¿Cómo debemos llorar a Fidel Castro?

By Beatrice Pignatelli

HAVANA TIMES – El teléfono de mi esposo sonó a las dos de la madrugada. Una rápida mirada al código de marcación del país, +53, lo sacó de su niebla; una llamada inesperada en las primeras horas de la mañana ha demostrado con frecuencia ser la portadora de malas noticias.

Él respondió a la llamada, y desde el otro extremo de la línea reconocimos la voz nerviosa de nuestro antiguo vecino contándonos sobre la alocución televisada de Raúl Castro, confirmando la noticia que nadie pensó que alguna vez sería verdad: se murió Fidel, Fidel ha muerto.

Escenarios paralelos se desarrollaron en las cuatro esquinas del planeta, pues la diáspora cubana (ahora de 2,4 millones de personas) a través de Facebook, Whatsapps y de Imos comenzó a zumbar incesantemente. La cuna de la comunidad cubana del exilio en Florida, concentrada en Miami y el epicentro cubano de Hialeah, se reunió rápidamente fuera del emblemático café Versailles. La zona fue encendida por el bocinazo de cuernos, el golpe de cacerolas, fuegos artificiales, banderas y otras formas de parafernalia patriótica.

La noticia viajó como un reguero de pólvora, y en la mañana los cubanos dispersos por todo el mundo habían entrado en el debate en línea. Lo que comenzó como un chock inicial se convirtió rápidamente en llamadas de nombres y apuntar con el dedo contraatacado por las lamentaciones y los tributos.

Palabras como “régimen draconiana”, “esperanza” y “sanación” se yuxtaponen a otras como “líder”, “titán”, “revolucionario” y “legado”. Mientras tanto, el público en general sigue los elogios de Castro y las historiografías de la Guerra Fría fáciles de digerir, proporcionadas por los medios internacionales.

No existe una imagen clara de cómo debemos recordar a Fidel Alejandro Castro Ruz. De hecho, a lo largo de su vida pasó por una serie de metamorfosis: de guarijo a guerrillero, de vencedor desafiante a líder carismático, de marxista a estalinista, de megalómano a un viejo decrépito. Es solo una figura tan contenciosa en la vida que podría dividir la opinión tan intransigente en la muerte.

De igual manera es previsible, en cierto modo, que este evento haya resucitado las dicotomías con las que la sociedad se ha vuelto cómoda al usar: reivindicación contra demonización, héroe contra villano, el bien contra el mal. Incluso la elección de referirse al difunto por su nombre o por su apellido puede ser polarizado.

Puede ser Fidel, el “barbudo revolucionario”, o Castro, “el tirano dictador”. El periodista cubano Carlos Manuel Álvarez articula esta idea de poder semántico con tanta potencia en su reciente artículo para el New York Times: “Nadie como Fidel Castro puede crear una distancia tan inexplicable entre su nombre y su apellido. Él dividió un país en dos, donde la gente buscó refugio en su primer nombre, los exiliados en su apellido, y otros simplemente se quedaron con miedo.”

En las secuelas de su fallecimiento, su persona continúa evocando esta fractura binaria. En un extremo del espectro, las multitudes en Miami optan por deleitarse con la muerte de un Castro de 90 años, el momento de cobrar a un hombre que robó su país; en el otro, los fidelistas reivindican los logros de su proyecto de toda la vida. El hombre que derrocó una dictadura, resistió a los Estados Unidos, sobrevivió a innumerables intentos contra su vida, brindó asistencia sanitaria y educación a sus compatriotas, pero debido a una combinación de ideología defectuosa, malos juicios y un desafiante contexto internacional, llevó a la nación y a sus leales seguidores a una severa crisis económica.

Fidel y Raúl Castro Foto archivo/cubadebate.cu
Fidel y Raúl Castro Foto archivo/cubadebate.cu

Las reacciones de los grupos que se le oponían y sus subsiguientes movilizaciones en Miami no sorprenden a nadie, dada la naturaleza “absolutista” de Fidel Castro y su modelo de reforma social.

Descrito por el historiador Alan Knight, la visión de Fidel Castro para Cuba fue un “transacción  entre democracia Dahliana” (que ha sido rotundamente repudiada) y derechos sociales o beneficios, en forma de salud pública y educación gratuitas (que ha sido avanzada de manera significativa).

Su exigencia de lealtad férrea eliminó cualquier olor a oposición política, sin embargo  la magnitud y el ritmo del cambio en Cuba era de naturaleza hercúlea y atestigua de manera fiel lo que se puede lograr cuando la sociedad es capaz de unirse bajo una causa común.

Su capacidad para reunir a las tropas logró la Campaña de Alfabetización de 1961, en la que los educadores fueron enviados a las zonas rurales, reduciendo el analfabetismo de 23,6%  a un 3,9%  en un periodo de solo nueve meses.

En 1963, el 70 por ciento de la tierra cubana había sido incautada a los terratenientes privados y sometida al control gubernamental a través de la Ley de Reforma Agraria de 1959 y 1963. Su experimento radical en la producción azucarera, cuyo objetivo era alcanzar una cosecha de 10 millones de toneladas de azúcar  en 1970, sacrificó gran parte del resto de la economía y sucumbió cuando la demanda internacional de azúcar bajó rápidamente.

Él era todo o nada; usted está dentro o fuera, un acercamiento similarmente blanco y negro a la política que tanto sus partidarios como sus opositores siguen emulando.

