Cuba y sus amigos: Pocos compañeros y muchos señores

Por Aurelio Pedroso  (Progreso Semanal)

Intervención de João Lourenço, Presidente de la República de Angola, durante el homenaje a Agostinho Neto, en el Parque de los Próceres Africanos, en La Habana, el 1 de julio de 2019.  Fot: Ariel Ley Royero / ACN

HAVANA TIMES – La reciente visita del presidente de Angola a Cuba no cambió mucho el parecer u opinión de los 385, 908 veteranos de guerra que aun puedan vivir y participaron en esa contienda durante el período de 1975, fecha de la proclamación de la independencia, hasta mayo de 1991 en el que regresaron los últimos soldados junto a los restos mortales de 2,398 combatientes.

Quienes en Cuba deciden más allá de las normas protocolares el tratamiento a los jefes de Estado que nos visitan, nunca se equivocaron, luego del fallecimiento del doctor Agostino Neto, un auténtico compañero, en concederle el título de “excelentísimo señor” a sus sucesores en el poder. Así ha ocurrido con Jose Eduardo dos Santos y ahora con Joao Manuel Goncalves Lourenco, quien, según amigos angolanos en Luanda, está dispuesto a emprender otra guerra, pero esta vez contra la galopante corrupción heredada de Dos Santos y familia. Un botón de muestra: su hija Isabel, multimillonaria y dueña de casi la mitad de Portugal.

Salvo un olvido involuntario o por desconocimiento, no pasan de un quinteto los mandatarios que reciben la categoría de “compañero”, que los encontraremos por Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Vietnam, Corea y tal vez China.

Resulta imposible de omitir en estas apreciaciones, el caso del teniente coronel Mengistu Haile Mariam, presidente de la entonces Etiopía Socialista. De compañero mutó a vulgar ladrón (maleta en mano inundada de dólares) con escala en una nación vecina donde montó un complejo avícola y luego viajar definitivamente a una capital europea. En esa nación del llamado Cuerno Africano no fueron tantos los muertos de nuestra parte. Al concluir la guerra en marzo de 1978 dejamos listo el cementerio en la localidad de Harar con no más de 30 fallecidos en combate, aunque al final de la contienda sumaban más de 150 por motivos tan diversos como accidentes, enfermedades, juegos con armas y el efecto de minas de ambos bandos que quedaron sembradas en el campo de batalla.

En mi memoria, como pesadilla gloriosa, la construcción de ese camposanto a la entrada de la ciudad que abría las puertas al desierto de Ogaden. Cinco banderas al final. La mayor, en el centro, de color rojo como símbolo del internacionalismo. A ambos lados, la cubana y la etíope. En el otro extremo, la yemenita y la correspondiente a la desaparecida URSS. Estas dos últimas en razón de un asesor oficial soviético de artillería y un jefe de pieza de BM-21.

En Angola, sin embargo, la guerra fue más prolongada. Sería interesante conocer cuántas bajas nos propinaron los sudafricanos y cuántas la Unita de Jonas Savimbi. Me atrevería a asegurar que fue la Unita quien tomó la delantera, porque hasta actos de puro canibalismo protagonizaron con nuestros soldados. Con el tiempo, y ya en el poder, fueron los diputados de esa organización quienes encabezaron la supresión de “Popular” en el nombre oficial de esa nación.

Tarea y deber de los historiadores, además de dejar por sentado lo ya reconocido del papel cubano jugado por la independencia africana y la eliminación de la política del Apartheid, realizar un análisis crítico y honesto del curso que tomaron los acontecimientos y de la realidad que viven ambos pueblos hasta el día de hoy.

Los caídos en combate, esos que son dudosamente reverenciados por estadistas de ambos países que llegan a la Isla, ya no podrán aportar sus criterios, pero los sobrevivientes tienen todo el derecho del mundo a levantar su voz porque también ellos escriben la historia. Y a pesar de haber transcurrido más de cuarenta años, todavía hay muchas cosas para contar.

De cualquier forma, como decía un buen amigo ante las desgracias, “el mundo sigue su agitado curso” y ya nos quedan pocos amigos y compañeros. Los demás han cedido sus puestos (o los han perdido) para que gobiernen los señores con los que habrá que lidiar sin un Ak-47 en las manos, sino con jóvenes pensamientos de los nuevos tiempos…



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