De La Habana a Isla Canarias

Fernando Aramis

Yo dirigiendo la grabación del disco.

HAVANA TIMES — Después de rodar como paria por la ciudad de La Habana pude colocarme en unos de los mejores sitios artísticos de la urbe, el café cantante Delirio Habanero, ubicado en el último piso del Teatro Nacional.

Comencé por cerrar el show los miércoles y terminé trabajando toda la semana. Era una gran pantalla, un lugar donde podría codearme con algunos de los artistas más importantes de Cuba. Corría el año de 1998.

Atrás iban quedando los tiempos de penurias. Ya tenía representante y de a poco me fui dando a conocer en la farándula habanera, mi existencia dejaba de ser desconocida. Después de un año de trabajar en el Deliro Habanero, para buena suerte de mi representante y mía, una amiga en común nos presentó a un empresario español que había llegado a La Habana con el propósito de producir a músicos cubanos, Tomás Call Paraños era su nombre.  De inmediato tuvimos buena química con el señor Tomás y a los pocos días estaría firmando mi primer contrato discográfico, un sueño hecho realidad.

En mi cuartito de la calle 14 comencé a diseñar la preproducción del disco, en una semana hice los arreglos de las canciones, y en otra ensayé con los músicos que había invitado a grabar. A algunos amigos que vivían en Bayamo les avisé del acontecimiento, promesa que les había hecho cuando salí de mi ciudad.

-Estén preparados, que los voy a llamar cuando pueda grabar mi primer CD- les dije.

Mi padre grabando el acordeón.

Ana María Jiménez, una amiga chilena radicada en Cuba que había conocido unos años atrás, fue un gran apoyo para mi carrera, ella ayudó con la pre-selección de los temas y otros asuntos de carácter artístico. Además de haber sido un puntal muy importante en mi vida personal. Con ella producimos en realidad mi primer CD, un trabajo donde musicalicé siete poemas de Ángel Escobar, unos de los poetas contemporáneos más importantes de la isla y a la vez su esposo, él participo de forma simbólica en la producción. Un día funesto, decidió dejarse caer del quinto piso de la casa de Ana. Era un trabajo en su homenaje.

Por fin llegó el día tan esperado, mi primera producción musical. Se alquilaron los servicios del estudio de grabación del ICRT Sono Caribe, un estudio nuevo, recién habilitado para los servicios de grabación y, para colmo de bienes, fui el primero en grabar con unos equipos acabados de llegar de Alemania.

Todo era demasiado perfecto para mí, y aunque pareciera un sueño, era la palpable realidad. La pasión es la palabra correcta si debo definir el sentimiento que le impuse a toda esa producción, y aunque en el fondo estaba inmerso en la alegría, en el transcurso de la grabación fui percatándome que al final de la contienda estaba resultando ser un trabajo agobiante y estresante.

Por una parte, mi representante Niurka González estaba preocupada por las canciones que yo había escogido y pendiente del concepto artístico que habíamos acordado, preguntaba al director del estudio sobre mis arreglos. Y, por otro, el productor español desconfiaba de mi palabra por el dinero que debía darme para el pago de los músicos. Realmente mi sueño se estaba convirtiendo en una pesadilla.

Ana Rolof grabando la flauta.

Justo cuando me encontraba en plena faena de grabación, me anunciaron la muerte de mi abuela por parte de padre, Avilia Llanes; mi padre, quien ya vivía conmigo en La Habana,  llegó a darme la noticia.

Inmediatamente llamé a Bayamo para hablar con familiares, y me dijeron que mi abuela había encargado que me dijeran que por nada de mundo dejara mi grabación.

Pese a la mala nueva, no todo era desalentador, porque el productor me pagó durante un tiempo prudencial 100 USD semanal por la producción. Por fin llegó el término del trabajo: ahora todo estaba listo para viajar a Islas Canarias por el lanzamiento del CD. Tomás y mi representante Niurka viajaron primero para organizar los preparativos del lanzamiento y mi posterior llegada.

A los dos días del viaje recibí una llamada de Niurka en la que me contó desesperada.

-Fernando, todo lo que nos dijo Tomás fue mentira, me tiene secuestrada aquí en su casa, no me deja salir a ningún lado, y no resisto más. Tengo pensado escaparme de acá, pero no te preocupes, conseguiré el dinero para tu viaje, pero olvídate de Tomás. Cuando vengas sabes que es a la lucha, ya no hay lanzamiento del disco ni nada de eso.

Después de colgar quedé estupefacto, después de tanto luchar en La Habana, de tanto estrés por la grabación, estaba en las mismas, con una leve esperanza de viajar a Canarias, pero con una condición, la lucha no se acababa, sino que continuaría.  Me dije:

-Si he luchado tanto tiempo en La Habana, prefiero seguir luchando (intentando) en Islas Canarias y al fin tendré la posibilidad de cruzar el Charco (el Atlántico).

Yo grabando la guitarra.

Niurka se escapó de casa de Tomás con ayuda de una amiga que vivía desde hacía algunos años en Canarias. Consiguió el dinero para mi pasaje con ayuda de un señor que era dueño de un Pub en el sur de Tenerife, que le fue presentado por su amiga. Él nos prestó el dinero. El viaje estaba fechado para el día 30 de junio de 1998, aún faltaba más de un mes.

Como sabía que era cuestión de tiempo, mi desesperación aumentaba a medida que se acercaba la fecha del viaje. No soportaba el calor de La Habana. No veía las santas horas de montarme en aquel avión que me llevaría a conocer el primer mundo. Fue una real tortura la espera. Al señor Tomás nunca más lo vimos y no pudimos denunciarlo. Él se quedó con todo el trabajo, aunque Niurka pudo recuperar una de las Matrices de mi producción.

Llegó la fecha de partida y mis padres me acompañaron al aeropuerto. Cuando pasé la puerta de emigración, la misma que al cruzarla sientes una paz aliviadora porque sabes que ya estás del otro lado, para mi sorpresa cuando llegué al salón de espera me encontré con mi amigo músico Fernando Lores, el cual había grabado los teclados en mi CD.

¡Master!, dijimos casi al unísono. Nos saludamos con la sonrisa en nuestros rostros.

¿Para dónde vas? Me preguntó-

Me voy a Islas Canarias por lo del disco, respondí

¿Y tú?, le pregunté.

-Me voy a España con el grupo cubano Mayoguacán- me respondió

Gentilmente me presentó al director del grupo. Ellos ya habían hecho una sugerente versión de una canción mía: Te esperé sentao.

Nos acompañamos hasta que por los alta voces anunciaron mi vuelo. Me despedí de Fernando y me dirigí a la puerta de embarque. Ya casi, ya casi, me decía en silencio. Abordé el avión y comenzamos el despegue, cuando de momento el avión aminoró la marcha y regresó al parqueadero. Asustados todos los viajeros preguntaron qué había pasado. Una aeromoza muy amable nos dijo que no había problema, que solo era un pequeño problema que en cuestión de minutos estaría resuelto.

Regresamos a la pista y al fin me vi volando rumbo al primer mundo. Si, fue más o menos así como acontecieron los hechos para conseguir mi “Faster” de La Habana a Islas Canarias.


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