Despertar sexual y abusos en Cuba

Foto: Reyanldo la O

HAVANA TIMES – El despertar sexual debería ser algo natural, cada persona tiene su tiempo, sus intereses y ninguna debe vivirlo a la velocidad de otra. Desgraciadamente, es más que habitual acelerar el proceso a edades tempranas, de diferentes maneras.

El toqueteo, las insinuaciones y los actos sexuales a diferentes niveles, que ejercen algunos adultos sobre niñas y niños precipitan y generalmente dañan el comienzo de algo tan esencial.

Muchas veces esto sucede en la propia familia y siempre con adultos en los que la familia confía. Hay que enseñar a nuestros hijos a decir quién y cómo lo violentan, pero para eso debemos asumir que la violencia sexual se ejerce en cualquier sitio, sin distinción de edades.

Caridad nos cuenta cómo fueron sus primeras incursiones en el mundo de la sexualidad y lo que vino después. Su historia tiene puntos en común con la de muchas mujeres cubanas.

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Mi primer encuentro sexual sucedió a los cinco años y desde entonces no se detuvo hasta que salí de Cuba.

Nací en Ciudad de La Habana, pero en la periferia de la periferia. Alamar era el reparto más cercano a mi casa, así que por eso siempre he dicho que soy de Alamar. Mi familia, humilde y revolucionaria.

Mi tía, que era maestra, se fue de misión internacionalista cuando yo iba a comenzar el primer grado y su esposo, que era militar, vivía en una casita de madera junto a la nuestra. Allí tuvo a bien mostrarme lo que para él era la sexualidad y, como es común que suceda, cuando le conté a mi mamá ella no me creyó. No sé si pensó que era mi fantasía (que era abundante pero en realidad poco interesada en la desnudez y órganos sexuales) o si prefirió creer que no me había escuchado.

Los eventos volvieron a suceder con menor intensidad hasta que tuve 8 ó 9 años y el “tio” repitió la escena. Volví a contar a mi madre, ella me dijo que mi tía -que ya había regresado de su misión internacionalista- no debía enterarse de eso. Como en una mala telenovela en ese momento llegó mi tía y tuvo que enterarse de todo. Se armó el show.

Mi padre, que era militar como mi tío, salió detrás de él. Yo me cagué de miedo, porque mi padre era un poco violento y aunque nunca me golpeó, su violencia verbal me hacía temer todo el tiempo que lo hiciera, así que esa noche volví a esperar la famosa paliza que, por suerte, tampoco llegó. Supongo que los adultos arreglaron el asunto a su manera. Y el mundo continuó girando en la misma dirección. 

Siempre fui más alta que la media de las niñas de mi edad, así que probablemente también por eso atraía a cuanto abusador andaba por la calle. Así fue desde los 8 años. Desde penes al descubierto en los tubos de los asientos de las guaguas -para que los tocara sin darme cuenta- hasta manoseos en tiendas o lugares públicos, nalgadas desde los autos que pasaban por mi lado, “pajeadores” ocasionales y fijos en el camino a la escuela. 

Cuando cumplí los catorce me fui a la Casa de Cultura a recibir clases de música. El profesor me daba clases solo a mí y encontró la excusa perfecta para hacerlo a puertas cerrada. Eran los años 80 y yo seguía siendo bastante ingenua a pesar de las malas experiencias. El profesor no pudo dejar pasar la oportunidad de tocar primero sutilmente, luego mostrar su pene…y hasta ahí las clases.

Siempre que me preguntan cómo pude adaptarme a una ciudad como Caracas, donde todo el tiempo hay que estar pendiente de no ser atracados, viniendo de Cuba, un país tan tranquilo; respondo que, sencillamente, estoy acostumbrada. Acostumbrada a salir a la calle con cuatro ojos, no solo porque ladrones hay donde quiera, sino por ser mujer.

Porque en Cuba no hay que “estar buena” para sentir los ojos desnudándote desde que sales de tu casa, porque en cualquier esquina de los repartos periféricos o en el mismo centro de La Habana te vas a encontrar un exhibicionista, uno que se masturba o un violador, porque llegar de noche a casa, sola, siempre lo sentí como un reto, solo por ser mujer. 

 

Un comentario sobre “Despertar sexual y abusos en Cuba

  • Ayer vi un episodio de Tras la huella, la serie en que la policia es inteligente y cogen a los delincuentes y les aplican la ley. A dos corruptores de menores, explotadores sexuales les aplicaron una condena de 28 años. Pero a los violadores cuantos años se les deben aplicar? 30, 40, creo que no bastan. Mejor seria la pena máxima para que no repitan el acto por estar entre rejas para siempre. A veces hasta a los asesinos tienen condenas más cortas y salen absueltos. La Ley se debe aplicar bien, con el rigor necesario.

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Compartiendo, Sierra Maestra, Granma, Cuba.  Por Anley Rosales Benítez (Cuba).  Cámara: IPhone X

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