Irlandeses que fueron a Nicaragua envían SOS

El pueblo nicaragüense sigue luchando por la democracia y la justicia, solo que esta vez contra un enemigo sorprendente.

Por Molly O’Duffy*

Brigada de Mujeres de Irlanda en 1993.

HAVANA TIMES – En la década de 1980, miles de irlandeses apoyaron a los sandinistas en Nicaragua, después de que derrocaron al dictador Anastasio Somoza.

Yo participé en las actividades de recaudación de fondos y en la campaña de sensibilización aquí en Irlanda, y en 1988 fui uno de los más de 150 irlandeses que viajaron a Nicaragua para apoyar a los sandinistas, como parte de las Brigadas Solidarias, a veces conocidas como brigadas de café.

Fuimos para dar una mano a los granjeros locales recogiendo café, así como ofrecer nuestra amistad y nuestro apoyo a la gente de la localidad.

En ese momento, los logros de la Revolución, principalmente la alfabetización universal, la reforma agraria y el amplio acceso a la educación y a la atención médica, habían mejorado en gran medida la vida de las personas más pobres de ese país.

Pero una guerra apoyada por los Estados Unidos de América contra el Gobierno sandinista había provocado que el servicio militar fuera obligatorio, lo cual era cada vez más impopular. Fui testigo de que muchos hombres reacios fueron conducidos al frente, algunos de los cuales regresaron mutilados o en ataúdes.

El bloqueo económico impuesto por los Estados Unidos causó escasez y dificultades y provocó recortes en los servicios esenciales. La gente estaba cansada.

Daniel Ortega fue un líder de esa Revolución y su presidente: hasta el día de hoy sigue estando al mando del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Pero esa organización ha cambiado más allá de lo que podríamos haber imaginado en la década de 1980.

La podredumbre comenzó en 1990, cuando las principales figuras del Partido saquearon los recursos estatales para obtener ganancias personales, antes de entregar el poder después de perder una elección.

Entonces, durante los años noventa, Ortega se movió para erradicar la democracia dentro del Partido y entró en pactos políticos con los partidos de derecha con el objetivo de obtener el poder.

Como resultado, muchos miembros abandonaron su organización, incluida la mayoría de los comandantes que habían ayudado a provocar la derrota de Somoza. Junto con el exvicepresidente sandinista establecieron una alternativa: el Movimiento para la Renovación Sandinista (MRS).

Control

Cuando Ortega recuperó la presidencia en el año 2007, una amiga mía que era miembro del MRS me dijo: “Él vendrá después por todos nosotros”. ¡Cuánta razón tenía ella!

Brigada irlandés de estudio en 1990. Nota del editor: El dueño/conductor de la camioneta roja, Lenín Díaz, fue asesinado durante una protesta en Matagalpa en agosto, 2018.

Ortega ha acumulado una enorme riqueza personal, basada en el control de la industria de la energía y las telecomunicaciones, así como en la privatización del apoyo ofrecido por Venezuela a ese país.

Él, al mismo tiempo, ha logrado controlar los cuatro pilares de la democracia: el poder judicial, el cual utiliza para castigar a los críticos; el de la comisión electoral, que ha usado para realizar elecciones fraudulentas; el parlamentario, que obedientemente aprueba leyes que promueven sus intereses y prohíbe a cualquier partido que pueda competir con su partido gobernante, el del Frente Sandinista de Liberación Nacional.

Ortega también controla el poder ejecutivo a través de su esposa, quien es la vicepresidenta y ha cambiado la Constitución para permitir su permanencia en el poder de manera indefinida.

El historial de derechos humanos de su gobierno ha sido muy pobre, ya que Amnistía Internacional ha documentado las pésimas condiciones carcelarias y los ataques a manifestantes pacíficos.

Un niño de 15 años que conozco fue torturado en prisión en el 2016.

Ortega cumplió todas las condiciones para obtener préstamos del Fondo Monetario Internacional (FMI). Forjó alianzas con grandes empresas y ha silenciado todas las voces que no están controladas por su Partido, con la excepción de algunos pequeños medios de comunicación que están bajo ataque constante.

Pero del mismo modo, ha llevado a cabo algunos programas sociales que se hicieron populares. Su control férreo del país también ha significado que los narcotraficantes y las pandillas, que han aterrorizado a la población de los países vecinos, no hayan logrado una fuerte presencia en Nicaragua.

Todos esos factores pueden ayudar a explicar por qué la población estuvo muy condescendiente cuando ocurrieron muchos flagrantes fraudes electorales, casos de corrupción, violencia por parte de la policía y el ejército y la propaganda sin fin del Gobierno.

Pero todo eso cambió cuando tuvieron lugar las protestas pacíficas a partir del 18 de abril de 2018.

Protestas pacíficas

La implementación de Ortega de una reforma al sistema de Seguridad Social, lo que fue recomendado por el FMI, sirvió como detonante de las protestas actuales, las cuales  fueron dirigidas por estudiantes universitarios.

Sin embargo, lo que llevó a una furia generalizada no fueron tanto los cambios propuestos, sino la sospecha de que un miembro de la familia Ortega había saqueado el fondo de la Seguridad Social.

Otros factores que contribuyeron fueron la inacción del Gobierno al enfrentar un incendio forestal masivo en una importante reserva ecológica, así como la amenaza de la vicepresidenta (la esposa de Ortega) de “regular” las redes sociales.

Molly O’Duffy hablando sobre the situatión en Nicaragua en el reciente evento “Festival en el Exilio” en Kinvara, Ireland.

