Chile/Protestas: La ignorancia y el cinismo

Cuando los neoliberales no distinguen entre una universidad y una fonda de barrio

Por Haroldo  Dilla Alfonso y Carlos Durán Migliardi*

Protesta estudiantil en Chile.

HAVANA TIMES — En días pasados el político cubano exiliado Carlos Alberto Montaner (CAM) publicó un artículo titulado La educación y el cinismo. El artículo intenta descalificar al movimiento estudiantil chileno y sus demandas en pro de la desmercantilización de la educación. Pero no discutiendo las coordenadas políticas del asunto -lo cual hubiera sido muy interesante-, sino desde una atalaya moral dogmáticamente neoliberal.

Por todo ello, CAM descalifica a los estudiantes –e imaginamos que también a la inmensa mayoría de la población chilena que les apoya- y les llama algo así como haraganes-aspirantes-a-que-alguien-pague-sus-estudios.

El neoliberalismo es una doctrina cuya puesta en práctica no solo ha causado muchos estragos sociales, frustraciones y miserias, sino que ha estado precedido por ellos. Sencillamente, porque sus postulados solo pueden practicarse desde la represión y la inacción social, de lo cual el régimen de Pinochet en Chile –con sus asesinatos, desapariciones y torturas- fue un ejemplo trágico.

Pero aún así, leer La Acción Humana o El camino a la Servidumbre es siempre un motivo de regocijo intelectual que sugiere que efectivamente hay cuotas de ideas atendibles en una propuesta teórica que coloca al mercado como principio ordenador de la sociedad. Pero como sucede en otros cuerpos teóricos, el argumento neoliberal se degrada cuando cae en manos de divulgadores menos ilustrados que los padres fundadores.

CAM es un ejemplo de esto último, a lo cual se suma su tendencia a opinar sobre lo que no conoce, desfigurar situaciones, ofender a sus adversarios y hacer de su ideología un credo fanático. Como ocurre ahora con los estudiantes chilenos, pero antes con la izquierda latinoamericana que posee brillantes representantes en el continente, y a los que en algún momento llamó –escoltados por otros dos “perfectos amigos”- “los perfectos idiotas”.

Un ejemplo de ello es su caracterización de las protestas estudiantiles chilenas como rosarios de actos vandálicos inspirados por minorías infiltradas, cuando en realidad, desde su estallido en 2011, fue un movimiento con niveles muy bajos de vandalismo, entre otras razones porque los propios estudiantes se encargaban de controlar situaciones indeseadas, sean éstas provenientes de los grupos extremistas que menciona CAM o de denunciados agentes infiltrados, dato este último que CAM no menciona.

En aras de la brevedad que siempre exige un artículo de esta naturaleza, procederemos a argumentar en torno a dos cuestiones claves del artículo: 1- el análisis del movimiento estudiantil y 2- el concepto de la educación.

Cuando CAM limita su explicación a que los estudiantes piden educación gratuita produce una desafortunada desfiguración del asunto. No porque los estudiantes no la pidan. La piden y aspiran a conseguir mejores posiciones económicas para estudiar, pero esto es, para decirlo de alguna manera, una posición icónica, pues los estudiantes saben que son una pieza en un tablero de negociación y que al final lo que están haciendo hace avanzar a la educación hacia la desmercantilización.

En eso coinciden con la inmensa mayoría de la sociedad y con sectores significativos de la clase política chilena. Y ello, al punto que nadie con aspiraciones de credibilidad en Chile estaría dispuesto a repetir las simplicidades que nos regala CAM. En cambio, muchas personas, entre quienes nos encontramos, creemos que la educación es un derecho social y su acceso universal en condiciones de gratuidad es una aspiración legítima y positiva.

La arremetida de los estudiantes no solo es contra una universidad muy cara, sino también contra un sistema que ha implicado transferencias masivas de fondos públicos al sector financiero privado y a las universidades de igual signo. Y, lo que CAM evidentemente desconoce, también contra un sistema tributario regresivo a escala planetaria que descansa sobre los sectores populares y medios.

