Cuba y sus cerditos con alas

Por Aurelio Pedroso  (Progreso Semanal)

HAVANA TIMES – Lo real maravilloso, lo que quizás nunca pudo imaginarse, con su prodigioso don el genial Gabriel García Márquez, que los cerdos tuvieran alas, que una tarde mientras paseaban acompasados y guardando prudencial distancia de vuelo un par de pelícanos sobre la costa de Miramar, de repente, sin esperarlo, una presurosa llamada telefónica, de esas que se le hacen al vecino cuando no se ha percatado que su cuarto de deshago está en llamas, vino el aviso de carne de cerdo en la mismísima acera.

Lo dijo luego el de los bajos, que eso de los cerditos volando no eran cosas de la infancia porque ya de adulto pudo comprobar que esos animalitos vinieron caídos del cielo. No en caída libre, sino haciendo con sus alas perfectos movimientos de aterrizaje en la pista-mesa familiar.

Libra ya hecha bistecs a 132 pesos cubanos [como la cuarta parte de un salario mensual]. Respetable cifra inalcanzable para muchos, aceptable para otros en momentos en que prácticamente esa oferta está desaparecida del mercado, aunque no del noticiero de la TV.

Y que ninguna autoridad indague quién vendió y quién compró porque encontrará la mejor de las respuestas cómplices extraída de una de las obras cumbre de la literatura española: “Fuenteovejuna, señor.”

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