Festival en el Exilio

El sábado 16 de febrero, en el pintoresco pueblo de Kinvara, en el oeste de Irlanda, 60 personas se congregaron en una pequeña sala para realizar el Festival de poesía de Granada en el exilio. Hubo poesía, canto, conversatorios sobre la crisis actual, en particular, la situación de los presos políticos y los exiliados.

Los que habían ido a Nicaragua en solidaridad con los sandinistas en los años ochenta y los que habían conocido a Ortega durante su visita a Irlanda en 1988, expresaron su repulsión ante la represión desatada por el Gobierno de Ortega-Murillo.

La reunión acordó la Declaración de Kinvara en la que se pide al Gobierno nicaragüense que libere a todos los presos políticos y renueve el diálogo nacional para que se pueda poner fin a la pesadilla actual de los derechos humanos en esa nación.

Las manifestaciones pacíficas del 18 de abril fueron baleadas por la policía.

Durante los primeros cinco días de protestas, 30 personas fueron asesinadas.

A partir de esos asesinatos, se formó una amplia coalición de oposición, compuesta por estudiantes, la sociedad civil, campesinos, el movimiento de mujeres y empleadores, que ahora exigen la salida definitiva de Ortega y de su Gobierno. A medida que se extendieron las protestas, el número de muertos también se ha incrementado. Las fuerzas respaldadas por el Gobierno han abierto fuego contra manifestantes pacíficos. 

La policía, respaldada por pandillas apoyadas por el Gobierno, recorre las calles por la noche, asesinando, hiriendo y secuestrando a personas que se cree están envueltos en las protestas.

La cifra de muertos ya es de cientos: los fallecidos son, en su mayoría, hombres jóvenes y estudiantes, pero también se incluyen mujeres, niños y bebés. Miles más han sido gravemente heridos.

También ha habido muchos arrestos, con 600 personas aún detenidas, mientras que otras 300 han sido acusadas de delitos graves, incluido el terrorismo. Muchos prisioneros liberados han sido torturados, y los “desaparecidos”, cuyos cuerpos han sido encontrados a un lado de la carretera, también muestran evidencia de tortura.

En los últimos meses, Ortega ha librado una guerra contra los medios de comunicación independientes, con muchos periodistas encarcelados o forzados al exilio.

Ortega ha sido criticado por organismos de derechos humanos, entre ellos Amnistía Internacional, la Organización de los Estados Americanos y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, el cual fue expulsado del país debido a sus hallazgos negativos contra el Gobierno.

El Consejo de Seguridad de la ONU y la Organización de los Estados Americanos han intentado interceder ante Ortega para detener la represión, pero ha sido en vano.

Presunta conspiración

El Gobierno alega que la rebelión es “un intento de golpe de estado”. Es producto, de diversas maneras, de una conspiración desde los Estados Unidos, de la Iglesia Católica, de las “fuerzas satánicas” o de los narcos y las pandillas, dicen.

Sin embargo, el jefe de la Corte Suprema, Rafael Solís, el hombre que anteriormente concebía todas las maniobras de Ortega para obtener el control completo del país, en enero pasado renunció a su cargo y a la membrecía del Partido.

Solís dijo que no existe ningún intento de golpe de estado y que los presos políticos son manifestantes inocentes y pacíficos. Dijo que las largas sentencias por terrorismo que se les están imputando a los manifestantes han sido dictadas por el propio Ortega.

La realidad es que el 80 por ciento de la población ahora se opone a Ortega, es decir, según una encuesta reciente realizada por la organización de Transparencia y Ética.

Ha habido peticiones de moderación por parte de la comunidad internacional y de muchas figuras de izquierdas internacionales, incluyendo a Noam Chomsky.

Un enemigo sorprendente

Se estima que el aparato de Ortega está formado por aproximadamente mil personas, muchas de ellas con tanta corrupción y violencia a su nombre que lucharán hasta el final para proteger al régimen.

Esto no es una guerra, sino una masacre de un régimen criminal contra una población desarmada que desea tener una opinión sobre cómo se maneja su país.

El Festival en el Exilio tuvo lugar el sábado 16 de febrero, 2019 en Kinvara, Irlanda.

La Organización de las Naciones Unidas estima que hasta 50 mil personas se han exiliado en la vecina Costa Rica, entre ellos Carlos Mejía Godoy, el trovador cuyas canciones emblemáticas acompañaron la lucha contra Somoza, y todo el personal de la Asociación de Derechos Humanos de Nicaragua, todos amenazados de muerte por defender a los desarmados manifestantes.

Otros, muy en especial los campesinos (pequeños agricultores), jóvenes y estudiantes, se esconden del Estado en casas seguras o en la selva. Muchos de los que han sufrido la violencia eran simpatizantes de Ortega antes de los acontecimientos del 18 de abril de 2018.

El mensaje para los irlandeses que apoyaron a los nicaragüenses en la década de 1980 en su lucha por la justicia social y se identificaron con la causa sandinista, es que la mayoría de los sandinistas en este momento apoyan el movimiento de protesta, no el Gobierno de Ortega.
Se estima que el 70 por ciento de los presos políticos tienen orígenes sandinistas.

Mis amigos nicaragüenses tienen miedo de salir de sus casas. La generación que luchó junto a Ortega contra Somoza se siente culpable por haber sido burlada por él, lo que ha resultado en mucho sufrimiento para sus hijos.

El pueblo nicaragüense sigue luchando por la democracia y la justicia, solo que esta vez contra un enemigo sorprendente.

Ellos merecen nuestra solidaridad ahora, justo como lo necesitaron en el pasado.
——
*Molly O’Duffy es un antiguo miembro de la Brigada de Solidaridad y miembro actual del Centro de Solidaridad de América Latina con sede en Dublín.

Este artículo fue publicado orginalmente en inglés por The Journal de Irlanda.

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