Si este sistema tributario se hiciera más equitativo, y cargara más su peso sobre el 1% de la población que recibe el 30% del producto, entonces no fuera el pobre trabajador quién pagaría la mayor parte de la educación gratuita, sino que el puñado de potentados que habitan el sector oriente de la ciudad de Santiago.

En resumen, todo un ramillete de distorsiones neoliberales que el movimiento ciudadano y estudiantil ha colocado sobre la agenda pública, y que Michelle Bachelet, la más probable presidenta a partir del próximo año, se ha propuesto superar.

La otra cuestión tiene que ver con la manera como CAM valora el lucro en la Universidad. Obviamente no entraremos a comentar su comparación de los servicios educacionales con un Restaurant, lo que  se coloca –como decía Marx- por debajo de la crítica, y que asumimos más bien como una nota jocosa.

Tampoco comentamos su proclamación de La Academia platónica o del Liceo aristotélico como instituciones de lucro, pues ello solo indica que entre sus fuertes no está la cultura grecolatina, lo que no es importante para lo que discutimos.

Pero creemos que, definitivamente, CAM no entiende lo que significa lucro, ni una “institución sin fines de lucro” en términos legales, ni sabe diferenciar lo que es público de lo que es privado.

Veamos esto con más detalle. En Chile existen numerosas universidades, unas estatales y otras no. Para espanto de los neoliberales, las mejores y más exigentes son las estatales, y en particular la Universidad de Chile, tal y como en México es  la UNAM, en Puerto Rico la UPR, en Argentina la UBA y en Brasil la USP.

Pero también existen otras universidades no estatales, algunas de las cuales garantizan una alta calidad de la enseñanza, una proyección pública constante y que no tienen fines de lucro. Como son los casos conocidos de las universidades Católica, Alberto Hurtado, Diego Portales, etc. Muy pocas personas en Chile discuten la existencia de estas universidades ni de sus valores, aunque no sean estatales.

No lo discuten, además, porque no infringen la ley, pues CAM debe conocer que la ley chilena indica que las universidades –públicas y privadas- son “instituciones sin fines de lucro”. Y esto implica una cuestión bien simple: el excedente que generen estas instituciones no puede ser “retirado”, utilizado para otros fines que no sean los de la propia institución.

Lo que en primer plano se discute es la existencia de una miríada de universidades privadas que violan la ley y operan como empresas lucrativas, al mismo tiempo que se ubican en los peores rankings nacionales. Estas universidades ilegales no distinguen, como CAM, la diferencia nada sutil que existe entre una fonda de barrio y una universidad.

Pero los estudiantes no solo están hablando del sentido legal de la palabra “lucro”. No solo objetan que, por ejemplo, el dueño de una Universidad como la Universidad SEK compre publicidad en el estadio de un equipo de futbol del que al mismo tiempo es propietario, eludiendo la prohibición del lucro ya aludida.

Junto con ello, demandan la restitución de un sistema educativo, en todos sus niveles, en donde la competencia, el afán de ganancia y la desregulación salvaje del mercado no sean los principios bajo los cuales éste sea gobernado.

Aún cuando conmueve la preocupación de CAM por los “trabajadores de a pie” (no es un sentimiento común en los predios neoliberales) habría que anotar que para el caso que nos ocupa el acceso a la educación superior determina niveles de endeudamiento insostenibles para estos mismos trabajadores que, con la expectativa de un mejor futuro, envían a sus hijos a la universidad, hipotecando sus vidas y la de los futuros profesionales.

Cuando se debate si puede la educación gobernarse con las leyes del mercado, la experiencia chilena de más de 30 años ha mostrado claramente que no. Existe un mercado irracional, hiperextendido, excluyente, con niveles de aranceles irracionales, superiores al promedio de América Latina. Lo llamativo de las movilizaciones estudiantiles no son sus magnitudes, sino que no se hayan producido antes.

