Cienfuegos, la ciudad perdida en el mar

Puja, Cruces, Cienfuegos, Cuba. Por Jesús Fernández Garnier.

By Abraham

HAVANA TIMES – En solo seis décadas todo ha retrocedido en la ciudad de Cienfuegos, convertida en una sombra de su planificado destino. Don Luis De Clouet se remuerde en sus cenizas. La urbe cansada se desvanece. Los habitantes vienen y van, sin voz, perdidos en esta Villa que pide a gritos un empujón, un simple gesto de amor hacia la Patria. 

Conocida como La perla del sur, esta metrópolis de antaño siempre fue el orgullo de sus habitantes, por su diseño casi perfecto en la rectitud de sus planos. Ostentando una limpieza que fue reseña nacional, el diseño de sus edificios con un toque francés heredado de sus fundadores y su litoral que abraza al malecón del sur. Con un adelantado desarrollo industrial en la nación llegó a ser una de las ciudades más industrializadas de la Isla en la época… 

Los años han pasado y con ellos los gobiernos, unos con buenas intenciones y otros con no tantas. Recorrer Cienfuegos en el día de hoy constituye un enorme choque a la historia. Sus calles decadentes, edificios en ruinas, el bello litoral contaminado, los malos olores que la inundan, los basureros llenos de moscas en muchas esquinas y los viejos carteles propagandísticos a favor de un ideal perdido.

Ciudad que sufrió una metamorfosis

Lo más triste de todo es encontrase con el desencanto en la mirada de los transeúntes, autómatas en el ir y venir diario que es la vida aquí. Los ancianos callan y los jóvenes gritan a viva voz un ¡POR FAVOR!, hacia un oyente cruel que solo ignora.

Este pedazo de Cuba que prometía un esplendor ascendente en su fundación ha sufrido una metamorfosis. Lo que antes eran industrias, edificios icónicos, calles de renombre, playas paradisiacas, hoy son ruinas o recuerdos en la memoria popular.

Una amiga me decía que “en este país se vive la muerte”. ¡Y no es para menos! Hoy todos quieren irse para donde sea, con tal de mejorar y tener una vida, al menos, digna de un ser humano. Que no esté basada solamente en el agonizante pensamiento del salario que no alcanza para nada. O de lo que se vaya a comer, porque no hay prácticamente nada en las tiendas, a no ser en las polémicas tiendas en dólares. 

Las mismas tiendas en las que hay que pagar en una moneda que llevó a prisión a miles décadas atrás. La moneda que no existe en el bolsillo del profesional. Y uno tiene que ingeniar para comprar hasta lo más mínimo en una de esas tiendas.

La frontera de cristal

Fui víctima de una especie de broma de mal gusto. Hace unos días, caminaba por las calles de esta ciudad en que vivo y me percaté que en una vidriera de una tienda se ofrecían productos de aseo y alimentos. Un suceso llamativo en estos tiempos, debido a la fugaz existencia de estos bienes en el mercado.

Y rápidamente entré a “comprar”. Pero cinco palabras frenaron toda emoción de compra. “Esta tienda es en dólares,” me dijo la vendedora. Sentí un golpe hacia mi persona, el dinero que paga mi trabajo es papel higiénico aquí. Aún más triste es ver cómo los hijos cuando ven alguna golosina o alimento que les gusten, rápidamente les dicen a sus padres que les compre.

¡BENDITA INOCENCIA! El padre o la madre solo baja la cabeza y apura el paso… En solo seis décadas todo ha retrocedido en esta ciudad, convertida en una sombra de su planificado destino. Don Luis De Clouet se remuerde en sus cenizas.

La ciudad cansada se desvanece. Los habitantes vienen y van, sin voz, perdidos en esta Villa que pide a gritos un empujón, un simple gesto de amor hacia la Patria. 

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