Coronavirus: ¿oportunidad u obstáculo para el régimen Ortega-Murillo?

Por Ramón J. Meneses

Rosario Murillo y Daniel Ortega en un acto de gobierno. Foto: el19digital

HAVANA TIMES – Somoza calificó el terremoto de 1972 como “la revolución de las oportunidades” y uno de los grandes resultados fue que la mayoría de la ayuda internacional y buena parte de la riqueza nacional terminó en sus manos.

Daniel Ortega y Rosario Murillo ya tienen una gran fortuna y políticamente sobreviven imponiendo su estado policial y una brutal represión. Por eso, principalmente por razones políticas, es probable que también estén pensando que la epidemia del coronavirus (Covid-19) representa para ellos una “oportunidad”.

¿Cuál es la razón por la cual el gobierno de Nicaragua no ha decretado ninguna medida sería ante el coronavirus y más bien va contracorriente al resto de países y a las recomendaciones de la OMS? ¿Tendrá algún motivo secreto el régimen Ortega-Murillo? ¿O quizás saldrá con alguna acción fría y bien calculada en contra de la oposición?

El caso de Italia nos enseña que cuando el primer caso se detecta es probable que ya existan varios focos de contagio. Otras epidemias han demostrado que existe un umbral alrededor de 100 casos, que después que se pasa, si no se toman medidas, “el contagio se acelera de forma exponencial durante varias semanas”. En el caso del coronavirus, los sistemas de salud, la OPS y OMS ya tienen diversos métodos para medir la velocidad con la cual se puede propagar en una población. Lo más importante es reducir la rapidez del contagio para que no colapsen los sistemas de salud.

Nicaragua no cuenta con una estrategia informativa de prevención y al contrario de las acciones que han tomado otros países, la Vicepresidenta Rosario Murillo orienta marchas (“Amor en tiempos del Covid-19”), mantiene abiertas las escuelas y ha ordenado “ampliar y desarrollar” eventos durante el verano y Semana Santa, tales como “ferias, certámenes, pasarelas y emprendimientos”. Todo lo contrario al distanciamiento social.

Este “descuido deliberado”—como lo llama Oscar René Vargas—del régimen Ortega-Murillo es tema de debate en las redes sociales. “Nos quieren matar a todos”, dicen algunos, usando como evidencia la maldad ya conocida del régimen, representada en el asesinato de más de 300 personas. También algunos consideran que se quiere provocar una crisis humanitaria para recibir cierto apoyo internacional y como una especie de escudo frente a las sanciones de Estados Unidos y Canadá.

Otros más siniestros opinan que, debido a que la mayoría de los que fallecen son mayores de 60 años y con complicaciones de salud, esta sería una oportunidad para reducir el pago de pensiones y los gastos del seguro social. Lo que si queda claro es que el régimen no quiere que el coronavirus se le convierta en otro tranque que termine de desbaratar la ya muy deteriorada economía nacional.

Al igual que otros países de Centro América, el régimen va a recibir del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) un millón de dólares “para atender la emergencia de la enfermedad causada por el nuevo coronavirus (Covid-19)”. Y si se hace realidad el escenario presentado en su protocolo de respuesta, revelado en Confidencial y se llega a 32,500 contagiados y 813 fallecidos, es probable que reciba otros millones. Pero cualquier monto que reciba no será suficiente para salir de la profunda crisis económica, ahora afectada aún más por la recesión global que ya está en marcha.

La frontera entre Colombia y Venezuela esta cerrado.  Foto: elheraldo.com

Estamos, dice el economista Néstor Avendaño, ante un “shock de oferta”. En Nicaragua, el turismo no se va a recuperar, no habrá inversiones, negocios van a cerrar, nuestro socio comercial principal ya está en recesión, las remesas no van a crecer, incrementará el desempleo y la “normalidad” que tanto pregona el gobierno se alejará aún más. Aún sin tomar en cuenta el impacto económico que a largo plazo ocasionará el coronavirus, es irreal esperar que la situación económica actual mejore o que se mantenga tal como está.

Por otro lado, las sanciones actuales ya afectan a funcionarios del régimen, a empresas de la familia Ortega-Murillo y una institución del estado (la Policía). Es de prever que ese tipo de sanciones se van a incrementar. En crisis humanitarias, las sanciones financieras son susceptibles de flexibilizarse, pero no es este el caso, dado que las actuales no van dirigidas contra la economía nacional.

Al igual que en Cuba, el régimen Ortega-Murillo ha transmitido a sus bases que el virus no va a entrar a Nicaragua debido al calor. Ese argumento cae por su propio peso. Muy a pesar nuestro, Nicaragua presenta uno de los peores escenarios para una rápida propagación del virus: la falta de acceso al agua en zonas urbanas y rurales, un muy limitado y deteriorado sistema de salud, bajo nivel educativo, así como las aglomeraciones promovidas por el régimen.