Es una pena que Carlos Alberto Montaner, un hombre talentoso y con buena pluma, no entienda que la educación, como la salud, es un derecho social, y no un servicio comercial. Lo que afortunadamente los chilenos y chilenas han aprendido, y por lo que están apostando. Justo lo que los estudiantes y la mayoría de la sociedad chilena han estado exigiendo en esas magníficas movilizaciones que reclaman un mundo mejor y posible en que la dignidad humana deje de ser pensada como un mezquino ejercicio de costos y beneficios.
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(*) Publicado originalmente en Cubaencuentro.com.


10 thoughts on “Chile/Protestas: La ignorancia y el cinismo

  • el 10 julio, 2013 a las 4:35 am
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    Cuando el autor dice al final del artículo que el señorito Montaner es talentoso se equivoca, ahora bien, cuando añade que tiene buena pluma, tiene razón, vamos, que de eso los de Cadiz sabemos mogollón. Este perico es un pájaro de mucho cuidado y si alguien se quiere imaginar algo más , tambien puede hacerlo. Se ha pasado la vida viviendo del negocio del anticastrismo y ahora se mete a criticar a los estudiantes chilenos, en un alarde callejero de neoliberalismo. Es decir , se mete, sin saber lo que dice o mejor sabiendo algo, pero metiéndose la pasta en la saca , porque le da igual que digan lo que digan de él siempre que cobre. ¿ Le pagarán los mismos de siempre o …?

  • el 9 julio, 2013 a las 10:32 pm
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    Quiero aclarar que coincido con Haroldo Dilla en la importancia de la educación gratis (incluida la universitaria) en la medida que sea posible (dependiendo del nivel de riqueza de cada país para lograr esto). Por lo demás creo validos la mayoría de los puntos de la respuesta a este a articulo de Carlos Alberto Montaner: http://www.diariodecuba.com/internacional/1373415502_4153.html

  • el 9 julio, 2013 a las 7:55 pm
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    Los neoliberales de algún modo engarzan con el sueño utópico de los socialistas estatalizantes, porque aunque afirman actuar según lo que dicta la práctica – o el “instinto de conservación” innato al ser humano -, terminan por convertir al mercado en un fetiche, tal como hacen los otros con el Estado como gestor absoluto. Es de agradecer que este artículo actué como una nada disimulada trompetilla a los impuslores del elefante en cristalería.

  • el 9 julio, 2013 a las 9:22 am
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    Las protestas estudiantiles son mil veces más intensas y extendidas con Piñeira respecto a como lo fueron con Bachellet. De eso no hay la menor duda. Supongo que será porque con Piñera esos reclamos es más fácil que sean atendidos que bajo un gobierno de izquierdas :)

    La izquierda chilena no ha hecho prácticamente nada para evitar que los estudios superiores sean un coto privado de las clases más pudientes. La prueba de ello está en la situación educativa chilena actual, que no es más que la herencia de lo que dejó la izquierda después de veinte años de gobierno. Piñeira se limitó a dejar la situación heredada como estaba.

    Con apenas un año de gobierno, los movimientos estudiantiles chilenos le exigieron a Piñera que hiciese lo que la izquierda chilena no hizo en veinte años de gobierno.

    El PCCh naturalmente que ha apoyado a los gobiernos de concertación. Sin ir más lejos, en las presidenciales del 2013 se ha unido al pacto Nueva Mayoría apoyando la candidatura de Michelle Bachelet, la misma que no hizo nada por que la educación chilena fuera gratuita cuando gobernó.

  • el 9 julio, 2013 a las 7:28 am
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    Las protestas estudiantiles chilenas comenzaron con Bachelet, los pingüinos, y Lagos intento cambios en cuanto al manejo de los créditos educativos. Finalmente no es cierto que el PCCh haya apoyado a los gobiernos de la concertación. he visto pocas veces tantas inexactitudes una detrás de otra.

  • el 9 julio, 2013 a las 3:01 am
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    Desde el 2010 gobierna en Chile la derecha dirigida por Sebastián Piñera. Por otra parte, desde que llegó la democracia a Chile después de Pinochet en 1990, gobernó la izquierda; concretamente durante 20 años desde 1990 hasta 2010. Durante esa época de gobierno de izquierda, con apoyo del Partido Comunista de Chile, gobernaron Patricio Aylwin, Eduardo Frei, Ricardo Lagos y Michelle Bachelet.

