A un año del secuestro de Félix Maradiaga y Violeta Granera

Los presos políticos Félix Maradiaga y Violeta Granera. Foto: Confidencial

A Violeta y Félix los une una historia común: han vivido el exilio y sufrido en carne propia los embates del sandinismo

Por Josué Garay (Confidencial)

HAVANA TIMES – Mañana miércoles dos de las personas a las que más aprecio y respeto como verdaderos líderes de la oposición en Nicaragua están cumpliendo injusta e ilegalmente un año en las celdas de la dictadura: Félix Maradiaga y Violeta Granera, con quienes trabajé en el día a día y asesoré en comunicación, en medio de una etapa en la que ambos buscaban dar lo mejor para el país. El 8 de junio de 2021 que Félix y doña Violeta fueron secuestrados, también encarcelaron a Juan Sebastián Chamorro y José Adán Aguerri.

A Violeta y Félix los une una historia en común: han vivido el exilio y sufrido en carne propia los embates del sandinismo. El padre de doña Violeta, el senador Ramiro Granera, fue asesinado en 1978 por la guerrilla sandinista, un año antes de que tomaran el poder en Nicaragua en 1979. De ahí, ella y su familia huyeron al exilio por temor. Mientras que Maradiaga vivió un primer exilio forzado en los años 80, cuando el Frente Sandinista incluso confiscó el pequeño negocio de la familia de su mamá.

No es de extrañar que ambos se hayan vuelto incansables luchadores por los derechos humanos y la democracia en Nicaragua. Por mi cabeza nunca pasó que a pesar de ser tan joven trabajaría con ellos como jefe de prensa de la Unidad Nacional. Y luego, como jefe de prensa de la campaña presidencial de Félix, quien una mañana de inicios de septiembre de 2020 me llamó muy temprano para ofrecerme el cargo. Aun sabiendo los riesgos que conlleva “hacer” campaña en tiempos de dictadura, acepté.

Esos riesgos hoy me tienen largo de mi país, buscando cómo reconstruir una vida que me fue arrebatada por quienes con el peso de las armas y el autoritarismo se aferran al poder. Pero no me arrepiento, porque en medio de las adversidades estoy relativamente libre. Al contrario de Félix y Violeta. Al contrario de otros 22 colegas integrantes de la Unidad Nacional. Al contrario de más de 180 personas presas políticas. Me duele saberles encerrados, violentados y torturados entre cuatro paredes.

Hace unas semanas, en una de las contadas visitas que le han permitido a Félix, mandó a decir al equipo que leyéramos la “Carta desde la cárcel de Birmingham”, un documento escrito por Martin Luther King el 16 de abril de 1963. En dicha carta, Luther King señala la importancia de la lucha no violenta, de la lucha contra las injusticias y de no quedarse de brazos cruzados, porque “lo que afecta a uno directamente, afecta a todos indirectamente”.

Estoy claro que lo hizo para decirnos que no quebranta; que mantiene impávida su convicción de lucha; que no podemos perder el rumbo ante la incertidumbre; que desde nuestras trincheras sigamos haciendo lo posible por mantener viva la resistencia cívica. No podemos dejar que el régimen hunda más al país. Es evidente que la dictadura afecta a toda la ciudadanía, incluyendo a los mismos fanáticos sandinistas. Nicaragua entera hoy es una cárcel. Pero tal y como mencionábamos en la campaña: Nicaragua puede y merece más.

Félix tuvo la oportunidad de resguardarse en embajadas de países democráticos, tal y como lo hicieron en su momento algunos líderes opositores en Venezuela, para no ser encarcelado. Pero no lo hizo porque es consciente en que hay riesgos por los cuales vale la pena luchar y vivirlos, sobre todo cuando tu nación está “enfangada en la injusticia”, como lo señala el mismo Martin Luther King en su carta.

Maradiaga incluso tomó la decisión de volver de su segundo exilio, pese a que el régimen había puesto precio por su cabeza. Fue quizás una acción kamikaze, considerando el nivel de violencia con el que actúa Ortega, Murillo y sus fuerzas policiales y paramilitares. Pero lo hizo. Aunque tuvo que dejar atrás a su pequeña hija Alejandrita, su mamá doña Carmen y su esposa Berta. Puedo recordar cómo cambiaba la cara de Félix, de cansancio a felicidad y optimismo, cuando hablaba de su hija. No me imagino sus noches en la celda, sin la rutinaria llamada a su pequeña.

Violeta y Félix eran incansables. Trabajando hasta altas horas de la noche y madrugada. Recuerdo a Félix llamándome en la madrugada para que escuchara alguna propuesta nueva o modificación a su proyecto de nación, que sin duda era (y es) el más sólido para lograr la cohesión social que Nicaragua necesita. Recuerdo a Violeta mensajeándome a medianoche para decirme que si podíamos cambiar de horario alguna entrevista. A doña Violeta no le gustaba desatender a los medios.

Un compromiso con las víctimas

Félix se motivó a postular su candidatura porque estaba cansado de los abusos contra las personas más pobres y los sectores menos favorecidos de la sociedad. Él sabe que su Gobierno sería capaz de entender y dar respuesta a los problemas reales, impulsando un cambio político profundo, desarrollando un sistema educativo de calidad y promoviendo la participación ciudadana. Su propuesta de nación se basa en cinco puntos claves: 1) Prosperidad para todas las personas, 2) Paz con libertad, 3) Futuro con memoria, 4) Nueva ciudadanía y 5) Balance con la tierra.

