Dejemos el hábito de personalizar

para que podamos construir colectivamente nuestro futuro

Camila Piñeiro Harnecker

Camila Piñero Harnecker. Foto: Dawn Gable

HAVANA TIMES — Acabo de leer este artículo de Dmitri Prieto publicado en Havana Times titulado Una victoria para Perucho y Camila, y seguimos pa´lante ‘sacando más país“. Aunque nunca he dedicado tiempo a responder a lo que se escribe sobre mí o mi trabajo, en esta ocasión me siento en la obligación de hacerlo.

En primer lugar, sería injusto desconocer el trabajo que muchas personas llevan realizando desde hace mucho tiempo por promover el cooperativismo en Cuba. Profesores de universidades de varias provincias defendieron la pertinencia e importancia de las cooperativas para nuestro proceso revolucionario desde hace décadas.

Algunos de ellos son hoy parte o colaboradores de la Comisión de Implementación y Desarrollo de los Lineamientos por lo que están influyendo directamente en la toma de decisiones al respecto. Otras personas desde distintas organizaciones más o menos gubernamentales han trabajado directamente con cooperativas agropecuarias apoyándoles y promoviendo políticas públicas para consolidarlas.

Además, creo que Dimitri se equivoca al pensar que dos personas pueden influir en decisiones tan significativas como lo es abrir espacio a un nuevo tipo de organización socio-económica en nuestro país. Intuyo que esta decisión se tomó después de un proceso de búsqueda de información, evaluación y razonamiento en el que participaron muchas personas y donde seguramente se consideraron las más diversas fuentes.

Más aún, la decisión de dar mayor espacio a las cooperativas fue tomada desde antes que saliera el libro que compilé sobre cooperativismo (“Cooperativas y Socialismo: Una mirada desde Cuba” Ed. Caminos, La Habana, 2011) y a raíz del cual me han dado a conocer como promotora del cooperativismo en nuestro país.

Aunque una lectura profunda del prólogo que hice al libro y mis trabajos evidencia que soy una defensora crítica de las cooperativas, pues sin dudas no son una varita mágica que vaya a resolver todos nuestros problemas, y los resultados que se tengan de su expansión dependerá mucho de cómo ellas se relacionen con representantes de intereses sociales.

No le veo ninguna utilidad a resaltar el papel que algunas personas hemos jugado en dar a conocer las ventajas de la organización cooperativa para el avance de nuestro proyecto socialista. Todo lo contrario, me parece que es dañino. Necesitamos dejar atrás la cultura de personalismos donde las acciones y sus resultados son atribuidas a personas específicas, cuando por lo general siempre hay detrás muchas personas.

Los defensores del socialismo –y más aún de su versión autogestionaria o democrática– saben bien la importancia de que todas las personas se sientan partícipes y protagonistas de la historia que construyen cada día. Resaltar el papel de unos pocos no solo es injusto, sino también desestimula precisamente lo que desesperadamente necesitamos e incluso Dmitri reconoce: que “el pueblo” sea protagonista de los cambios que hoy realizamos.

11 thoughts on “Dejemos el hábito de personalizar

  • Camila pone el parche antes que salga el grano. Ella no quiere protagonismo porque sabe bien lo que cuesta querer sobresalir con nuevas propuestas “no autorizadas” por la elite eterna del PCC-Gobierno. No olviden que Camila es hija del controvertido y desaparecido Comandante Barba Roja que fue el primer jefe de la seguridad del estado (hija de gato caza ratones)Ella sabe que mejor que nadie que en Cuba los que mandan no quieren promover el cooperativismo como una de las formas economicas predominantes y si sacaron una trunca y mediocre Ley de Cooperativas despues de “años de estudio”, es para dar una imagen de socialismo en Cuba que todo el mundo sabe que ya hace rato no lo es.
    Pedro Campos, Esteban Morales saben bien de las represalias y la lluvia de descreditos de la maquinaria represora de la policia politica y de sus aparatos mediaticos. Camila no quiere eso para ella y por eso quiere que Dmitri hable del milagro pero no mencione a los santos.
    Personalmente me parece un exceso de guataqueria de Dmitri con Camila y Pedro Campos, sobre una victoria “pirrica” del cooperativismo en Cuba.

  • pero para colmos, releyendo el texto de Dmitri, me encuentro que dice refieriéndose a Camila y Perucho:
    “Personas que en ningún momento han estado solas: a Perucho y su visión radical promotora de la autogestión social lo ha apoyado el colectivo SPD [Socialismo Participativo y Democrático], formado a partir de los debates sobre el futuro de Cuba que comenzaron en 2006 y asociado a la Red Observatorio Crítico; Camila es la investigadora más conocida de toda una comunidad especializada de economistas, sociólogos y antropólogos que profundizan los estudios cooperativos en Cuba.
    Así que, ¿de qué habla Camila?

  • ¿Cómo es que mencionar y felicitar a dos personas relacionadas con una temática se puede convertir en “desconocer” el trabajo de otras personas? No me parece que en este texto de Dmitri se pretenda tal cosa, como sugiere Camila. Por demás, conozco de amigos cuyas indagaciones mucho más profundas en el tema del cooperativismo sí fueron desconocidas en el libro de Camila, por ejemplo, y nadie le exigió nada.
    Pero la mayor contradicción de este comentario de Camila es negar que “dos personas pueden influir en decisiones tan significativas” para después pretender “que el pueblo sea protagonista de los cambios que hoy realizamos”. Como conozco las limitaciones del sistema cubano en lo que a participación ciudadana se refiere, entiendo la realidad de la primera aseveración; pero, si se está fatalmente convencido de ello ¿qué sentido tiene entonces ese trabajo, si no influirá en políticas concretas?
    Sería bueno, de paso, saber cuándo se tomó la decisión de las cooperativas (y por quién), pues para los comunes mortales de este pueblo que Camila tanto defiende, ello fue una noticia de algunos meses atrás.
    Dice Camila: “No le veo ninguna utilidad a resaltar el papel que algunas personas hemos jugado en dar a conocer las ventajas de la organización cooperativa para el avance de nuestro proyecto socialista. Todo lo contrario, me parece que es dañino.”
    Es evidente que Camila no considera útil el reconocimiento entre colegas, compañeros, sembrar el respeto y la admiración entre las personas cuyos trabajos coinciden aunque sea por momentos. Yo sí creo que necesitamos personalizar, cada vez más: tanto hacia los afectos, victorias, consensos, empatías, como hacia las diferencias y errores. Es el único modo de no ser ninguneados.
    Por otra parte, parece que Camila desconoce que NO nombrar a los individuos no incluye directamente a los demás. Desterrar ese horrible ‘nosotros’ que hace décadas incorporó el discurso partidista es imprescindible. Aquel ‘nosotros’ escondía la tremenda concentración de poder y acomodamiento en la clase dirigente: “Nosotros debemos trabajar más la tierra” (mientras otros la trabajaban). “Nuestro error fue…” (cuando había sido el error de alguien). “Nosotros hemos escogido una programación cultural para el disfrute de todos”… mientras la gente escuchaba y bostezaba. Es abominable.
    Si se quiere incluir al pueblo, pues no digan tanto “nosotros”, y dejen de excluirlo. ¿Abogará Camila por ello con su propio nombre?

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