    En 20 años de gobierno de izquierda no se hizo absolutamente nada por lograr una educación superior gratuita en Chile … y los movimientos estudiantiles chilenos no protestaron nada. Sin embargo, en cuanto ganó la derecha las elecciones, de repente los movimientos estudiantiles chilenos despertaron del letargo y empezaron a reclamar educación superior gratuita. Y aprovechando la coyuntura, Michelle Bachelet se presenta como salvadora de la situación si sale elegida en las próximas elecciones, a pesar de que cuando ella gobernó no hizo nada por arreglar la situación.

    Las injusticias del sistema educativo chileno no nacieron con el gobierno de derechas de Piñera, sino que son la consecuencia de la inacción de veinte años de gobiernos de izquierda apoyados por el Partido Comunista de Chile.

  • el 8 julio, 2013 a las 10:17 pm
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    No se puede esperar otra cosa de alguien que niega el carácter social de la producción, la distribución, el intercambio y el consumo en la sociedad capitalista.

  • el 8 julio, 2013 a las 4:48 pm
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    La idea de la educación cómo derecho -universal, gratuita y pública- merece ser defendida de quienes desean convertirla en pura mercancía….por demás, hay que superar las visiones polarizadas, cómo la de una amiga que reaccionaba con recelo al texto de Dilla, recordando los problemas del modelo educativo cubano, ante lo cual prefería quedarse con el chileno…con lo cual, la idea sería no cuestionar los fundamentos de todos los modelos que ponen al desarrollo de la persona presa de intereses ajenos a la formación profesional/realización (sea la ideología de un estado o el lucro de una clase empresarial) sino, según la amiga, optar por el mal menor…y creo que los estudiantes chilenos tienen todo el derecho (y el mérito, por su persistencia) para disfrutar de una educación pública, de calidad, con autonomía, libertad de cátedra y con una diversidad de centros que compitan y se complementen…sin las onerosas transferencias de fondos públicos y los endeudamientos gravosos que enredan las finanzas de los recién graduados por años y años….así que felicidades al autor por este oportuno texto -que desde ya varios amigos chilenos han agradecido- porque nos recuerda que una postura progresista no sólo puede basarse en buenos deseos e intenciones, sino en evaluaciones sustanciosas del panorama existente y diagnósticos viables de sus soluciones

  • el 8 julio, 2013 a las 1:43 pm
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    Y que crees que Carlos Montaner no lo sabe bien. El es un lobo vestido de oveja. Critica enfermizamente todo lo que le huela a izquierda con su muela neoliberal. Menos mal que Yoanis Sánchez tiene en el a uno de sus mejores aliados y amigos. Dios los cria y el diablo los junta.

  • el 8 julio, 2013 a las 9:58 am
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    La educación superior debe ser libre de costo para el estudiante ya que la sociedad en su conjunto se habrá de beneficiar con el trabajo de este individuo. De ahí que la educación debe ser financiada por toda la sociedad y esto se puede lograr, por ejemplo, mediante una estructura impositiva que genere los fondos necesarios para mantener al sistema de educación superior. Es sano, también, que ese estudiante que se ha beneficiado de esa “gratuitidad”, y que eventualmente hará aportaciones al fisco al generar ingresos con su trabajo (en Cuba es la plusvalía del trabajador el que financia la educación; contrario al mito, ni el Estado ni la “Revolución” no producen plusvalía) también pueda contribuir con un período de servivios sociales al país que le ha financiado sus estudios

    Lo que cropuso CAM en su artículo parte de una visión extrema de lo que es una sociedad en la que impera un individualismo feroz. Sin negar la dimensión individual del ser humano hay que afirmar que vivimos en sociedad y de ahí el concepto de “bien común” del que tanto se habla y que los liberales que redactaron la constitución de Estados Unidos en 1787 incorporaron con el famoso “We the People”.

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