El coronavirus se propaga diez veces más rápido que el catarro común. Al no tomar ninguna medida de prevención para evitar la propagación, ni adoptar ninguna medida restrictiva, el régimen Ortega-Murillo cometió un garrafal error en materia de salud pública. Ya demostró, al igual que Somoza con el terremoto, que no tiene capacidad para gerenciar una catástrofe o emergencia. Esto ha sido calificado por analistas y amplios sectores de la población como una acción irresponsable, demencial o resultado de la estupidez, del desgobierno y el autoritarismo. Ortega y Murillo, pareciera ser, se quedaron petrificados en su cascarón de odio y venganza.

Además de “evitar a toda costa que se vea afectado el nivel agregado de consumo y la supuesta normalidad económica que hay en el país”, como señala Carlos Fernando Chamorro, ¿cuáles serían las razones políticas que el gobierno ve como una “oportunidad” para no adoptar medidas de prevención e ir a contraposición de otros países dentro y fuera de la región?

Al régimen le interesa seguir vendiendo la impresión de un “país seguro”, en el cual todo “está normal” y hasta es inmune al coronavirus o, si el virus afecta, será levemente. Este mensaje va dirigido principalmente hacia sus bases, en particular las “encuarteladas” (policías, militares, paramilitares y militantes). De ninguna manera el régimen quiere perder el control que aún tiene sobre sus fuerzas represivas.

Este miércoles, 18 de marzo, el gobierno informó un primer caso positivo de coronavirus, pero los rumores apuntan a que ya son varios los casos en diversas ciudades del país. La falta de transparencia del gobierno nos pone en peligro a todos, a moros y cristianos. El coronavirus no discrimina entre opositores o sandinistas.

De darse un brote significativo del coronavirus, resultado de la irresponsabilidad del gobierno, la presión nacional e internacional forzará a decretar un “estado de emergencia” u otra forma legal existente. Los antecedentes del régimen indican que podría utilizar ese momento para profundizar la represión contra la ciudadanía opositora. Podría considerar, además, que las medidas de excepción le dan “carte blanche” para incrementar sus violaciones a los derechos humanos, a espaldas de la comunidad internacional. Eso sería un grave error político, porque ya los ojos de la comunidad internacional están en Nicaragua.

La lucha contra las catástrofes naturales y todo tipo de emergencias se han militarizado y ese es un ámbito en el cual el régimen Ortega-Murillo se sentiría muy cómodo. Esto les permitiría ahondar sus tentáculos de estado policíaco, ampliando la represión e incrementando el control de la población, particularmente de los sectores opositores.

En un año preelectoral, las medidas adoptadas en un marco de emergencia podrían incluir aspectos ligados a las elecciones del 2021, inclusive suspenderlas, prorrogarlas o reformarlas de acuerdo a sus intereses. Ciertamente, la epidemia del coronavirus hace menos probable un adelanto de las elecciones. Lo que si es cierto es que el régimen buscará aprovechar el momento para eternizarse.

El régimen Ortega-Murillo quiere tomar la “oportunidad” de la epidemia del coronavirus para profundizar la represión, mantenerse en el poder, neutralizar a la oposición y recuperar algo de la legitimidad perdida a nivel nacional e internacional. Piensa lograr eso, motivando y buscando una gran crisis humanitaria. Pero, esta estrategia ya está siendo develada por la oposición. La Coalición Nacional, el FUNIDES, el COSEP, la exministra de salud Dora María Téllez, profesionales y organizaciones varias, promueven, desde la sociedad civil, una verdadera campaña informativa para prevenir el coronavirus, haciendo un llamado a la población sobre el auto cuido, las medidas de higiene, solidaridad, quedarse en casa y no exponerse, e instando al gobierno a que adopte medidas similares a las de los otros países de la región.

Esa campaña informativa incluye la liberación de los presos políticos, haciendo al régimen responsable de cualquier afectación a su salud por el coronavirus. La asociación médica “Physicians for Human Rights” (Doctores pro Derechos Humanos) plantea que es inevitable que el coronavirus llegue a las prisiones y centros de detención de inmigrantes en Estados Unidos y ha instado a las autoridades que libere a todos los inmigrantes en detención. Los prisioneros políticos y organizaciones de derechos humanos en Nicaragua, han reportado las condiciones insalubres e infrahumanas de las cárceles del país. Estas son un hervidero de enfermedades infecciosas, lo cual hace inevitable que la epidemia llegue a las cárceles. Los presos políticos deben ser liberados a lo inmediato.

Somoza tomó la “oportunidad” que le dio el terremoto para enriquecerse, e hizo más evidente la vulnerabilidad estructural de ese sistema político y social, la corrupción de funcionarios gubernamentales y la codicia sin límites del propio presidente. El régimen Ortega-Murillo desde ya evidencia su alto grado de irresponsabilidad, su falta de sensibilidad hacia la protección y salvaguarda del pueblo, su profundo odio y sed de venganza hacia la oposición, y su ilimitado deseo de control y poder. Tal como sucedió con Somoza, esta crisis también sellará la caída del poder de los Ortega-Murillo.

 

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