Cuba: El control mental como garante de una quimera

Por Benjamín Noria

Fot by Juan Suárez

HAVANA TIMES – En Cuba, el control mental lo emplea el Gobierno para modificar los estados mentales de los “ciudadanos”, con el fin de influenciarlos, manipularlos y lograr que actúen según su arbitrio.

Escribí arbitrio porque, por ejemplo, en el código penal cubano hay figuras delictivas que se han establecido según el gusto de los gobernantes, y no de una supuesta peligrosidad objetiva.

¿Pues me pregunto qué peligrosidad social puede tener hablar mal de un gobernante que ha empobrecido al país, que no ha logrado eliminar la inflación y que no ha sido capaz de aumentar la producción de riquezas en 60 años? En ningún país con Estado de Derecho hablar mal del Gobierno es un delito.

Además, puse ciudadanos entre comillas, puesto que como Cuba tiene dueño, entonces el término ciudadano está empleado inadecuadamente. Más bien sería el término vasallo, que era el individuo que se ponía al servicio de un señor feudal, el cual le daba protección a cambio de unos determinados servicios.

El control mental trata de producir imitación y sumisión, pues el Gobierno cubano aborrece la inteligencia. Es más, tiene primacía el culto del odio a la inteligencia y a la iniciativa privada.

Se utilizan los medios de comunicación de masas, la propaganda, las ejecuciones ejemplarizantes y se toman como chivo expiatorio a los que no cumplen con la ideología de los que tienen el mando.

Han empleado el miedo y sembrado el terror. Se sirven de la sugestión, mediante la que se matizan los conceptos y los transforman en significados beneficiosos para mantenerse ellos en el poder.

La retórica y persuasión también tienen lugar en el proceso del control mental en la Isla. Todos los discursos que se emiten provocan como efecto embelesar al nacional para que se olvide de que la está pasando mal económicamente, para que no piense en política.

En Cuba no importan los argumentos. Ni siquiera interesa la dialéctica que usó el propio Karl Marx en su doctrina y que sirve para superar lo viejo y hacer una transición a lo nuevo, teniendo en cuenta las leyes de esta dialéctica que supuestamente siguen los cubanos en sus vidas marxistas -leninistas.

Un cubano entra en una oficina de una unidad presupuestada o incluso de una empresa y solo hay fotos de los líderes (las únicas que se permiten) del Gobierno, incitando al culto a la personalidad. Esa foto en la pared del líder es como si dijera: tienes que seguirme. Ciertamente, señores, no hay escapatoria.

La hegemonía del control mental secuestra las conciencias de los vasallos para ponerlas al servicio de los fines de los ideólogos que tantas vidas se han llevado con su fanatismo. El fanatismo de un socialismo que nos es posible de manera natural.

Es irreal que el ser humano pueda renunciar al egoísmo y repartir todo a partes iguales; es irreal que el Estado desaparezca durante la transición al socialismo. Si desaparece el Estado, desaparecen la Fiscalía, los Tribunales, etc., y no se ha demostrado que el hombre pueda vEl control mental como garanteivir sin coacción y sin deberes.

Cuánto se ha sacrificado en favor de una quimera o utopía va a ser difícil de enumerar y olvidar.  El control mental vende una imagen insuperable e invaluable de un proyecto de vida que embota los sentidos, dejando vulnerable al cubano a su propia ruina.  

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