Ernesto Pérez Chang

Ernesto-Perez-Chang-cercas-1HAVANA TIMES — En la memoria no guardo recuerdos de lugares donde falten las cercas o los muros dividiendo los espacios. Cuando camino por la ciudad o cuando salgo de viaje de vacaciones con mi familia, incluso si me asomo al balcón, siempre hay tapias y lindes.

Aparecen en las fotos aunque uno las esquive buscando lo mejor del paisaje. Jamás resultan fotogénicas las demarcaciones pero sucede que, al haber tantas y por todos lados, nuestra vista termina integrándolas al paisaje como a las torres de electricidad, los cables del teléfono o los tanques de agua de los edificios.

Nuestras mejores lugares, en Cuba, han quedado repartidos en miles de pedazos, cada uno clasificado de acuerdo a la calidad de quienes los visitan. Las playas, por ejemplo. Las hay muy buenas, bien desoladas pero protegidas, solo para turistas de primera.

Otras suelen ser los mejores trozos de mar. Esos que muy pocos han visto porque están diseñados como si fuera otro planeta girando alrededor de un sol exclusivo. Nadie puede asomarse, y solo algunos saben el camino hasta allí porque están reservados para una casta infalible: militares de alto rango, dirigentes de primer nivel y gente de probada lealtad.

Ernesto-Pérez-Chang-Cercas-2Los ciudadanos comunes y los turistas de segunda tendremos que tomar el sol y bañarnos en los lugares que sobran, en esas “barrancas  de todos” donde ya la arena no es tan blanca ni suenan mucho mejor las olas.

Lugares como en los confines de Guanabo, al Este de La Habana, a donde los más humildes llegan apiñados en un tren herrumbroso. Todas las mañanas del verano una fila de vagones arroja multitudes de gente que busca un lugar donde pasar un rato con sus hijos.

Los mejores parajes de una playa en Cuba están prohibidos, resguardados por una cerca o simplemente por una garita donde alguien de uniforme te advierte que no puedes pasar. De un lado, tras las caletas o montes de pinos, se levantan refugios improvisados de lona y palos y la multitud nada y retoza con trajes de baño descoloridos, anticuados mientras algunos niños juegan sobre trozos de madera flotante.

Del lado opuesto, tumbados sobre camas a la orilla, bajo sombrillas de colores, se bebe cerveza de marca o se levantan casonas con puertas y ventanas de cristal desde la cual alguien toma fotos de sus vacaciones en el Caribe. Las señoras pasean sus perros de raza mientras los niños, doraditos, pedalean en las bicicletas acuáticas o pasean por la línea azul del horizonte en barcos de vela.

Ernesto-Perez-Chang-Cercas-3Del lado común, las familias se reúnen alrededor de los calderos de comida cocinada por la noche, bien tarde. Los hombres conversan sobre lo cotidiano y pegan el pico a las botellas de ron barato. La algarabía crece con las horas y los pregones de los cientos de vendedores de maní, frutas y chucherías no dejan escuchar el ruido del mar o la música suave que llega del otro lado. No hay espacio en la arena, todos se amontonan y el mar se torna turbio al atardecer.

Al interior de los muros resguardados abundan los bares de terrazas abiertas al océano y los restaurantes sirven cosas que ya pocos vemos en nuestras cocinas, comidas de las que nuestros paladares ya no tienen recuerdos.

Los rostros de los camareros sonríen al llevar los manjares hasta la orilla donde una pareja descansa y habla sobre el sol, la brisa y las bondades de una isla que, vista bien, no les parece tan mal como le han dicho.

En cualquier lugar del mundo sé que encontraré cercas y muros delimitando vidas. En todas las ciudades hay líneas divisorias entre un sitio y otro. Unos pueden entrar y otros no. Unos tienen, ganan, compran sus derechos y a otros se les escamotea. También sé que en cualquier ciudad habrá carteles con avisos de no traspasar porque son demarcaciones de lo particular, de lo privado. Pero no son esos lugares los que me preocupan porque nunca he permanecido en ellos mucho tiempo.

Ernesto-Perez-Chang-Cercas-4En el extranjero no me siento parte de nada. Son las cercas y muros en las playas y ciudades de Cuba donde más me molestan. Sobre todo cuando algún funcionario del gobierno esgrime como excusa que eso es normal, que así sucede en todo el mundo y luego te suelta la parrafada sobre los años de revolución y el fin de las desigualdades.

A veces pienso que los cerebros de esa gente que levanta cercas y muros en mi país están surcados por recias alambradas, por murallas de acero infranqueables con troneras defendidas por cañones y puentes levadizos que abren y cierran a conveniencia, según las circunstancias.

De un lado, ellos guardan las palabras que sirven para hablar del socialismo y de la libertad de ir de playa en playa y de ola en ola, en ese lugar abierto y democrático que es, en fin, el mar.

Del otro, en el lugar más oscuro de sus cabezas, están los rollos de cercas y los bultos de carteles que rezan: “No traspasar” o, sin miramientos, “en este lugar nos reservamos el derecho de admisión”.

Claro, nunca expresan los parámetros de clasificación porque no es necesario. Se sabe que siempre aluden a la calidad de los billetes, a la cantidad que uno guarde en el bolsillo, a los grados de fidelidad política o, simplemente, a una vocación irresistible por las demarcaciones.

2 thoughts on “Cercas, muros y otras demarcaciones

  • Escuche la anécdota de que uno de los hermanos de Fidel el mayor estaba muy molesto cuando el gobierno elitista de Fidel nacionalizó la finca de su propio padre. En aquellos tempranos años de la revolución tal parecía que se distribuirán estas propiedades entre los que menos tienen. Esa elite que tomó el poder y que a su vez fue descendiente de lo que fuera la crema de la crema de antes de la revolución.
    Este hermano terminó en un alto puesto a cargo de una finca mucho mejor que la de su padre. Lo mismo con cada uno de los familiares y amistades cercanas. Dicen las malas lenguas que el viejo Angel (Padre de Fidel) era muy emprendedor. Se levantaba de madrugada bien temprano a aumentar sus dominios moviendo los postes que limitaban su finca para hacerla más grande. Sus dos hijos Fidel y Raul le superaron un dia. Cuando vemos lo que han hecho ellos de Cuba como han mandado y dispuesto a su antojo de todo llegamos a la conclusión de que los hijos de Angel le superaron con creces,pues convirtieron a toda Cuba en su finca personal.

  • Un retrato claro de las clases sociales en Cuba y sus diferentes espacios de ocio. No pueden decir que esto lo inventó el imperialismo.

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