Turismo indígena necesita venderse mejor

Por Emilio Godoy

HAVANA TIMES, 27 oct. (IPS) — Dedicadas a promover la cultura de los pueblos originarios y el desarrollo sustentable, empresas turísticas indígenas enfrentan múltiples barreras, especialmente en el campo del comercio de servicios.

“Hemos perfeccionado el diseño de los circuitos regionales y capacitado a la gente que trabaja en las empresas turísticas, pero no hemos diseñado adecuadamente una estrategia de comercialización, para demostrar la diferenciación frente a otros destinos”, dijo a IPS Antonio Medina, de la Red Indígena de Turismo de México (RITA).

Fundada en 2002 por 32 socios, RITA agrupa a 160 empresas indígenas, con 5.000 miembros y 20.000 beneficiarios en 15 de los 32 estados mexicanos.

De los 108 millones de habitantes de este país latinoamericano, casi 12 millones son indígenas, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía.

Los emprendimientos “buscan unir esfuerzos para comercialización, capacitación y aplicación de estrategias para venta de paquetes. En comercialización, les ha ido más o menos”, sostuvo Iris Vargas, de la Red de Ecoturismo Comunitario de Michoacán, Ecomich, que abarca a 12 empresas de ese estado del centro-oeste.

Para publicitar sus actividades, RITA organiza entre este jueves y el sábado la Segunda Feria de Turismo Indígena en Puebla, 123 kilómetros al sur de Ciudad de México, donde se hablará de desarrollo con identidad, venta de destinos turísticos y acceso al financiamiento.

“Una de las grandes debilidades de las empresas turísticas comunitarias es la  comercialización y el mercadeo de sus productos o servicios”, dijo a IPS Álex Villca, de la Red Boliviana de Turismo Solidario Comunitario (Tusoco).

“La capacitación y la formación de los recursos humanos es incipiente, lo cual disminuye cualquier posibilidad de éxito”, acotó.

Surgida en 2006, esta Red, invitada a la feria de turismo mexicana, reúne al menos a 18 agrupaciones.

Se estima que en México hay 1,2 millones de micro y pequeñas empresas asentadas en territorios indígenas, con un promedio de 25 trabajadores cada una.

Estas firmas se dedican a actividades que van desde ecoturismo hasta extracción de minerales, pero no hay cifras de su aporte a la economía.

En Bolivia existen 89 iniciativas de turismo comunitario, según el Viceministro de la Industria del Turismo, pero sólo cinco por ciento de ellas se sostienen por sí mismas.

Las empresas indígenas “necesitan formular buenos productos turísticos, estructurados de manera tal que sean sostenibles, incluyentes e integrales”, dijo a IPS la consultora mexicana Olivia Bringas.

Entre 2007 y 2009, un grupo de 32 empresas adscritas a RITA desarrollaron un proyecto por 300.000 euros (415.800 dólares), financiado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, para fortalecer la elaboración de diagnósticos y planes de negocios, y mejorar la capacitación, infraestructura y difusión.

En diciembre concluirá otro proyecto por 100.000 dólares costeado desde el año pasado por el Fondo Multilateral de Inversiones, administrado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), y dirigido a la construcción de una radiografía sobre la Red.

Este año RITA también ha recibido apoyo del Programa de Turismo Alternativo en Zonas Indígenas, de la estatal Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, para capacitación en derechos de los grupos aborígenes.

En 2006 la Secretaría (ministerio) de Turismo dictó la norma 133, sobre requisitos y especificaciones de sustentabilidad del ecoturismo.

Desde esa fecha unos 60 circuitos turísticos han sido certificados bajo esa disposición oficial. Pero los empresarios indígenas exigen cambios a la norma, para que contenga aplicaciones específicas para sus proyectos.

Queremos “directrices que se deban acatar para realizar la actividad en nuestros territorios, respetuosas de nuestras formas de organizarnos, para los centros ceremoniales, el manejo del agua y de los residuos”, explicó Medina, organizador de la feria turística.

Una herramienta que incidiría en la comercialización de las rutas turísticas indígenas es la certificación de las empresas. En 2003 arrancó la Red de Certificación en Turismo Sostenible de las Américas, integrada por 130 organismos gubernamentales y privados de 23 países del continente.

En Bolivia, el gobierno municipal de la norteña localidad de Rurrenabaque y el Servicio Alemán de Cooperación Social-Técnica (DED, por sus siglas en alemán) certificaron en 2007 el llamado Destino Rurrenabaque, que incluye a seis municipios de los departamentos de La Paz y Beni.

En ese país andino está en fase de diseño hasta 2011 el Programa Nacional de Turismo Comunitario, financiado con 20 millones de dólares por el BID. Aún “existe un vacío desde el sector público al fomento y apoyo a este tipo de iniciativas económicas”, señaló Villca.

“La comercialización de un solo destino es un poco difícil y más costosa. Pero si se promueven de manera conjunta, se pueden estructurar acuerdos y rutas conjuntas”, propuso Vargas.

Para Bringas, las empresas indígenas no deben competir con los operadores de turismo convencional. “Van dirigidos a distintos segmentos de mercado. Ante los procesos globalizantes, la mejor forma de diferenciarse es recurriendo a reafirmar su cultura e identidad colectiva”, sugirió.

En marzo de 2011 se desarrollará el Primer Encuentro de Turismo Indígena de las Américas, en la austral localidad de San Martín de los Andes, en la Patagonia argentina.


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