Pero, ante todo, Félix tiene claro su compromiso con las víctimas. Y así lo señaló en su lanzamiento de campaña: “No vamos a permitir el olvido, no vamos a permitir la impunidad, no vamos a permitir acuerdos a espaldas del pueblo…asumimos el compromiso de justicia para quienes lo entregaron todo, con quienes fueron asesinados, con quienes fueron encerrados y torturados”.

Recuerdo en 2020 el primer viaje departamental con doña Violeta, fue a la zona norte de Nicaragua. En ese viaje también iba Suyén Barahona, quien hoy también está secuestrada por la dictadura. Doña Violeta siempre atenta a que fuésemos cómodos. Siempre respetuosa, amable y manteniendo la tranquilidad ante la impertinencia y el asedio policial. En ese viaje iba como niño escuchando sus anécdotas y vivencias, como cuando inició a encabezar marchas y campañas cívicas en contra de los fraudes electorales y a favor de la transparencia desde el Movimiento por Nicaragua, en 2007. Para ese año yo apenas iniciaba mi secundaria.

“¿Cómo no voy a admirarla, si desde siempre hace política desde una auténtica vocación democrática?”, pensé ese día.

Cómo olvidar el cariño especial con el que me trataba, con ese tono de mujer y madre luchadora. Cómo olvidar la atención con la que nos recibía en su casa y su constante búsqueda de acuerdos, para lograr consensos en las reuniones entre las diferentes organizaciones de la oposición. Estoy seguro que han querido quebrantarla en la cárcel, pero hay árboles centenarios que no se derriban con el soplar de débiles vendavales.

Entre las visitas departamentales, también recuerdo la de Chinandega. Ese día Félix, junto con un miembro del Consejo Político y el conductor pasaron a recogerme. Recuerdo que estaba cansado porque ese mismo día habíamos regresado de una visita departamental en Carazo. Cuando íbamos ya para Chinandega, nos paró la policía en Nagarote. Nos dijeron que nos regresáramos a Managua. Le dijimos que no podían obligarnos porque andábamos todo legal. Nos tuvieron como 30 minutos interrogando, requisando y amenazando.

Tras dejarnos ir, desplegaron a más de 160 antimotines, en más de 20 patrullas para seguirnos. Un despliegue que solo lo he visto cuando sale el dictador Ortega a la calle. Pero no dimos por vencida la misión. En la entrada al departamento de León, el comisionado Fidel Domínguez, conocido como el “sicario de León” y sancionado por Estados Unidos, lanzó una amenaza a Félix. Le dijo que había mucha gente en el departamento queriendo matarlo y él quería “cuidarlo”.

Félix ni se intimidó ni se inmutó ante Domínguez. Nos siguieron agentes de civil y antimotines. En el hotel donde nos hospedamos rápidamente fue rodeado por fanáticos sandinistas y policías. No pudimos dormir, pensando que podían entrar y matarnos o secuestrarnos. Ese día recuerdo que todos llamamos a nuestras madres, como despidiéndonos en caso de que ocurriera lo peor.

Al amanecer, Félix con la bondad que le caracteriza pidió al hotel que les mandaran desayuno a los agentes, quienes seguro tenían hambre y cansancio. Pero, aunque a los de menor rango se les notaban sus ganas de aceptar la comida, el jefe les ordenó no recibirlas. Adentro del hotel, nosotros comíamos mientras conversábamos con Félix sobre lo peligroso de la situación en la que nos encontrábamos. Viendo cómo poder llegar a la reunión a la que nos dirigíamos como delegación.

Mientras planeábamos cómo actuar y salir hacia la reunión planificada, Félix nos contaba los periplos que ha pasado desde la insurrección cívica y que bien podía estar con su familia, viviendo tranquilamente y no exponiendo su seguridad. Pero no podía quedarse en “otro país sentado y de brazos cruzados” mientras Nicaragua se sumía en un Estado autoritario, de violencia e injusticia.

Y es que “la injusticia cometida en cualquier lugar constituye una amenaza a la justicia en todas partes”, como escribe Luther King en la “Carta desde la cárcel de Birmingham”.

Esa vez en Chinandega temía por mi vida, pero al contrario mío, Félix en lugar de temer por su vida, temía no darle la oportunidad a Alejandra, su hija, de poder volver a un país libre.

Desde esa ocasión, Félix no tuvo más descanso y la Policía ubicó agentes fuera de su casa para vigilarlo y seguirlo hasta donde se moviera. Hasta que le impidieron salir de la casa, desde inicios de diciembre de 2020 hasta el 28 de febrero de 2021, fecha en que engañó a los agentes diciendo que iría al médico. Pero en un descuido dobló al Hotel Holliday Inn, donde teníamos todo preparado para hacer el lanzamiento de campaña.

Hay tanto que quiero contar, pero la extensión del artículo no me lo permite. Tantas vivencias, tantos recuerdos con personas que tienen un valor, un compromiso y un interés enorme por sacar adelante a Nicaragua. Un compromiso que Ortega y Murillo ni siquiera conocen. Pero la historia les hará pagar por todo el daño que nos han causado.


*Periodista y asesor en comunicación política

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