema o varios.

    En Alemania ese problemalo resuelven facilito. Pides una cerveza o una copa de vino en medio de un carnaval, en una plaza, en un lugar abierto y el dependiente no puede estar atento a los miles de gente que pasan. Pero si la cerveza cuesta 3 euros, el cobra 6 y te dice, que te devuelve los 3 euros cuando le devuelvas el vaso o la copa. Así todo el mundo regresa con el vaso sin chistar y si te lo llevas, habrás comprado el vaso más caro del mundo pues valen 5o centavos.

    Lo mismo pasa con los carritos del supermercado. Tienes que meter un euro para sacarlo, si lo devuelves tienes tu euro, si lo dejas botado perdiste el euro.

    Pero los cubanos nos complicamos con todo. En todos lados del mundo la gente se lleva los vasos, pero pedir el carné de identidad es matar una hormiga con un cañón. Además de que si se le pierde, entonces ya es un problema más gordo.

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  • En China muchos lugares de grandes aglomeraciones de público aplican esa política de cobrar el vaso hasta tanto lo devuelvas. Y casi nadie se los lleva. Es verdad que los cubanos nos complicamos la vida sin necesidad. Y de paso se la amargamos a otros.

    Respuesta

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