Bajo fuerte presión, Temer retira a los militares de Brasilia

Por Isaac Risco (dpa)

Militares diante do Palácio do Planalto. Foto: T. B

HAVANA TIMES – El presidente de Brasil, Michel Temer, cedió hoy ante las últimas críticas en la grave crisis política que vive el país y retiró a los militares que había ordenado desplegar un día antes en Brasilia para contener protestas violentas.

Después de haber sido duramente atacado por autorizar el uso de 1.500 soldados en las calles de la capital, Temer revocó la orden tras una reunión de urgencia en el Palacio de Planalto.

“Queda revocado el decreto del 24 de mayo de 2017 que autoriza el empleo de las Fuerzas Armadas para la garantía de la ley y el orden en el Distrito Federal (Brasilia)”, señaló el nuevo decreto firmado por Temer. El despliegue de las tropas estaba previsto inicialmente durante una semana hasta el 31 de mayo.

La medida había aumentado en las últimas horas la presión sobre Temer, que afronta pedidos de “impeachment” o dimisión tanto en las calles como en sectores políticos y económicos que antes le eran afines, debido a un reciente escándalo de corrupción en torno a él.

Debido a medida marcial, en la redes sociales brasileñas se dispararon las críticas contra el Gobierno de Temer, cuya legitimidad es cuestionada permanentemente desde que llegó al poder en 2016.

El opositor Partido de los Trabajadores (PT), de la destituida presidenta Dilma Rousseff, criticó la orden de sacar a los soldados como una actitud propia de un régimen autoritario.

La medida es “innecesaria y desmedida, y nos remite a retrocesos típicos de los años de plomo de la dictadura militar”, escribió el izquierdista PT en un duro comunicado.

El ministro de Defensa, Raul Jungmann, encargado de anunciar el primer decreto, compareció hoy otra vez para justificar la medida. Debido a los disturbios “era absolutamente necesario”, dijo Jungmann sobre el despliegue militar.

Temer decretó la medida el miércoles tras una grave escalada de violencia en Brasilia, donde manifestantes que exigían su renuncia prendieron fuego al Ministerio de Agricultura y vandalizaron varias otras sedes ministeriales y edificios gubernamentales.

La capital estuvo sumida durante horas en el caos, con barricadas ardiendo en las calles y la Policía enfrentándose a los manifestantes con gas lacrimógeno y balas de goma. Al menos 49 personas resultaron heridas. Según varios reportes, un agente disparó incluso con un arma de fuego contra uno de los manifestantes.

Según los últimos datos de las autoridades, unas 45.000 personas participaron en las protestas. Los movimientos sociales y sindicatos organizadores hablaron de hasta 200.000 personas.

La fuerte reacción del Gobierno también salpicó al Congreso, donde hubo tumultos e incluso empujones entre los parlamentarios, no muy lejos de donde ocurrían las protestas en las calles.

Después de que el Gobierno atribuyera la medida a una solicitud del presidente de la Cámara baja, Rodrigo Maia, éste especificó que él había pedido la intervención de la Fuerza Nacional, una tropa militar mixta usada a menudo para operaciones en las ciudades, y no al Ejército. Maia es un aliado de Temer.

“Hubo un malentendido”, aseguró el ministro Jungmann hoy exculpando al líder del Parlamento por la polémica medida.

La decisión de sacar a los militares agravó en las últimas horas la vorágine en torno a Temer, sumido desde la semana pasada en un aguda crisis institucional que amenaza con acabar con su Gobierno.

El Tribunal Supremo autorizó investigaciones contra Temer en base a una denuncia de corrupción presentada por el empresario Joesley Batista, que incluye una grabación de audio en la que el presidente parece avalar el pago de sobornos a políticos.

Temer se niega hasta ahora a dimitir. La crisis, sin embargo, tiene prácticamente paralizado a su Gobierno, que impulsa un complicado programa de reformas económicas.

Según medios brasileños, varios aliados de Temer ya se preparan para su posible salida. La opinión pública baraja abiertamente nombres para un posible sucesor, que tendría que ser elegido en el plazo de 30 días en una votación interna en el Legislativo.

Una opción que cobra cada vez más fuerza para solucionar la crisis es que el Tribunal Superior Electoral anule la fórmula que llevó a Temer al poder como vicepresidente de Rousseff en las elecciones de 2014, por acusaciones de que la campaña recibió financiación ilegal de la constructora Odebrecht.

La denuncia es antigua, pero un posible fallo contra Temer – y Rousseff – en el juicio previsto para el 6 de junio parece más viable tras el actual escándalo. En ese caso, Temer sería destituido.

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