Cuba es un país en ruinas

Por Osmel Ramírez Álvarez

Un edificio multifamiliar ‘capitalista’ en Centro Habana, intervenido por la Reforma Urbana,

HAVANA TIMES – La situación que tiene el fondo habitacional cubano, y de infraestructura en general, es crítica. Es una realidad que este país, ¡casi completo!, está en ruinas. Por supuesto que se debe a muchos factores, pero todos tienen relación directa o indirecta con el modelo económico, político y social que ha resultado disfuncional.

La idea de que cada familia tenga su casa propia es una utopía hermosa, pero no pasa de eso. En la práctica es una carrera de velocidad entre la capacidad de inversión estatal en ese sector contra la multiplicación exponencial de las necesidades siempre crecientes. Y el estado nunca ha podido cumplir semejante propósito ni en los experimentos socialistas-radicales de mayor desarrollo económico en Europa.

Aparte de la incapacidad económica o de gestión, o de la dependencia del voluntarismo político siempre zigzagueante, con altos y bajos, esa utopía crea otros males sociales. Por ejemplo, el exceso de trámites y su consecuente burocratismo tedioso que provoca demoras y corrupción.

En un país normal, un millón de viviendas pueden tener alrededor de 100 mil propietarios y estos pueden ser atendidos jurídicamente, porque ganan dinero y pagan esos servicios, por una centena de abogados o representantes. Menos gente haciendo trámites y menos movilidad de inmuebles o una movilidad más plural. Pero en Cuba son un millón de dueños, con gran movilidad de los inmuebles, haciendo colas en las oficinas aunque sean viejitos y no entiendan nada de leyes.

Hay que sumar el hecho real de que no es lo mismo exigirle a un millón de propietarios, la inmensa mayoría pobres y más que eso paupérrimos, que mantengan en excelente estado sus inmuebles. Eso hace que recaiga en el Estado tamaña responsabilidad, máxime si con salarios miserables no alcanzarían ni para un retoque a un metro cuadrado.

Es fácil exigir a los “caseros” que tienen varias casas y ganan dinero por ello que inviertan un porcentaje en mantenimiento, sin hablar del natural sentido de pertenencia que los motiva a conservar lo propio. Y cuando los edificios son colectivos debe haber una administración del edificio y todo vecino pagar una mensualidad para cubrir lo que es de todos. Pero aquí es de todos y al mismo tiempo no es de nadie y en lo colectivo se entiende que el Estado es el que tiene que ver con eso.

No es culpa de la gente, es del modelo, del sistema que simplemente no funciona. En las ciudades más grandes, especialmente en La Habana, se nota más el resultado de la Ley de Reforma Urbana, esa que hizo “justicia” revolucionaria regalando lo ajeno. Fue a inicios de la Revolución y consistió en quitarles a los propietarios las viviendas rentadas y regalárselas a los inquilinos. Para mí puro despojo.

Y muchos de esos inmuebles se volvieron ruinas. No ahora que han pasado seis décadas de abandono, cuando solo había transcurrido la mitad de ese periodo ya estaban en pésimo estado. Y el progreso constructivo, aunque se ha hecho bastante, ha sido de pésima calidad y estética, y se detuvo donde había algo viejo construido y gracias a ello se conservan muchos edificios de valor patrimonial. La Habana es un gran ejemplo, pero es un fenómeno general en todo el país.

Aquí mismo en Mayarí, donde vivo, todos los repartos y barrios nuevos carecen de asfalto y alcantarillado, agua permanente, y gas ni soñarlo. Solo las zonas que ocupaba el pueblo antes de la Revolución tienen excelentes aceras, calles asfaltadas, drenaje pluvial con tomas para los bomberos y las calles bien trazadas. Claro que carecen de mantenimiento, pero aún así son las mejores.

Las estatuas de los parques “de antes” son de mármol alabastro y las de ahora de cemento o yeso, llenas de manchas por la lluvia. Los bancos de hace seis décadas son de granito y están intactos, los recientes son de cemento y están roídos. Proliferaron repartos con callejuelas, sin orden simétrico, sin infraestructura básica y sin asfalto.

Pueblos otrora hermosísimos que eran predominantemente de madera por tener negocios estadounidenses, como Guaro y Préston, se mantuvieron intactos por cinco décadas y bastaron veinte o treinta años de Revolución para convertirlos en ruinas. En todas las provincias hay ejemplos de sobra.

Es un sistema sin retroalimentación y disfuncional que rompe con lo que funciona para conseguir una justicia efímera y no es sustituido por algo mejor. Ello se vuelve contra ellos como un boomerang de problemas sociales más complicados todavía.

Como socialista he pensado mucho en este asunto de la vivienda. Creo que tener una casa propia debe ser una decisión de cada persona, pero debe ser accesible, jamás una política de estado. A mucha gente no les gusta o no les conviene echar raíces en un lugar específico. La visión oficial en Cuba sobre ese y otros temas la considero feudal.

