Díaz Canel, heredero de lo peor

Raul Castro (r) y su heredero “puesto al dedo”, Miguel Díaz Canel.

Por Martín Guevara

HAVANA TIMES – Como por casualidad o por azar, la explosión social sin precedentes desde el primero de enero de 1959 en Cuba, me tomó de sorpresa como a todos, pero no desprevenido. Es como si hubiese sentido el rumor de una ola desde una lejanía inusual antes de la llegada del tsunami.

Pero nada de esto obedece a poderes mágicos adivinatorios, a un sexto sentido para el vaticinio. Cada día me estaban llegando noticias del empeoramiento de la situación.

El crecimiento del Covid 19 cuando más pecho sacaba el gobierno por la vacuna cubana, la carestía y la carencia de comida, medicinas, artículos de todo orden para la vida cotidiana. La dificultad de acceder a la moneda libremente convertible [dólares] que es con la única que pueden adquirirse los productos de primera necesidad, así como los interminables cortes de luz y agua en pleno verano caribeño, fueron ya demasiado para un pueblo que lleva generaciones de prohibiciones y de obligaciones a cambio de salud y educación gratuita, que incluso estos, en las últimas décadas, han ido mermando en calidad de manera vertiginosa.

La mecha se encendió en San Antonio de los Baños, población popular del sudoeste de La Habana, multitud de personas salieron a las calles al grito de ¡Libertad! y se extendió por toda la geografía nacional, replicándose en pueblos de trabajadores, exclusivamente de gente humilde. Ese es el rasgo más doloroso para lo que pudiese quedar del espíritu verdaderamente socialista de la Revolución, que la rabia está en los pechos y las gargantas de la población negra, mulata, de machete en la zafra, de bolígrafo en la universidad, de guardias eternas del CDR. Jóvenes que hasta antes de este grito de ¡basta! no veían otro futuro que irse del país.

El alcance, la profundidad, el sustrato de ideas y de propuestas que guía la expresión de lucha, resumida en la consigna más difundida: “Díaz Canel singao”, da la pauta del resultado del nivel de educación, intelectual, de preparación actual, al que la Revolución sometió al pueblo, luego de, ciertamente, en los primeros años haberlos alfabetizado.

Acaso no haya mejor consigna, para también describirse a sí mismos y decir: “miren lo que nos han hecho”.  Una generación que usa el sexo como medio para escapar del país, que roba al estado, que no siente remordimientos de engañar, robar a todo aquel que puede proveer un “escape, un salve”.

Una generación que estaba comenzando a desandar el camino de la alfabetización, cada vez con peores maestros, con un desinterés casi absoluto por la cultura, por los aspectos de la vida que no estén anudados a las necesidades fisiológicas más inmediata. Esa generación ha dicho ¡ya no más! Y ha vuelto a sentir el placer inigualable de la rebeldía, de sentirse cubanos de honra, de elevar el gentilicio de “cubano” hasta equipararlo al de la lucha, al del valor, al de las esperanzas, al de la unión, por primera vez en mucho tiempo no debe emplear el valor en huir.

Ya lo han probado en este grito, en este atreverse a lanzar piedras contra tiendas de comida y entrar a consumirla, de dar vuelta a patrullas de policía, cosa que pensamos que jamás llegaría a pasar por el nivel de inmovilismo a que someten las dictaduras del proletariado  a sus pueblos, que como la Iglesia en el medievo hacía sentir culpable al justo, torturado por el precursor del bien, consigue raptar el lenguaje de la justicia social y hacer suponer que todo lo que sea ir contra su doctrina, forma parte del mal.

Y la diferencia con los hechos del maleconazo de 1994, además de la envergadura, el alcance y el calado, es que ya no está Fidel para dirigir la represión, al cual por una cuestión histórica se le temía en partes iguales a como se le respetaba.

Ni siquiera está Raúl, a quien solo se toleró por ser hermano de Fidel. Está el “puesto a dedo” Díaz Canel, a quien con todo a favor para buscar nuevas herramientas para satisfacer las infinitas demandas ciudadanas, andando sendas de apertura y cambio con la ventaja de tener el control, solo se le ocurre la idea de dar la orden de reprimir. De condenar a quienes ya no soportan más y acusar de obedecer al imperialismo a ese pueblo mestizo y trabajador alejado de los barrios pudientes de dirigentes y de empresarios afines, alentando a la enorme masa de cubanos que no querrían perder sus míseras prebendas en una sociedad que exigiese alguna aptitud, a salir con furia a golpear a sus hijos y hermanos.

Cuando Lech Walesa lideró las protestas que culminaron en la caída del régimen en Polonia, la agencia TASS soviética dio la orden a todos sus satélites de publicar, que eran escaramuzas alentadas por la CIA, y esa versión se dio en la prensa y la TV cubana. Agentes de la CIA camuflados en los espigones y las minas de Gdansk, como hoy lo están disfrazados de hijos de obreros y campesinos afrocubanos en los pueblos y ciudades del interior de la isla.

La esperanza que albergo, y la baso en el conocimiento de la virtud y la ética del cubano, es que en caso de continuar las manifestaciones, las detenciones arbitrarias, y la situación adquiera matices de rebelión, el ejército no dispare contra su pueblo, aunque “Puesto a dedo” llegase a darles tal orden.

También debe abrirse el embargo/bloqueo, una medida más pertinente a una dictadura que a la democracia por excelencia, y una vez entendido que es tiempo de cambios sin sangre, los caminos para una sociedad más abierta, participativa, desarrollada, plural, están todos vírgenes para ser explorados. Con todas las sensibilidades ideológicas, filosóficas y culturales cubanas en la palestra.

Ese será otro reto, para los retrógrados de la otra cara de la moneda, y no será un reto menor.

Lea más de Martín Guevara aquí en Havana Times.


One thought on “Díaz Canel, heredero de lo peor

  • el 14 julio, 2021 a las 7:46 pm
    Permalink

    Martín Guevara, sobrino de Ernesto Guevara (Che), vivió y estudió en Cuba, conoce más que muchos la situación política, económica y social del pueblo cubano, y como periodista describe muy bien los sentimientos que animan a los cubanos a lanzarse, por primera vez a las calles, a manifestar sus reclamos de libertad, democracia y su derecho a una vida mejor, todo ello resumido en la consigna “Patria y Vida”. Hace muy mal el gobierno al reprimir a los manifestantes y emplear a todas las fuerzas militares y de la Seguridad del Estado y pedir a la parte de la población, que, por variadas razones está obligada a cumplir esas órdenes, que tanto ha criticado cuando, en Chile y en Colombia se manifiestan contra sus gobiernos y son reprimidas cuando incendian, bloquean avenidas y carreteras o asaltan estaciones de policía, comercios, estaciones del metro, hasta hoteles y farmacias. Todo gobierno tiene, como responsabilidad máxima, proteger la vida, la libertad y los derechos de sus ciudadanos. Díaz-Canel y el Partido Comunista de Cuba, al cual se debe, están obligados a hacer un profundo análisis de conciencia y responder a los más caros intereses de su pueblo, aunque ello implique el desmantelamiento del estado totalitario desarrollado durante los últimos 61 años.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *