Uruguay enfrenta amenazas climatológicos

Por Silvana Silveira

Uruguay en rojo

HAVANA TIMES, 6 julio (IPS) —- Las enfermedades cardiorrespiratorias y de transmisión hídrica crecen de la mano del cambio climático en Uruguay, mientras el dengue y el paludismo acechan en la frontera.  El aumento de la temperatura ambiental propicia la presencia de vectores de males erradicados hace décadas, advierten especialistas.

Los eventos meteorológicos extremos cada vez más recurrentes que afectan al país impactan especialmente en la salud de los sectores de menos recursos, hacinados en viviendas precarias y carentes de saneamiento, como sucede en los asentamientos irregulares que han crecido de modo exponencial desde los años 90 en Montevideo y su zona metropolitana, muchos ubicados en tierras bajas expuestas a las inundaciones.

Diarrea, brotes de hepatitis A y leptospirosis son algunas de las dolencias que más comúnmente aparecen a raíz de la crecida de las aguas y el mal manejo de las excretas, explicó a IPS la directora de la División Salud Ambiental y Ocupacional del Ministerio de Salud Pública, Carmen Ciganda.

“No son enfermedades producidas específicamente por el cambio climático, pero se ven asociadas e incrementadas a raíz de inundaciones o sequías”, añadió. Las patologías respiratorias atendidas en el hospital Pereira Rossell, el principal centro de salud infantil del país, pasaron de 17,7 por ciento del total en 2003 a 23,3 por ciento en 2007 y los casos de
leptospirosis pasaron de 64 a 106 sólo de 2006 a 2007.

Pero Ciganda pone el alerta en las amenazas que hasta ahora se han podido retener en las fronteras.  “Si nuestro clima se tropicaliza tendremos un escenario más favorable para la presencia de vectores que transmiten enfermedades como el dengue, la fiebre amarilla y la malaria o paludismo”, vaticinó.

La temperatura promedio anual de Uruguay creció 0,8 grados en los últimos 100 años y la media actual es mayor en primavera y verano de lo que era a comienzos del siglo XX, mientras que las precipitaciones incrementaron su magnitud y frecuencia en los 50 años precedentes.

Ante un escenario de esas características, los más vulnerables son los habitantes de barrios precarios, con deficiencias de servicios o que carecen de red sanitaria, y los niños, niñas y ancianos, que requieren cuidados de terceros. También quienes residen en la franja costera o en zonas inundables.

Unos 300.000 uruguayos viven en los 566 asentamientos existentes, 37 por ciento de los cuales se formaron en la década del 90, según estudios publicados el año pasado.  El 75 por ciento de esos barrios están en la periferia de Montevideo y el vecino departamento de Canelones, dos de los 19 departamentos en que se divide este país con 3,3 millones de habitantes.

Muralla Resistente

Uruguay es el único país de América Latina en donde no se registran actualmente casos de dengue autóctonos, pese a que la epidemia se expande por los vecinos Argentina, Brasil y Paraguay.  Los que han aparecido son aislados e importados por personas que han estado en zonas donde la enfermedad es endémica.

Tampoco hay casos de paludismo ni de la temible fiebre amarilla que asoló a Montevideo en 1857 y que en 1870 diezmó a la población de la vecina Buenos Aires.

Sin embargo, el estatal Sistema de Vigilancia Entomológica detectó en 1997 la reaparición del mosquito Aedes aegypti, vector del dengue y la fiebre amarilla, que había sido eliminado en 1958.

“Hemos constatado desde 2007 la presencia del mosquito en la capital.  Los veranillos y el hecho de que los fríos invernales comenzaron sólo a fines de mayo hacen que los mosquitos no lleguen al estado de letargo propio del frío y se reproduzcan por mayor tiempo”, precisó a IPS el coordinador del Comité Departamental de Emergencia de Montevideo, Daniel Soria.

Agregó que las fuertes y repetidas lluvias, producto de la variabilidad climática, complican aún más los planes de lucha contra el ingreso al país del dengue y otras enfermedades.

“Cuando caen 50 o 60 milímetros de agua en menos de media hora colapsa el sistema de saneamiento montevideano y los habitantes de los asentamientos son quienes más lo sufren”, indicó.  El desborde de los arroyos Miguelete, Pantanoso y Carrasco, los principales que cruzan la ciudad, producen grandes arrastres y eso hace que tengamos evacuados constantemente”, detalló.

En Uruguay, casi 60.000 personas fueron evacuadas y se calcula que más de medio millón fueron afectadas de distintas formas de 1997 a 2008 a raíz de las inundaciones causadas por el aumento de las lluvias en 30 por ciento, previéndose que este fenómeno se acentúe en el futuro, según informes oficiales.

La última gran inundación, comparada sólo con la mayor del siglo XX registrada en 1959, ocurrió en mayo de 2007 y se debió a un récord de lluvias caídas superiores a 400 por ciento del promedio en esa época del año.

Como principal línea de acción se creó el Sistema Nacional de Respuesta al Cambio Climático, integrado por varios ministerios.

En invierno funcionan centros centinelas en dos hospitales de Montevideo, donde viven 40 por ciento de los uruguayos, que, entre otras cosas, hacen un seguimiento de la hipotermina en pacientes y estudian la prevalecía de casos de neumonía y enfermedades pulmonares crónicas.

También se repite esa tarea especialmente “en los noroccidentales departamento de Artigas, Salto y Paysandú, donde se registran las más altas temperaturas y hay mayor vulnerabilidad debido a estar en la frontera con Argentina y Brasil”, explicó Ciganda, quien agregó que también se trabaja junto a los gobiernos vecinos.

“Fortalecer la vigilancia de determinadas enfermedades, crear planes de vigilancia entomológica, instalar puestos centinela, monitorear los vectores, capacitar y sensibilizar a los profesionales médicos de la salud son algunas de las líneas de acción planteadas a nivel regional”, informó.

Estas y otras acciones del sistema de salud ha permitido que no se hayan detectado en Durazno “brotes epidémicos o enfermedades prevalentes más allá de las comunes de la época, como infecciones respiratorias”, según María Bocchiardo, coordinadora de la red de Administración de Servicios de Salud del Estado en este departamento.

En este distrito del centro del país, uno de los más afectados por las inundaciones y donde aún hay personas evacuadas, no hubo un aumento de los casos, ni una gravedad diferente o aumentada por la crecida de las aguas registrada en 2009 gracias a las medidas preventivas adoptadas, indicó la médica.

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