No obstante, la correlación entre su fallecimiento y el “fin de una era”, a la que tantos líderes políticos han hecho referencia, todavía no ha llegado o, al menos, si es así, apenas lo hemos notado.

Esto se debe, en parte, al hecho de que Fidel ha estado fuera de contexto por un buen tiempo. Desde hace mucho perdió su protagonismo en la narrativa cubana, y el centrismo de Fidel ya no es una justificación viable para la longevidad de su sistema.

El régimen de Castro ha disminuido su carácter personalista, demostrado por la entrega sin fisuras a su hermano menor, Raúl, hace diez años. Fidel Castro ha sido expulsado del ojo público durante tanto tiempo que la vida en Cuba ha estado marcada por un número de años con menciones y apariciones limitadas. La realidad de la supervivencia de la Revolución a pesar de la invasión, el bloqueo, la austeridad económica que condujo a una grave crisis, la disensión política y un período de alejamiento de los nuevos aliados socialistas ha demostrado que la Revolución ha establecido raíces mucho más profundas en suelo cubano, que las que Fidel alcanzó alguna vez .

Desde que Raúl llegó al poder oficialmente en 2008 se han producido cambios significativos en la sociedad cubana: la apertura del sector privado, la compra y venta de la propiedad privada. Los cubanos ahora pueden tener teléfonos móviles, carros y viajar con menos restricciones (al menos, en lo que respecta al lado cubano). Los salarios siguen siendo bajos, la burocracia todavía es dominante y el futuro de la economía cubana se mantiene como un misterio.

La Revolución Cubana ha madurado y el hermano mayor de Raúl Castro ya no puede ser visto como el problema en sí por sus caídas, aparte de ser un símbolo del conservadurismo. Aunque las libertades civiles aún son interpretadas por la eliminación de la oposición, no existe un régimen represivo sistemático.

La migración masiva continúa, pero los cubanos que abandonan la Isla en la actualidad se ven obligados a hacerlo, principalmente, por razones económicas, ya que el país no ofrece oportunidades viables para los jóvenes profesionales. El masivo éxodo político de los años 80 y 90 es un doloroso recuerdo, pero no el motor de la actual fuga de cerebros en Cuba. La nueva generación de cubanos tiene un conjunto diferente de sueños y prioridades: trabajar, mejorar sus vidas y dar superiores condiciones también a los familiares que quedaron en casa.

Las tranquilas calles de La Habana en estos días reflejan esta distancia política. Trae a la mente algo que un profesor de Historia y Política de América Latina mencionó en alguna ocasión cuando se le preguntó qué pasaría después de que Fidel Castro muriera. Él predijo que lo primero que los cubanos harían sería despertar y desayunar. Y, al menos, en La Habana hicieron exactamente eso, se fueron a trabajar, como hizo mi suegra ayer por la mañana para escribirnos un correo electrónico confirmando que todo estaba bien.

Ahora pasa el chock inicial, empezamos a lidiar con nuestro propio sentido personal de dolor y catarsis. Como ante cualquier muerte, miramos a través de fotos viejas, recordamos los años de oro y comenzamos a juntar las piezas de una narración restringida. Y aunque puede tomar más tiempo para algunos que para otros, pronto será el momento de mirar hacia el futuro y buscar la comprensión y el cumplimiento.

Un solo individuo realmente no cambia el mundo, sino más bien las personas que se unen bajo su guía por una causa común.

15 thoughts on “¿Cómo debemos llorar a Fidel Castro?

  • “La migración masiva continúa, pero los cubanos que abandonan la Isla en la actualidad se ven obligados a hacerlo, principalmente, por razones económicas…”. Las razones económicas de la migración son una falacia. La economía cubana está subordinada a la política. De forma que las deformaciones económicas son establecidas desde la política. La migración es por tanto política. No hay esperanzas de que cambie la economía con estos señores en el poder, por eso la gente emigra.

  • y que te pregunten si eres esto , lo otro ara trabajar, estudiar, viajar….que te declaren “idoneo ” o “no idoneo ” …que te adviertan que “la universidad es para los revolucionarios ” que exista el delito de ” situacion pre-delictiva de vagancia ” qe exista el delito de “actos de no se que contra el normal desarrollo de la ninez “,que en cada cuadra haya un Comite….vaya presos en una carcel peor que la de Guantanamo, por favor !!! Sin contar que tiempo hubo, no muy lejano, que le preguntaban a los ninos en primaria : “Tienes familia en el extranjero ??” y despues “te escribes con ellos o tus padres lo hacen ?? Vaya hay que encargarle al Dr, Cuevas que escriba la historia de Cuba…Ja,ja..!!!

  • El ser humano es un ser social , contiene dentro de si funciones de grupo, si se le reprime la individualidad, puede ser arreado como el ganado

  • Miranda.

    El problema de eduardo es que el siempre se sintió flautista, no lo admitieron en la orquesta; y fue echando, pero no ha perdido las esperanzas de que haya una plaza vacante, y la está luchando a como sea.

  • Eduardo : si tu vivistes en Cuba, no se por que te haces esa pregunta perogrullesca. La gente amaestrada mentalmente, van a donde le toque el Flautista. Si tu crees que los cubanos de hoy no estan casi totalmente sumidos en la confusion mental, que no tienen metas logicas de vida y desarrollo fera del “corralito de Fidel “….es que tienes amnesia……Ejemplos sobran de mentes colectivamente sojuzgadas, llevadas a la inmolacion masiva….

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *