Carter: Ruta de Paz entre los EUA y Cuba

Por Alberto N. Jones

James Carter saluda al Cardenal Ortega durante su visita a Cuba. Foto: Jorge Luis Baños

HAVANA TIMES, 5 abril — Una vez más, el ex-presidente Jimmy Carter ha tratado de tallar una ruta de paz entre los Estados Unidos y Cuba, cuando retó a dogmas políticamente correctos, se expuso a la ira de los belicosos del mundo, por haber hecho lo que es moralmente justo, al decidir viajar a Cuba en busca de la paz, armonía y un mañana mejor para todos.

Solamente una persona con sus fuertes convicciones morales y religiosas, se hubiera sometido a una extenuante peregrinación en la cual se reunió durante horas con líderes religiosos, dirigentes del gobierno Cubano, periodistas y aquellos opuestos al gobierno Cubano, todo, a cambio de ningún beneficio personal.

Denigrado vergonzosamente durante su periodo presidencial, este hombre de paz, amor y esperanza, le ha demostrado al mundo su total compromiso con todos los empeños humanos, bien sea, aportando una cura a millones en África, afligidos por enfermedades transmisibles crónicas, la devolución del canal de Panamá a sus legítimos dueños, su intento por alcanzar la paz en el Medio Oriente, la construcción de viviendas para los desposeídos o simplemente a través de su postura humilde y el respeto por lo demás, nos ha enseñado como luchar por un mundo mejor.

Cuando se hizo público su segunda visita a Cuba, Carter, denunciado de forma estridente por grupos fundamentalista ultra-derechistas en los Estados Unidos y otros lugares, acusándolo de haber traicionado los valores democráticos de su país, de haberse sometido a tiranos y dictadores o por ser un tonto útil. Ninguna ofensa o amenaza fue suficiente para alejarlo de su deseo de reconstruir canales de comunicación o puentes de entendimiento entre los Estados y Cuba.

Aun cuando tres días de visita política es un tiempo efímero, sus acciones, expresiones de amor hacia el pueblo Cubano y el intercambio franco en público y en privado, ha podido sentar las bases para un intercambio respetuoso entre ambos gobiernos, en el cual, todos los asuntos pendientes pudieran discutirse entre iguales, de forma civilizada y respetuosa.

Durante los últimos cincuenta años, cada administración de los Estados Unidos se ha sentido obligada a tratar de arrodillar al pueblo Cubano, llevarlos a pedir perdón y revertir sus logros al siglo XIX, cuando la soberanía de Cuba estaba en manos de España o de los Estados Unidos.

Cuba resistió, sufrió y pagó un precio alto, pero fue consecuente con su historia y las enseñanzas de sus próceres. Hoy, somos mayores, maduros y ambos gobiernos reconocen que ciertos principios básicos no son negociables, tal cual ocurre con otros países, en el cual, una relación de iguales es la única opción.

Nada importa la opinión personal que pudiéramos tener del presidente Barack Obama, quien es de una extracción diferente, que posee una serie de vivencias distintas y presumiblemente posee una concepción distinta del mundo. Al contrario de su predecesor, él ha visto el hambre, enfermedad, desigualdades, injusticia y pérdida de fe. Pocas personas que han ocupado su puesto, están tan bien equipados para incorporar, asimilar y determinar, el mejor mecanismo para responder a esta debacle política.

Como la mayoría de los países del mundo, los Estados Unidos están atravesando una de sus peores crisis económicas, está envuelto en dos guerras heredadas de la administración anterior y otra recién iniciada por él. Los Estados Unidos sufren un grave desempleo, una enorme crisis de bienes raíces, una feroz división política, violencia social generalizada, masiva drogadicción, analfabetismo, el desmoronamiento penal y otros males sociales, lo cual ha hecho que su administración sea la más compleja en la historia reciente.

Cuba, por el otro lado, se encuentra a menos de 100 millas de las costas de los Estados Unidos. Su masa territorial y población son un 60 y 80% del estado de la Florida, pero a pesar de poseer mayores reservas naturales, biodiversidad y bellezas, su PNB es 25 veces menor.

Estos argumentos pragmáticos, aplastantes, demuestran categóricamente como este fatídico embargo ha servido para perjudicar a los pueblos a ambos lado del estrecho de la Florida.

La atinada visita del ex-presidente Carter a Cuba ha servido para resaltar lo que es posible lograr con paciencia, justicia, coraje y un deseo honesto de ayudar a ambas naciones a encontrar un medio común, donde podrían discutir y resolver sus diferencias a favor de sus pueblos.

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