Amores perros de La Habana (III)

Carlos Fraguela

HAVANA TIMES — Tengo una vecina muy aficionada a las películas de terror, las demás no le interesan. Ella está casada con un hombre que trabaja en la construcción y es el padre de sus dos hijas, una de tres y otra de siete años. Somos tan cercanos que los escándalos que ella les da a sus niñas se oyen en mi cuarto clarito, clarito.

Cuando tiene desacuerdos con su marido cualquier malacrianza de una de sus niñas puede desatar la tormenta más airada que se imagine, descargada al fin contra inocentes. Hasta hoy nunca he visto que les pegue, sin embargo este tipo de violencia también puede provocar problemas en la educación de las pequeñas.

El discurso a gritos más o menos dice lo siguiente: “yo que me mato trabajando diariamente para darles los gustos a ustedes y así es como me pagan: Dejando regados los juguetes, portándose mal, no queriéndose comer la comida, ensuciando la ropa, pues no va, cuando no se merezcan lo que les doy entonces las voy a castigar y hoy no hay jueguito con los amiguitos de al lado.”

“Si viene fulanito les voy a decir que están castigadas las dos, no hay salida para que aprendan a respetarme. Yo no sé. ¿Qué he hecho mal, trato de complacerlas y no hay modo de que se porten como es debido.”

Y el día que a una de las niñas se le ocurrió hablar de que había otro niñito que estaba muy lindo. Imagínense que por casualidad la madre estaba oyendo la frase y ahí se formó lo desagradable.

Ella cogió la palabra y van a saber lo que dijo: en esta casa no puede haber putas, porque si eso es ahora, cuando crezcan no van a poder aguantarse y no soporto a las mujeres putas,  total: ningún hombre sirve para nada, lo único que piensan es en pegar tarros. Deberían colgarlos a todos por los huevos.

¿Qué pasará por la mente de dos niñas cuando escuchan esas palabras de su madre?

Los niños son inteligentes y creativos, pero con semejante violencia difícilmente crecerán armónicamente, apoyadas por la confianza y la educación de su madre y su padre, en caso de que sigan viviendo juntos.

A veces viene de visita la abuela de las niñas y cuando empiezan los escándalos trata de interceder por sus nietas y aconsejándole a su hija que modere esa violencia, que ella no le enseño semejante forma de criar a unas niñas pequeñas.

Es cierto que la abuela es una mujer muy afable y encantadora, al menos conmigo es muy dulce y cariñosa. No parece haber sido quien crió a mi gritona prójima.

A veces converso con la abuela como nunca hago en mi cuadra con nadie. Me cuenta sus problemas de salud, que está con tratamiento por la hipertensión y que solamente el viaje para venir a ver a su descendencia ya la cansa mucho.

Aunque casi nunca tengo buena disposición para oír problemas, a veces me doy cuenta de que las personas necesitan a veces descargar todo lo que los agobia y entonces me presto sabiendo que ella luego se sentirá mejor. Sufre por no poder moderar la ira de su hija contra sus nietas y no entiende lo que ocurre.

Yo también he tenido que gritar y es que a veces no sé contenerme la violencia, a veces creo que es la réplica de la que recibí de pequeño y que generó esta tendencia que trato con todas mis fuerzas para que nunca salga, es lo peor de mí.

Por eso siempre me trato de comunicar con los niños con la palabra sincera, para que no sufran por mi lo que yo tuve que pasar. Los niños merecen un futuro mejor que lo que hemos tenido, es preciso enseñarlos a ser amorosos. Tratándolos como a nuestros iguales, sin creernos superiores.

Los niños pueden enseñarnos muchas cosas porque como dijo Martí, para mí el más grande de todos los cubanos: Los niños son los que saben querer y eso lo descubro en mis cuatro sobrinos. El mayor de todos muy influido por el espíritu infinito de mi padre, y los dos más pequeños que no sé cómo vivo sin verlos a diario, porque son un libro abierto esperando por mí a toda hora.

4 thoughts on “Amores perros de La Habana (III)

  • Luisita Perez
    En efecto nunca he hablado con esa vecina y no creo que tenga en algún momento la oportunidad de darle un consejo. La madre la aconseja y ella la manda a callar. A mi no creo que me oiga. Ojala pudiera yo ayudar, por ahora no.

  • Antes habia ” La Guantanamera por Joseito Fernandez, Ahora hay Los Amoresw Perros de La Habana
    por Carlos Fraguela.. A mi me gusta leerlo, perome gustaria que le aconsejara a la vecina, a ver si mejora ese comportamiento. Aunque como es tan chusma quizas le diga que a el no le importa, como ella trata a sus ninas

  • Este post en vez de amores perros debería llamarse chismes del barrio en la habana,! Tremendo chismoso q es fraguela!.Ssus cronicas no aportan nada, solo chismes, cuentos de cualquier lugar común de la habana. Parecee que como los habituales colaboradores de habanatimes, , están de vacaciones, o como dijo el editor, no tienen ordenadores disponibles,fraguela fue el escogido para rellenar espacio!

  • “Deberían colgarlos a todos por los huevos.” Buena idea de tu vecina, pero que empiecen por todos los del gobierno… aunque ya se ve que les faltan.

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