¿Es posible un consenso para los cubanos?

Por Amrit

Boca de Miel, una tarde de verano. Foto: Mitchell Livingstone

HAVANA TIMES, 6 sep — Se va un verano más, haciendo una marca invisible sobre ese círculo engañoso que tejen una y otra vez, las estaciones.  Se va un verano que deja su rastro de desperdicios en las playas, los bolsillos vacíos, el cansancio en los cuerpos, la incertidumbre en las miradas.

Recuerdo una perrita abandonada en la playa a la que no pude dar más que unas pocas caricias y un poco de agua.  Recuerdo las guaguas repletas, el calor infernal y las caras de la gente, tan serias, tan desoladas.  Recuerdo las lluvias que me produjeron una vez más esa alegría plena, pueril, mientras admiraba el agradecido verdor de los árboles y de la hierba a pesar de tanta basura esparcida en los céspedes, en los jardines…

Pero recuerdo, sobre todo, una tarde en que sentí que pese a tanta larga y rabiosa división de la que he sido una y otra vez testigo, los cubanos podemos llegar a un acuerdo.

Ocurrió una tarde cuando compartía con un grupo de amigos.  Como en una especie de espontáneo juego, intentamos construir la Cuba donde nos gustaría vivir.

Como éramos “adultos” con demasiadas referencias, (concepciones más que definidas, solidificadas), enseguida afloraron las suspicacias, aprensiones, discrepancias, ante la eterna dicotomía socialismo-capitalismo.

Pero a alguien se le ocurrió dejar a un lado esos términos, y sólo enumerar lo que nos interesaba y lo que no queríamos en esa Cuba del futuro.

El cambio fue casi instantáneo, como si en una habitación cerrada y con una atmósfera viciada se abriese una ventana y entrara de pronto una ráfaga de aire fresco…

Yo personalmente fui descubriendo los prejuicios que tenía contra algunos de los presentes, una resistencia que lentamente se disolvió.

Como niños que se asoman al futuro sin más armas que la buena voluntad y la experiencia propia, (no impuesta) de los errores, así, fuimos descubriendo que: ¡lo que nos une, es mucho más de lo que nos separa!

Viajamos hacia el consenso

El impacto de la experiencia directa es imprescindible.  Ningún razonamiento puede sustituirlo.  Ese día aprehendí que las interpretaciones que cada uno de nosotros hace de la realidad, por más diversas que sean, no nos separan en esencia.  Y me refiero no sólo a la esencia como seres conscientes (alma, logos, pensamiento) sino incluso como seres sociales.

¿Y cómo podría ser de otro modo? Hace unos días veía un documental sobre un monasterio en Tailandia donde sus monjes tradicionalmente adiestran y protegen a tigres.  Estimuladas por los sentimientos de compasión que irradian los monjes, en un ambiente de paz, de bondad, las fieras transmutan sus reacciones no sólo con las personas sino incluso entre ellas mismas.

Ver a estos enormes y bellos animales convivir pacíficamente con los humanos me hizo recordar esos cuadros que se describen en algunos libros sagrados (como el Adi Granth, el libro de los sikhs) cuando se dice que en un pasado que no ha sido registrado por la memoria humana ni el escrutinio científico, “el león y el cordero bebían juntos de un mismo arroyo…”

La larga experiencia de dolor de la humanidad niega con creces este sueño.  Y sin embargo, es el sustrato mismo de la búsqueda individual y colectiva, es la esperanza sobre la que se construyen ideologías y sistemas.

Cuando leo las palabras de una periodista acerca del reciente concierto de Pablo Milanés en Miami: “Tuvimos la sensación de asomarnos a ese futuro en que los cubanos podremos disfrutar de los íconos de nuestra cultura con absoluta normalidad, al margen de las diferencias políticas y la geografía donde viven.  Fue una hora y 35 minutos de comunicación entre las dos orillas, como si fueran una”, me acuerdo de una palabra que ha difundido el pensamiento new age, y que no ha sido lo suficientemente tomada en serio: “sinergia.”

Este vocablo, que proviene del griego, significa: 1. Acción coordinada de dos o más causas cuyo efecto es superior a la suma de los efectos individuales.  2. Funcionamiento conjunto de varios órganos para realizar una función fisiológica.

En otras fuentes se explica como la relación entre los elementos de la naturaleza que interactúan entre sí, mejorando el medio en que existen.  Su traducción literal sería “cooperación.”

Sí, convencernos de que Cuba es una sola no es tarea fácil, la discrepancia es un espejismo de seguridad tan fuerte como cualquier otra adicción.  Pero así como las montañas y los mares y las estrellas contemplan indiferentes los escándalos de la humanidad, que siempre pasan, así, por su propio peso, la vida se impondrá al final.

 

 

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