Cuba y la pandemia: Trabajadores interruptos

Por Ronal Quiñones

Foto: Juan Suárez

HAVANA TIMES – Carmen Rosa es trabajadora de un hotel de La Habana, o al menos lo era antes de la entrada a Cuba de la Covid-19.

Aunque no dejará de ser plantilla de su centro laboral, según garantizan sus directivos, lo cierto es que actualmente está sin empleo.

Al cerrar su centro por la falta de turistas, la mayoría del personal fue reubicado en otras labores o mandados a sus casas por presentar algún impedimento.

Ese es su caso, pues con su condición de asmática crónica no puede exponerse al contagio con el mortal virus en las labores que realiza el hotel en las calles. Casi todos los hombres laboran actualmente en tareas de remozamiento, pero ella no está calificada para eso, y su propia condición sanitaria le impide estar cerca del polvo que inevitablemente generan casi todas las actividades de ese tipo.

Gerardo es trabajador de una Casa de Cambio (las conocidas Cadeca), también en la capital, e igualmente se quedó sin trabajo tras la reorganización de los servicios en su entidad, afectados también por la casi nula entrada de turistas.

En su caso, no hay ningún impedimento físico, pero cuando fue a buscar ocupación en las instalaciones bancarias adonde se le envió, estas alegaron no tener plazas para nuevos trabajadores, por lo que también está interrupto.

Estos son dos ejemplos de quizás cientos de miles de cubanos que han sido afectados por la pandemia, como los millones de otros países que han perdido sus puestos y viven o malviven de la asistencia social.

Ciertamente, la mayoría en Cuba recibe el 60 por ciento de su salario, a un costo mayúsculo para el país al tratarse de personas que no están aportando (como comentamos en un artículo anterior), pero perdieron los ingresos por concepto de almuerzo y estimulación en CUC, que es lo que básicamente hace que sus plazas sean demandadas en la población cubana.

Incluso con esos ingresos, ese salario, como el de casi todos los cubanos que trabajan para el Estado, es insuficiente para resolver muchas necesidades, pero con el recorte actual la situación se vuelve más dramática.

Ni Carmen Rosa ni Gerardo constituyen la única entrada de dinero en sus respectivos núcleos familiares, pero en otras familias sí se ha afectado a la persona que mantiene al resto (sobre todo madres solteras), y su situación ante la pandemia es preocupante.

Incluso los productos que están siendo entregados por la libreta de abastecimientos en estas circunstancias están en su mayoría a precios comerciales, y no subsidiados como el resto, lo cual ha encarecido la canasta básica ofertada por esa vía.

Los módulos de aseo y el pollo que se han brindado adicionalmente, llegará el momento que constituyan un gasto imposible de pagar para algunas personas, si sus ingresos no son restablecidos.

Si la pandemia no se controla pronto (y no hay señales de que eso vaya a suceder), el Estado no podrá soportar la carga que implican esos salarios recortados, sumados a los de la electricidad subsidiada, el transporte y los insumos que demanda la hospitalización y atención a los enfermos y otros gastos que mencionamos en el comentario anterior.

En estos momentos son agobiantes las colas en muchos establecimientos, pero al menos eso quiere decir que hay algo. Llegará el momento en que eso acabe, porque la mayoría de los productos que se comercializan en nuestras tiendas son de procedencia foránea, y la crisis es global.

El constante llamado de las autoridades a producir más que, por cierto, es de toda la vida, no resolverá los abastecimientos que necesita un país cuya agricultura no ha logrado nunca ser autosuficiente, menos aún su ganadería.

Sin pretender ser demasiado pesimista, es evidente que lo que se avecina no es nada promisorio, y puede ser incluso una bomba de tiempo social.

Circulan por las redes sociales videos de riñas en las concentraciones para adquirir pollo o papel sanitario, pero cuando estos no estén disponibles, la desesperación puede hacer estragos en una población ya de por sí socavada por las escaseces habituales.

Según he podido apreciar en estos mismos videos, tampoco la policía, desbordada por tantas situaciones límites, contribuye demasiado y en ocasiones son los agentes del orden los que están más alterados que los propios ciudadanos, y llega el maltrato y hasta el abuso.

Vistas las cosas así, lamentablemente estamos al borde de un polvorín que puede estallar en cualquier momento, y cuyas consecuencias son impredecibles.



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Silueta, Holetown, Barbados.  Por Darric Taylor (Barbados).  Cámara: Samsung Galaxy S8

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