Cienfuegos bajo la lluvia

Por Jetzabel

Calle de Cienfuegos, Cuba

HAVANA TIMES – Caminábamos mi actual pareja y yo por las calles aledañas al boulevard de Cienfuegos, buscando el necesario pan de cada día. Las tiendas estaban cerradas, algo que solo sucede en Cuba después de las 5 de la tarde. Comprobamos que no estaban haciendo el pan.

Hallé en los ojos de mi novio una inmensa nostalgia. Había ancianos y gente común, de pueblo (y los “coleros” habituales) sentados, marcando cola. Algunos dormitando sobre los bancos. Eran las 9 de la noche más menos. Doce horas para alcanzar el pollo.

Una noche como cualquier otra, densa y trillada. Mis sandalias eran las mismas con que voy a trabajar en la universidad. Qué triste-dijimos- y continuamos caminando… “quién tuviera un carro ahora mismo”, “pensar que somos médicos y mira lo que ganamos”, “cuándo podremos vivir juntos, en un departamento digamos, porque los alquileres echan por tierra toda cuenta”. Paciencia bebé – le decía a mi novio- lo mejor debe estar por venir…

La doble cara, la doble excusa…

Hasta cuándo… es la pregunta que me hice siempre. Es la tormenta y el debate interior, arremolinado, desde que tengo conciencia. Tanto duele ver esta Patria infértil, sumisa en llanto, que ni deseos de vivir…bah… Y qué pudiera decir de las tiendas abastecidas en dólares. Son como la doble cara del Gobierno cubano, la doble excusa, la doble mentira.

Hiere ver aquellos que si pueden comprar. Pero y…. ¿de dónde sacan tanto dinero? Cómo es posible dar cabida a la cara monetaria que nos colonizó y acabó con nuestra historia aborigen. Cómo se atreven a mirar la otra cara que según las máximas autoridades “nos bloquea”.

Asimismo, quisiera una respuesta lógica ante el bloqueo que me impone un vidrio. Coyuntura con estantes repletos de productos de aseo y desinfección, alimentos y hasta lujosos perfumes. Absurdo bloqueo. Entonces infiero que sí hay.

Como hay mentiras que se hilvanan. Como hay promesas salariales para los trabajadores del Estado que nada resolverán. Porque la aparente benevolencia socialista se empañará con los sobreprecios de los trabajadores del sector privatizado. Esos mismos que tributan irónicamente al Estado. El leitmotiv de nunca acabar…

Vamos en una sociedad inerte, paralizada por siglos. Vamos sin rumbo marítimo suspendidos sobre una tabla. Vamos con mascarillas antiCovid mirándonos a los ojos, sabiendo la verdad. Entonces, ¿hacia dónde vamos?

La lluvia, la tarde gris y provinciana, ahora mismo desarticula mi rostro. Mi rostro cadavérico y hambriento de justicia se asoma por la puerta de la calle, escrutando algún camino.

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