Desafíos feministas para un Gobierno transformador en Chile

El 8 de marzo, 2022 en Chile. Foto: Marcelo Hernández / Aton Chile

Por Catalina Pérez Salinas, Emilia Schneider Videla y Gael Yeomans Araya (El Mostrador)

HAVANA TIMES – Nos encontramos al final del peor Gobierno en nuestra historia democrática, tras años de recrudecimiento de las políticas neoliberales, de violaciones de DD.HH. y con una crisis institucional generalizada. Vivimos momentos de claros y oscuros: mientras se inicia el Gobierno en el que hemos depositado nuestras esperanzas de cambio, comenzamos a ver los frutos de la Convención Constitucional, acercándonos así al hito fundamental de este ciclo político: el plebiscito de salida, y ante la relevancia política y simbólica de un nuevo 8 de marzo en el año que comienza, resulta oportuno interrogarnos sobre el rol de los feminismos en las luchas que vendrán.

La conquista de espacios institucionales por parte de feministas y disidencias sexogenéricas de distintas corrientes y sectores políticos, representa un importante avance y apertura de nuevos frentes de disputa. Sin embargo, estos triunfos no deben traer consigo una cooptación o desarticulación del movimiento, que mermen su autonomía, diversidad y capacidad crítica en relación con instituciones que hemos visto cómo no han dado el ancho para las exigencias de ampliación de democracia y soberanía de nuestras vidas.

Si hemos instalado estas problemáticas en la agenda, ha sido gracias a que hemos visibilizado en el espacio público las violencias estructurales que afectan nuestras vidas, junto a articulaciones que tienen largas trayectorias y un arraigo ciudadano profundo. Como feministas de izquierda y frenteamplistas que estaremos en el Congreso y en el Gobierno, nuestro desafío es seguir siendo parte de estas luchas junto a las organizaciones sociales, habilitando la trinchera institucional. Solo conjugando ambos roles, podremos cumplir el anhelo de ser el primer Gobierno feminista de la historia.

Creemos que el potencial transformador de los diversos movimientos sociales, incluidos los feministas, reside en su capacidad de comunicar cómo la transversalización de sus enfoques impacta positivamente sobre la calidad de vida de toda la ciudadanía, aprendizaje que hoy debemos llevar a nuestra gestión de Gobierno.

De esta manera, superamos los posicionamientos meramente identitarios que pueden tentar a algunes a excluir a ciertas actorías claves en ese proceso, y nos alzamos hacia una crítica política holística de la dominación patriarcal, que cuestione también las estructuras cisheteronormativas que producen y reproducen discriminaciones, pobreza y violencias: por ello, somos unas convencidas de que el movimiento feminista es interseccional y se potencia con la participación de las disidencias sexuales y de género.

En ello, este Gobierno tiene una agenda llena de desafíos a los que responder a través de políticas públicas que transversalicen el enfoque feminista, de nuevas instituciones, pero por sobre todo, a través de una legislación que cimente nuevas formas de relacionarnos: urge una legislación integral que prevenga la violencia y una reforma a la Ley Antidiscriminación que constituya verdadera protección y reparación para quienes sufren barreras en el ejercicio de sus derechos.

Al mismo tiempo, debemos saldar la deuda histórica de contar con una ley de aborto libre, legal y seguro para todas las mujeres y personas gestantes, que necesariamente se enlace con una política de Estado en educación sexual integral que cimente una senda civilizatoria para las nuevas generaciones, y que incluso podría instalar a Chile como un país pionero en la materia, si se realiza su consagración constitucional. Por último, el fortalecimiento democrático no puede olvidar la enorme brecha en la participación política de mujeres y disidencias sexogenéricas en los espacios de representación y ejercicio de poder. 

La crisis sanitaria impactó en todos los ámbitos de nuestra vida: el fuerte retroceso económico acrecentó la brecha en la inserción laboral entre hombres y mujeres y, desde una perspectiva transfeminista, también impactó en el ya precario acceso al trabajo formal para personas trans y población LGBTIQA+ en general. En el ámbito educativo, un retorno a clases seguro, justo y llevado a cabo de forma colaborativa con las comunidades resulta apremiante, en un contexto en que muchas mujeres se han visto aún más explotadas por las labores de cuidado que históricamente nos son relegadas.

Es en este escenario en que tenemos la oportunidad de que la reactivación y generación de empleo contengan una comprensión multidimensional de la pobreza, que permita enfoques específicos en poblaciones que estructuralmente se encuentran en situaciones desventajosas, mientras avanzamos al mismo tiempo hacia el reconocimiento efectivo de los trabajos de cuidado.

Para lograrlo, todas las instituciones, en vez de “departamentalizar” las demandas feministas en “asuntos del género”, deben empezar a transversalizarlas hacia todas las esferas de las vidas. Ese es nuestro desafío desde el oficialismo entrante, para que sigamos empujando feminismos transformadores en el nuevo Chile que juntas, juntos y juntes estamos creando.

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