El casero es necesario en cualquier sociedad y no creo bueno que el Estado se convierta en tal cosa, porque sería más burocracia y más corrupción. En fin, demasiado poder para los funcionarios y otra fuente de abusos contra el pueblo. El sector privado debe participar en la inversión social con fines de vivienda e infraestructura y para ello debe eliminarse el límite a la tenencia de más de una vivienda y modificar de manera que funcione el problema impositivo actual, que más que disfuncional es estúpido.

Para los más desvalidos, los municipios siendo autónomos podrían construir con su presupuesto, o apoyados por el nacional, viviendas modestas para “prestarlas”, nunca regalarlas, a los casos sociales más críticos y si fuera posible también para los menos críticos, en menor costo de la renta normal. Se pueden hacer muchas cosas, pero tiene que ser algo que funcione, no lo que ha sucedido hasta hoy.

El socialismo no puede ser un sistema que salve a la gente y mate a las ciudades. Pero lamentablemente esa es la imagen que los radicales han construido con su populismo disfuncional.


10 thoughts on “Cuba es un país en ruinas

  • el 13 octubre, 2018 a las 10:51 am
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    Eduardo: creo que no entendiste. Hablo de los casos sociales críticos o medianamente críticos, esos que de todas formas hay que apoyar. No serian millones de viviendas, solo unas pocas para un municipio en caso de lograr o recuperar la autonomía en el futuro. El fenómeno actual es otro, en el artículo está claro y en el país también. A los necesitados lo que hay que ofrecerles es libertad, oportunidades, menos trabas y que hayan leyes justas que los protejan y los hagan responsables. Claro que la vivienda es un tema que tiene más complejidades, yo solo toqué una de sus aristas, sin obviar el todo por supuesto.

  • el 11 octubre, 2018 a las 12:42 pm
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    En muchos paises ex socialistas hay empresas de construccion estatales y privadas. Las privadas construyen un porciento de sus viviendas solo para entregarselas al estado a precio barato ya establecido por convenios y el estado se las vende con subsidios a las personas que no pueden pagar. el resto la empresa privada la vende a precio de mercado y saca su ganancia. El gran problema es que la moneda cubana no tiene ni valor de uso ni valor de cambio y hasta que eso no cambie no hay manera de crear un mercado inmobiliario como tal, a no ser el que esta hoy en dia que te piden 100,000 CUC por una casa en La Jata.

  • el 11 octubre, 2018 a las 10:23 am
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    …en el socialismo del señor osmel el estado y los municipios construiran viviendas modestas para rentar a bajo costo a los necesitados…como son necesitados y la vivienda no es suya me imagino que el estado y los municipios tendran que encargarse de mantenimientos y reparaciones…no es eso mas o menos lo que sucede ahora y es todo un desastre???…el asunto de la vivienda es mucho mas complejo y creo son muy pocos los paises que pueden decir que no tienen problemas en ese campo…

  • el 11 octubre, 2018 a las 8:50 am
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    Desde esa óptica tienes razón. Mi discurso económico ha tenido en efecto un leve viraje, porque veo peligros reales en los temores al estatismo, al excesivo control del estado. Pero no he girado al otro extremo que lo sigo considerando mejor opción que el extremo nuestro, pero no la mejor. sigo creyendo en la economía mixta.

  • el 10 octubre, 2018 a las 11:17 pm
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    Lo peor es que aquí todavía, 60 años después, no tienen un plan coherente ni viable para revertir la situación.
    Los comunistas asiáticos al menos van para adelante en lo económico y su infraestructura no solo ha mejorado, es incluso de vanguardia, porque aceptaron la superioridad del capitalismo. Son capitalistas aunque no tengan políticamente una democracia. Tienen una dictadura izquierdista. Arabia saudí es capitalista y tiene una dictadura de derecha. Aquí qué tenemos? – lo dejo de tarea.

  • el 10 octubre, 2018 a las 7:56 am
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    una sociedad sin retroalimentacion como usted bien dice, porque ellos en su afan de poder absoluto cortan los canales a traves de los cuales el pueblo les critica su gestion, pero eso no es necesario para un dictador que solo quiere escupir ordenes, que es lo hecho desde 1959 en un tipo arrogante y prepotente. y aqui estan los resultados, una gestion mediocre, deficiente, rocambolesta y estrambotica que nada bueno ha traido para un pueblo mas que destruccion de todo el entramado economico y social debido a 60 años de improvisaciones imparables. el socialismo no fue una vocacion o una eleccion entre diferentes oportunidades, el socialismo era el unico camino que le garantizaba poder absoluto que era en realidad lo que buscaba, desde el principio. pobre cuba, pobres cubanos.

  • el 9 octubre, 2018 a las 4:46 pm
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    amigo el modelo económico, político y social no es disfuncional, ha resultado a la perfección, lo que pasa es que tu crees que ellos lo hicieron pensando en lo mejor para Cuba, pero no, lo hicieron pensando en lo mejor para ellos y para eso sí que ha funcionado.

    Me gusta el viraje “liberal” de tu discurso económico. Un abrazo

  • el 8 octubre, 2018 a las 3:07 pm
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    Es que las ciudades, su arquitectura y condiciones urbanísticas son reflejo de la sociedad que vive y se desarrolla en ella. Es logico que todo esté destruído

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