El racismo aumenta y toma nuevas formas a nivel mundial

Yusimí Rodríguez

cerd-yusiHAVANA TIMES — En vez de disminuir, el racismo aumenta y toma nuevas formas a nivel mundial. Es una de las tristes conclusiones que deja la Consulta del Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial con la Sociedad Civil, realizada en la tarde del 23 de noviembre, en el Palacio de las Naciones, de Ginebra.

Como lo definiera la presidenta del Comité y moderadora de los dos paneles, Anastasia Crickley, fue un espacio para escuchar las voces de la sociedad civil. El primer panel, bajo el título Cuestiones claves y retos que enfrenta la sociedad civil en la lucha contra la discriminación racial en el mundo, estuvo integrado por Carlos Quesada, director ejecutivo del Instituto Internacional sobre Raza, Igualdad y Derechos Humanos, y Sarah Chandler, responsable de Defensa, Red Europea contra el Racismo (ENAR).

En el segundo, Experiencias de cooperación entre la sociedad civil y el CERD, e ideas para mejorar y reforzar la labor del Comité y su compromiso con la sociedad civil, estuvieron el Taisuke Komatsu, subsecretario general del Movimiento Internacional contra Todas las Formas de Discriminación y Racismo (IMADR), y Claire Thomas, directora adjunta del Grupo Internacional pro Derechos de Minorías (MRG).

Resulta desalentador que a 51 años de la creación de la Convención Internacional para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial, a 47 de su entrada en vigor, y en medio del Decenio de los Afro descendientes, se escucharan tantas denuncias de racismo en un evento como este: discriminación contra personas de origen africano en los países bajos; violencia policial y criminalización de personas negras en América Latina; falta de acceso a cargos públicos, aún en países donde la población negra es mayoría.

Cecilia Ramíres, directora del Centro para la Mujer Negra Peruana (CEDMNEP), declaró que la pobreza y la discriminación racial hoy tienen rostro de mujer. María María Bizenny Martínez, coordinadora del Departamento Legal, de República Dominicana, se refirió a la desnacionalización de dominicanos de origen haitiano, en 2013, dejados en situación de apátrida, asunto aún no resuelto. Como señalara Quesada, República Dominicana es el único país del hemisferio occidental, donde un grupo de afrodescendientes (haitianos o descendientes de haitianos) es discriminado por otros afrodescendientes (dominicanos no descendientes de haitianos).

Pero no solo las personas de origen africano enfrentan racismo: en Rusia, los romaníes son discriminados sin que el gobierno lo reconozca; grave resulta también el caso de los dalits en la India y Nepal; los palestinos se ven sometidos a un apartheid en los territorios ocupados por Israel.

El auge de la extrema derecha en Europa, y el incremento de discursos antisemitas e islamófobos, señalados por Sarah Chandler, y resultados electorales recientes, son grandes retos, entre otros mencionados, para la lucha contra la discriminación racial. También parecen dar la razón a Carlos Quesada cuando afirma: “La realidad del mundo hoy es la misma de 50 años atrás; solo que ahora es aceptable ser racista, homofóbico e intolerante a otras religiones, en público”.

La sociedad civil independiente cubana también estuvo representada por varios miembros de organizaciones. Juan Antonio Madrazo Luna, coordinador nacional del Comité Ciudadanos por la Integración Racial (CIR), denunció, como en otros espacios internacionales, la falta de voluntad política del gobierno cubano para llevar el tema del racismo en Cuba a debate público. “Aunque en los últimos tiempos el gobierno reconoce que hay racismo en el país, por la presión de la sociedad civil, no existe plan de acción ni se permiten campañas contra el racismo en los medios. En el nuevo contexto económico, los afrodescendientes están subrepresentados en el mercado estatal y el privado”. Madrazo Luna denunció, además, el acoso a los activistas y la arremetida de la Seguridad del Estado contra el Centro de Información Legal (Cubalex), dirigido por una mujer afrodescendiente.

La relación entre el CERD y la sociedad civil fue abordada por los panelistas y los representantes de organizaciones presentes en el evento, pero también en la interacción a través de las redes sociales, y en las respuestas enviadas previamente a preguntas formuladas por el CERD, semanas antes de esta Consulta.

Aunque muchos elogiaron la labor del CERD, hubo también muchas críticas por parte de la sociedad civil. Algunos tienen la percepción de ser invisibles para el Comité, debido a la influencia de Occidente, y cuestionan su imparcialidad. Una joven romaní que denunció la discriminación contra su pueblo, y teme represalias al regresar a Rusia, preguntó cómo el CERD verificaba la veracidad de los informes enviados por los estados. Taisuke Komatsu afirmó que falta información sobre cómo la sociedad civil puede interactuar con el CERD.

Quesada, cuya intervención fue bastante crítica, adelantó resultados de una investigación que presentará en marzo: muchas contrapartes del Instituto no conocen ni el CERD ni la Convención; existe poca relación entre este  y la sociedad civil; a los estados les importa menos el papel del CERD en el seguimiento de las observaciones que realiza.

Pero los representantes de la sociedad civil no se limitaron a hacer denuncias y críticas. También hubo propuestas, como la introducción del término “afro fobia”, para tipificar el odio hacia la persona de origen africano, y que va más allá del color de la piel. Aunque es algo que tanto el CERD como la sociedad civil tendrán que analizar, la experiencia demuestra que el uso de nuevos términos no ha conducido al avance en la eliminación del racismo.

Pastor Murillo, miembro del CERD, apuntó que a 15 años de la Conferencia de Durban, los compromisos adquiridos allí se han ido diluyendo.

Aunque el evento fue, en efecto, un espacio para escuchar las voces de la sociedad civil, y, de hecho, se asignó a los miembros del Comité la misma cantidad de tiempo que al público para intervenir, está probado que no basta contar con espacios para denunciar. Se requieren acciones más concretas y una presión eficaz sobre los países.

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