Otra cumbre descafeinada sin los presidentes de Cuba, Venezuela y Nicaragua

Por Ana Lázaro Verde (dpa)

La foto oficial de la Cumbre Iberoamericana.

HAVANA TIMES – La migración, uno de los retos que afronta Iberoamérica, centró la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno que finalizó el viernes en Antigua (Guatemala) y que dejó fuera grandes problemas como las crisis en Nicaragua y Venezuela.

Aunque el número de mandatarios participantes fue superior al de ediciones recientes, con 15 jefes de Estado y de Gobierno, la cancelación a última hora de la asistencia del presidente nicaragüense, Daniel Ortega, descafeinó un cónclave que había generado ciertas expectativas y que tampoco contó con el presidente venezolano Nicolás Maduro ni con el cubano Miguel Díaz-Canel.

El único líder bolivariano que estuvo en Antigua fue el boliviano Evo Morales, quien en su intervención pública evitó referirse a la situación en Nicaragua y Venezuela, que en los últimos meses suscitó la condena de la comunidad internacional.

Solo uno de los jefes de Estado y de Gobierno se refirió explícitamente a estas crisis ante el resto. El costarricense Carlos Alvarado se quedó solo al pedir que se haga uso de la diplomacia para tratar de darles una salida, lo que levantó tensiones con el país centroamericano.

Los mandatarios tampoco abordaron estos temas en el llamado “retiro” que les permite hablar en privado en estas citas sin orden del día ni tiempos marcados, según desveló el español Pedro Sánchez a su término en rueda de prensa.

La decisión de Ortega de cancelar su viaje a la ciudad guatemalteca de Antigua dos meses después de faltar a la Asamblea Nacional de la ONU, en Nueva York, aumenta el aislamiento de Nicaragua tras la represión policial de las protestas iniciadas en abril.

Ante una situación así, se esperaba que, de alguna forma, la comunidad iberoamericana se movilizara para buscar una salida al conflicto, que se cobró ya por lo menos 325 muertos, miles de heridos y hasta 600 detenidos según organizaciones nacionales e internacionales de derechos humanos.

Las cumbres iberoamericanas, que arrancaron en 1991, han ido perdiendo fuerza e interés con el paso de los años. Algunos expertos consideran que no aportan respuestas concretas a los grandes desafíos de la región, pero la edición de Antigua, con una participación importante y con problemas graves en la palestra, se había presentado como una oportunidad para romper este cliché.

Ante la evidencia de que finalmente no hubo posicionamientos sobre Nicaragua y Venezuela, la secretaria general iberoamericana, Rebeca Grynspan, defendió que lo importante es que “haya diálogo y discusión” entre quienes piensan de forma distinta.

“Cada país dijo lo que tenía que decir y respondió respecto a su propia situación, como debe ser en un foro multilateral”, dijo cuando la prensa le preguntó sobre el tema.

La cumbre sí abordó otros problemas como la crisis migratoria. La declaración final firmada por los mandatarios incluyó un comunicado especial que aboga por “una migración ordenada y regular”, rechaza cualquier muestra de racismo y xenofobia hacia los migrantes y pide abordar “de manera integral” el desafío.

En medio de la ola de feminismo que sacude medio mundo, con el movimiento “Me too” como referente, muchos de los mandatarios expresaron también la necesidad de garantizar la igualdad entre hombres y mujeres en la región, con un comunicado especial que insta a derogar o modificar las leyes que obstaculizan el empoderamiento económico de las mujeres.


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