Cuando el libertador Ortega se transforma en Somoza

Foto: AFP

 

El regreso a las trincheras de Nicaragua

Nosotros, en África, recordamos con desdén las maniobras de Robert Mugabe para que su esposa lo sucediera, mientras camuflaba esas abominaciones con una virulencia antioccidental.

 

Por Tee Ngugi*

HAVANA TIMES – En 1979 Daniel Ortega dirigió a los guerrilleros sandinistas que derrocaron el régimen dinástico asesino de la familia Somoza.

Para reprimir la insurrección sandinista, el dictador Anastasio Somoza desplegó tanto a los militares como a las milicias fanáticas. Estas se desataron contra poblaciones que supuestamente apoyaban a los sandinistas, y fueron torturadas y asesinadas con impunidad.

En América Latina, los militares y las milicias no solo mataron, sino que los asesinatos cometidos fueron llevados a cabo por el método más espantoso posible para asustar a las personas para que no apoyaran a los grupos insurgentes.

Uno tiene visiones de los agujeros del infierno donde las torturas se realizaron, las súplicas por piedad o incitación a la muerte, en lugar de la humillación de los humanos convertidos en animales por regímenes verdaderamente depravados.

El propio Daniel Ortega fue duramente torturado. Después de que el régimen fuera derrocado,  Ortega se convirtió en presidente. Pero los elementos del sistema derrotado, con el respaldo de Estados Unidos, se reagruparon para librar una guerra cruel y bárbara contra su Gobierno revolucionario.

Es de su crédito y del espíritu revolucionario del pueblo, que los Contras, como se les llamó, fracasaron en su intento de restablecer un régimen fascista.

En Argentina, el gobierno apoyado por Estados Unidos ideó un método particularmente horrible para reprimir la disidencia: la desaparición de sus contrarios. Así fue, los opositores del régimen desaparecerían, para no ser encontrados nunca más.

En Chile, los Estados Unidos de América ayudaron al derrocamiento de un gobierno popular. El dictador fascista que se hizo cargo, el general Augusto Pinochet, presidiría un reino de terror que duró décadas.

El pensamiento general considera que Pinochet fue el modelo para el Patriarca, el personaje de la novela épica de Gabriel García Márquez, Otoño del Patriarca, que presidió una dictadura monumental.

Desde Cuba, hasta Bolivia, Perú, y así sucesivamente, los dólares de los contribuyentes estadounidenses fueron usados  para apuntalar los regímenes fascistas y reprimir de manera brutal a los disidentes. Es cierto que en varios momentos de la historia, los Estados Unidos han sido una fuerza para el bien, pero su participación en América Latina, Vietnam y otros países del sudeste asiático seguirá siendo un capítulo oscuro de la historia de ese país.

Es, por lo tanto, una traición a los miles que fueron torturados, desaparecidos o asesinados por su oposición a los regímenes fascistas en América Latina, que los gobiernos de Venezuela y Nicaragua ahora encubran su supresión de la disidencia al evocar el fantasma del apoyo estadounidense a los gobiernos y fuerzas reaccionarios.

En Venezuela, las políticas del gobierno de Nicolás Maduro han llevado al exilio a millones de personas de su país. Él ha adulterado la Constitución. Su policía emplea medios extrajudiciales para tratar con sus oponentes. Para encubrir esos crímenes, argumenta que está luchando contra las fuerzas apoyadas por los Estados Unidos para derrocar a su gobierno e instalar un régimen fascista.

En Nicaragua, ese argumento cínico se usa para encubrir la supresión de la disidencia, usando tácticas tan brutales que recuerdan al mandato de Somoza.

Tal vez deberíamos haberlo visto venir cuando Ortega comenzó a gobernar como un feudo familiar. Sus parientes ocupan posiciones influyentes en los sectores público y privado. ¡Su esposa es la vicepresidenta del país!

Nosotros en África recordamos con desdén las confabulaciones de Robert Mugabe para que su esposa lo sucediera en el poder, mientras camuflaba esa abominación con una retórica vitriólica antioccidental. En reuniones internacionales, en momentos cuando estaba despierto, gritó que Occidente estaba intentando un cambio de régimen.

Trágicamente, los intelectuales africanos cayeron ante ese falso nacionalismo. En las conferencias alababan a Mugabe como la vanguardia de la Revolución socialista africana.

Eso ocurrió a  pesar de las muchas señales de advertencia: la brutal supresión de la disidencia, la corrupción que enriqueció a Mugabe y a sus compinches, así como la negligencia estatal de todo tipo, desde la Salud hasta la Agricultura, y los estallidos cada vez más salvajes del camarada Bob hacia críticos como Desmond Tutu…

¿Quién hubiera creído cuando Mugabe tomó el poder en Zimbabwe, que resultaría ser simplemente otro dictador brutal?

Por otro lado, quién se hubiera imaginado que Ortega, campeón de los pobres y luchador por la justicia terminaría disparándole a su propio pueblo en las calles y desatando una milicia asesina contra ellos. Quién habría imaginado que ese mismo Ortega usaría su Gobierno para enriquecer a su familia y a su camarilla.

Las cosas cambian y, sin embargo, se mantienen iguales. Daniel Ortega, un revolucionario, un líder progresivo, campeón de los pobres y de los oprimidos, es ahora un brutal dictador acusado por Amnistía Internacional, por los pastores católicos, por los defensores de los Derechos Humanos, incluso por compañeros revolucionarios y sandinistas, de haber traicionado los ideales de justicia, igualdad y libertad.

El pueblo de Nicaragua tendrá que sufrir y morir una vez más por los ideales sandinistas por los cuales ellos y sus abuelos lucharon tan duramente y por tanto tiempo.

*Tee Ngugi es un comentarista sobre temas políticos y sociales que vive en Nairobi, Kenia.
Este comentario fue publicado originalmente en inglés por:  http://www.theeastafrican.co.ke

 

 


One thought on “Cuando el libertador Ortega se transforma en Somoza

  • el 16 agosto, 2018 a las 4:54 pm
    Permalink

    Para ser libertador no basta haber derrocado a un tirano, sino garantizar las libertades y derechos que el pueblo merece. El sandinismo jamás lo hizo y, si alguna vez de verdad pensó hacerlo, triunfó lastrado con algo que sería su ruina, su alianza con el castrismo. Yo no puedo creer que nadie que sea un libertador triunfe aliado con los Castro y con ese impresentable de A Alemán, uno de los políticos más inmoirales y corruptos del continente.

    Una aclaración: El que diga que el dictador de “El Otoño del Patriarca” está inspirado en Pinochet, ni se leyó la novela, ni la ha estudiado en su vida, pues se escribió de manera general en 1968 y fue terminada en 1971. Solo los últimos toques se le dieron en 1975, año de su publicación en España.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *