Ecos pendientes en la historia de Cuba

Maykel Paneque

Foto: Alejandro Arce

HAVANA TIMES — El vecino de al lado esta vez llevaba prisa. Me ha preguntado de lejos si estaba al tanto de algunas sesiones ordinarias del Parlamento cubano y dije que sí.

Específicamente me ha llamado la atención una intervención que planteaba la urgencia de actualizar la historia de Cuba. No sé si esto quiere decir reescribirla, sería soñar demasiado alto o pecar de ingenuo, casi lo mismo. Aun así, no está de más recordar algunos episodios históricos que deberían tenerse en cuenta para esa futura (por la urgencia podría pensarse en inmediata) edición del volumen.

No es sorpresa que los medios estatales de difusión insistan últimamente en la actualidad que reviste Palabras a los intelectuales y en la “desafortunada descontextualización” de la famosa frase “Dentro de la Revolución todo, contra la Revolución nada”.

El problema es que no es difícil poner en relieve esa frase dogmática si se tiene en cuenta que su eco llega al presente con un murmullo persistente. Y este insiste en que seamos parte de un coro y de una ideología que nos insta a la ceguera, a corear los éxitos de la Revolución y no ver los errores que ha cometido, y aún comete, en nombre de no sé qué.

Para no ir más lejos, el pasado 5 de julio el Granma publicó un artículo de Elier Ramírez Cañedo titulado Volver a Palabras a los intelectuales”. El periodista insiste en las diversas oportunidades que Palabras… ha sido manipulada o leída en forma fragmentada, sin tenerse en cuenta que fue “el comienzo de lo que sería un diálogo permanente y abierto del líder de la Revolución con los artistas y escritores cubanos”. Los lectores acostumbrados a leer entre líneas saben que “diálogo” muchas veces lo que realmente quiere decir es “monólogo” y no hay que culparlos por esta suspicacia.

Ramírez Cañedo habla que “en los años 70 hubo distorsiones y errores, eso nadie lo puede negar” y que  “luego se rectificaron muchas de aquellas prácticas y se recuperó el camino trazado en esa trascendental intervención”.

Foto: Ali Assef

Una precisión. Hay que recordarle a Cañedo que esas “distorsiones” empiezan antes, en 1968, con la  publicación de los libros Fuera del juego, de Heberto Padilla, y Los siete contra Tebas, de Antón Arrufat, por citar dos ejemplos famosos. Y no hay que olvidar nunca la mayor “distorsión” del socialismo cubano: la creación de las UMAP, nuestro querido gulag criollo, en palabras de Norberto Fuentes, cuyas puertas abrieron en el año 1965.  ¿Nos está ocultando información Ramírez Cañedo a los lectores o realmente no sabe que esas atrocidades ocurrieron antes del año 70?

Otra precisión. Cuando uno lee el artículo puede ver cómo Cañedo, curiosamente, analiza bien el contexto en que se inscribe Palabras a los intelectuales, pero se niega a contextualizar los errores y a más: mencionarlos.

¿Será porque de contextualizarlos tiene que partir precisamente de Palabras…? Si hay que volver a Palabras… (es decir, fijar bien la historia en “las nuevas hornadas de jóvenes que desconocen la trascendencia” del documento histórico, según sus palabras) hay que volver con todo, es decir, con todo lo que causó: citaciones, paranoia, persecución, parametración, concentración, paralización artística, ostracismo, afásicos intelectuales, y un largo etcétera insospechado.

Ya que Ramírez Cañedo se niega a poner sobre el papel “errores” que son consecuencias de ese documento histórico, voy a detenerme solo en dos casos. César López y Antón Arrufat (rehabilitados después, es cierto, y Premio Nacional de Literatura, ambos) desde el año 1968 no volvieron a ver un libro publicado hasta el 1983 (López con el poemario Quiebra de la perfección) y 1984 (Arrufat con la novela La caja está cerrada). Léase bien los títulos, son reveladores. Pero las desgracias, se sabe, vienen juntas. Ambos, en el lejano 1968, fueron separados de sus cargos y mandados a trabajar en una biblioteca (Arrufat) y a traducir libros técnicos en una oficina oscura (López).

Este encarnizamiento (a veces nos hace recordar las purgas estalinistas, es inevitable) fue más lejos y descatalogaron sus obras de las bibliotecas, se les condenó al anonimato y al silencio (muerte cívica, la llamó Virgilio Piñera, que sabía bien de qué hablaba). Pero nunca es demasiado para lograr el silencio, el sometimiento y la humillación. Ambos tenían vedadas las visitas personales y prohibido sostener llamadas telefónicas donde trabajaban. Lo único a lo que tenían derecho era a ser vigilados mientras laboraban. Y después del trabajo, claro está.

Foto: Adar Hay

Eran tan contagiosos estos intelectuales a finales de los 60 y los años que vinieron después, que muchos de aquellos que decían ser sus amigos se cruzaban de acera cuando los veían de lejos y torcían el cuello para otro lado. López llamó a este tic nervioso tortícolis.

Hay que entender bien ese gesto en esa época. Si alguien era visto intercambiando palabras con ellos, una desgracia parecida les podía caer encima en cualquier momento. Era cuestión de que lo vieran o alguien se lo imaginara. Estamos hablando de dos escritores que, para decirlo a la manera de Arrufat, cumplían con una sanción misteriosa. Nunca les dijeron en qué consistía el delito ni los años para purgarlo, ni siquiera cuando los dejaron en libertad de publicar, y salir del país, casi quince años después.

Entonces, Ramírez Cañedo, si usted pertenece a la comisión de quienes van a reescribir la historia de Cuba, no olvide personalizar los errores, llamarlos por su nombre, que lo tienen, como Caso Padilla, Parametración, I Congreso de Cultura y Educación y un largo etcétera.

No se olvide de aquellos a quienes volvieron afásicos a la fuerza, porque no han perdido la voz, nunca la perdieron. Cuando menos se lo esperen -usted y los demás- ellos, los silenciados violentamente, van a levantar la voz y recordarle lo que usted y tantos callan, o están obligados a callar, para intentar (solo intentar) mantener intacta la imagen de una Revolución llena de fisuras históricas que se niega a revelarlas como sus males más íntimos.



Un comentario sobre “Ecos pendientes en la historia de Cuba

  • Ramírez Cañedo es otro comisario político, por eso publican sus artículos en la prensa oficial.De los errores no se habla y hacer crítica es contrarrevolucionario. Con tamaña mordaza no sobreviven los intelectuales sino los comisarios políticos.

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